miércoles, 13 de junio de 2018

Resumen de Obra Literaria "La Barraca"


Por Esteban Balmore Cruz

 
En esta interesante novela de Vicente Blasco Ibáñes se presentan con bastante precisión las duras condiciones de vida de la población campesina y agrícola de los alrededores de la ciudad española de Valencia, en contraste con la de los terratenientes. Se describe igualmente el hermoso paisaje rural valenciano. Destaca la  descripción de la huerta valenciana de finales del siglo XIX, con todo lo bueno y todo lo malo, y esas personas capaces de las peores vilezas y al mismo tiempo de la mayor lealtad y generosidad por con los suyos, atrapados todavía en el pasado y sin experimentar los avances del mundo moderno.

Tipo de Obra: Novela.
Autor: Vicente Blasco Ibáñez.
Género: Realismo regional.
Ubicación: Zona rural en las cercanías de Valencia, España, en el siglo XIX.
Primera Publicación: 1898.
Personajes Principales:
El tío Barret, agricultor arrendatario.
Batiste Borrull, un agricultor arrendatario que intenta infatigablemente prosperar en un ambiente muy adverso.
Roseta, hija de Batiste, muchacha tímida y noble, enamorada de Tonet.
Pascualet, el hijo menor de Batiste, un niño bien portado.
Pimentó, el matón del distrito, líder de los hortelanos y principal enemigo de Batiste y su familia.
Personajes Secundarios:
Pepeta, una mujer corajuda y de temple, ejemplar, esposa de Pimentó, que sabe administrar su casa y aguantar a un marido pendenciero y borracho, es una mujer comprensiva pero con coraje.
Don Joaquín, profesor de la escuela a la cual asistían los hijos de Batiste. Es un hombre  respetado y sabio.
Tomba, un ciego que estuvo en la guerra y tiene un cierto toque de adivino, es un hombre sabio y con experiencia en la vida.


Resumen

Batiste Borrull se traslada con su familia a un distrito cercano a la ciudad de Valencia, para trabajar una propiedad agrícola que ha estado abandonada por más de diez años. Ninguno de los miembros de la familia Borrull sabía que otros agricultores en el distrito habían jurado que los propietarios de la granja nunca habrían de obtener ninguna ganancia de sus fértiles tierras. Cuando Batiste y su familia llegaron a hacerse cargo de la propiedad en calidad de arrendatarios, solamente sabían que las miradas antipáticas y la falta de saludos cordiales, significaba que no eran bienvenidos por sus vecinos.

El arrendatario anterior de la finca había sido un hombre muy manso y ya viejo de nombre Barret, un agricultor que haría cualquier cosa por mantener la tierra, la cual significaba más para él que su propia familia, ya que había sido trabajada por sus ancestros durante varias generaciones. El propietario de la hacienda, don Salvador, vivía en la cercana ciudad de Valencia, y tomó ventaja de la mansedumbre y el amor por la tierra que profesaba Barret para aumentar la renta año tras año, a sabiendas de que el viejo arrendatario siempre encontraría alguna forma de conseguir el dinero. Cargándole un interés elevado, don Salvador llegó incluso a prestarle dinero a Barret para que comprara un caballo, cuando el que tenía anteriormente se murió por exceso de trabajo. A la larga, el costo del alquiler de los fértiles acres de sobrepasaba el ingreso obtenido de las cosechas, y Barret y su familia procedieron a vender sus prendas más valiosas y a agotar sus ahorros para pagar el alquiler, pero esto solamente pospuso su ruina que era del todo inevitable. Finalmente, llegó el día en que no pudieron continuar pagando el alquiler de la propiedad.

Barret fue forzosamente desalojado de la granja por agentes de la ley, y el viejo agricultor esa noche, enloquecido, ingresó a rastras en el cañaveral. Al siguiente día encontró a don Salvador caminando solo por el camino y lo mató con su guadaña, y luego procedió a destruir todos los cultivos, de modo que los herederos del propietario no pudieran beneficiarse de su trabajo. Barret fue apresado por este delito y sus hijas terminaron prostituyéndose en Valencia. Fue entonces que los vecinos del distrito hicieron un voto en conjunto de que no permitirían a nadie trabajar la granja y hacerla rentable a los herederos del desdeñado don Salvador. Y por cierto que varias personas antes de Batiste habían venido para hacerse cargo del lugar, pero los demás agricultores habían logrado que cada recién llegado se retirara bien pronto.

Cuando Batiste y su familia llegaron inicialmente a la huerta, se quedaron allí y se dedicaron a trabajar como hormigas por muchos días; y mientras estaban en sus tierras, nadie se atrevía a molestarlos, ni siquiera Pimentó, el matón del vecindario, porque el sitio era considerado sagrado por los campesinos; además de que Batiste era bastante fornido. Cuando él y su familia hubieron terminado sus labores iniciales, la vivienda fue reparada y la mitad de la tierra estaba siendo cultivada. Una vez más el lugar aparecía próspero, aún más que los campos en derredor, y al prejuicio inicial de los vecinos se agregó la envidia.

La hija de Batiste, Roseta, fue a trabajar a la fábrica de seda en Valencia, viajando a diario y regresando a casa por la noche. Varias de las jóvenes del distrito trabajaban en el mismo lugar, y ella pudo darse cuenta bien pronto de que su compañía no era bienvenida del mismo modo que su familia entera no era bienvenida en el distrito. De igual manera, los tres pequeños varones de Batiste eran rechazados en la escuela por sus compañeros, quienes los vapuleaban a la menor oportunidad, aunque los muchachuelos no provocaban ni ofendían a nadie.

La ruina estuvo a punto de golpear a la familia cuando Batiste fue acusado falsamente ante el Tribunal de las Aguas de usar el líquido del estanque de irrigación cuando no era su turno. Por esa inexistente ofensa fue multado desconsideradamente, y le fue prohibido por las autoridades hacer uso del agua por algún tiempo. El promotor de la acusación fue Pimentó, el matón de los alrededores; pero Batiste se esforzó para evitar la ruina de sus cosechas y su familia. Al anochecer del día de la prohibición, Batiste cogió su escopeta y se dirigió al estanque, y abriendo las compuertas de éste, cogió toda el agua que sus tierras necesitaban. Su semblante se miraba tan fiero y resuelto que ninguno se atrevió a incomodarlo ni a denunciarlo ante las autoridades.

Aunque víctima de humillaciones por pequeñeces y objeto de insultos a cualquier oportunidad, la familia prosperaba, e incluso a veces consideraban que estaban equivocadamente que estaban comenzando a causar una buena impresión en el resto de agricultores que los odiaban. Pero un día, uno de los escolares golpeó al menor de los hijos de Batiste y lo tiró a una zanja llena de agua. El niño, de nombre Pascualet, y que era de un carácter inofensivo y actitud callada, murió después de una prolongada enfermedad producto del incidente. El distrito entero se compadeció de la familia y todos asistieron al entierro del niño muerto, los vecinos sintiendo que de alguna manera eran culpables de su fallecimiento, aunque días antes algunos hortelanos habían herido el caballo de batiste mientras pastaba en el campo.

Durante varias semanas después de la muerte del Pascualet y su entierro, la familia Borrull parecía caber en la comunidad; todos, incluido el matón Pimentó, se mostraban amables. La cosecha estaba lista, y los acres de tierra de cultivo de Batiste, le habían producido una excelente cosecha en recompensa al trabajo y al amor que les había dedicado. El granero estaba lleno de trigo y había vegetales suficientes para sostener a la familia durante varios meses. Pero durante los subsecuentes días del festival, las personas envidiosas por la magnífica cosecha de la familia Borrull, se volvieron otra vez en su contra.

En el transcurso del festival, Pimentó y dos de sus compinches, hicieron una apuesta en la taberna para ver quién podía permanecer sentado jugando a las cartas y bebiendo brandy por más largo tiempo, y la rara contienda continuó por más de dos días. Batiste, contagiado por la curiosidad de los demás y creyendo tener sólo amigos en el área, fue a la taberna para unirse a los espectadores de la apuesta; pero el matón Pimentó, ganador de la apuesta, extremadamente borracho, se volvió contra Batiste y le ordenó abandonar la taberna y el distrito inmediatamente. A sabiendas de que el asunto tendía que encararse más pronto que tarde, Batiste un pesado banquillo y atacó a Pimentó, y tan fieramente blandió el taburete que ninguno se atrevió a intervenir. A partir de ese día, Batiste llevaba consigo su escopeta.

Mientras regresaba a casa una tarde, Batiste sintió que alguien le seguía, y en tanto que ingresaba a un oscurecido carril, alguien lo baleó en el hombro. Herido levemente, Batiste persiguió a su atacante y pudo darse cuenta de que era el matón Pimentó, a quien persiguió y finalmente hirió gravemente. Lastimado por su propia herida, Batiste logró llegar a su barraca a rastras, y por varios días después de este incidente, nadie molestó a la familia, aunque el tumulto algunos días más adelante les comunicó que Pimentó había muerto y estaba siendo sepultado a la usanza local.

En la noche del día siguiente al entierro de Pimentó, Batiste no podía dormir tranquilamente y tuvo sueños muy raros, en los que su enemigo muerto aparecía victorioso. Por último se despertó y pudo darse cuenta que la barraca estaba en llamas. El y su familia lograron salirse pero no pudieron rescatar ninguna de sus pertenencias, solamente pudieron contemplar como todo se quemaba, incluyendo su cosecha, sentados sin la ayuda de nadie a un lado del camino. Conscientes de que sus vecinos habían provocado el incendio, los Borrull pudieron darse cuenta de que finalmente estaban siendo forzados a abandonar el lugar, a menos de que desearan retar a la muerte, estando como estaban, rodeados por un terrible e insuperable odio.


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