domingo, 12 de noviembre de 2017

Nuevas Ideas y Viejas Artimañas

Por Baneste

En las pasadas elecciones primarias de 2016 en Estados Unidos, se presentaron dos candidatos con la etiqueta de independiente o sin afiliación partidaria, logrando arrastrar un gran contingente de votantes desencantados con las figuras políticas tradicionales. Los candidatos en mención fueron el senador por el estado de Vermont, Bernie Sanders, y el millonario propietario de negocios y personaje de la farándula, Donald Trump. Ambos explotaron al máximo la proyección de su imagen de no afiliados al sistema partidario, aunque sus candidaturas fueron respaldadas por las dos instituciones políticas que dominan el espectro electoral estadounidense, el Partido Demócrata, y el Partido Republicano.

En el caso del señor Bernie Sanders, él se declaró independiente y se identificó de tendencia socialista desde los albores de su carrera política en el estado de Vermont, y aunque como senador ha votado mayormente con los demócratas, ha logrado mantener una imagen de progresista en el contexto norteamericano que le ayudó enormemente en las elecciones primarias en las que --de no haber sido por supuestos manejos turbios al interior del partido-- hubiera derrotado a la candidata preferida de la clase política, la guerrerista señora Hillary Clinton. En cuanto al señor Donald Trump, éste explotó astutamente su proyección de foráneo con respecto al establecimiento político, al no conocerse públicamente sus vínculos con las facciones más conservadoras y reaccionarias del poder político y económico estadounidense. Míster Trump ganó las elecciones, y una vez sentado en la silla presidencial, no tardó en demostrar que no solamente pertenece al establecimiento político que él tanto atacó hipócritamente como candidato para engañar a sus fanáticos seguidores, sino que es, además, uno de sus más recalcitrantes elementos.

La clara ventaja de presentarse como independiente o no afiliado partidario, es que le permite al político que así lo hace, atacar a sus colegas más desprestigiados por su filiación partidaria y criticar las falencias del sistema de gobierno con absoluta libertad, sin tener que enfrentar ataques del mismo carácter. Pero se ha demostrado históricamente que esta ventaja solamente es capitalizable en una candidatura para un cargo político con la filiación a un partido fuerte en la contienda electoral, porque el supuesto independiente lo que realmente logra es acaparar el voto de militantes desencantados, en mayor o menor grado, con la forma de hacer política de sus representantes partidarios. Pero también históricamente ha quedado en evidencia que el independiente una vez logrado el puesto para el cual se postuló, muchas veces se ha quitado las vestiduras y ha dejado al descubierto su verdadera filiación política, con frecuencia siendo su desempeño peor que el de cualquier político tradicional (como en el caso del señor Donald Trump), y que la supuesta independencia era solamente una vieja artimaña para engañar a las personas ingenuas que desconocen todas las triquiñuelas de las que es capaz un personaje ambicioso de poder.

Resulta curioso observar que la gente pobre, que tiene que trabajar para sobrevivir, alimente la expectativa de que un rico millonario que se lanza a la política para favorecer sus negocios y los de sus hermanos de clase, va a representar y defender sus intereses, cuando dichos intereses están en contradicción. Míster Trump ha demostrado en un corto lapso de tiempo que sus intereses son, como es natural, el aumento de las ganancias de sus numerosas empresas, la promoción de sus establecimientos dispersos en diferentes lugares, la proyección de sus campos de golf, la solidificación de una base política neofascista radicalizada y mal informada, y el beneficio a los grandes millonarios a quienes proyecta reducir significativamente el pago de impuestos, presentando dicho proyecto de tal manera que el ciudadano promedio, el que no se informa más allá de los panfletos de su partido, que las mencionadas reducciones lo benefician a él. Cuando venga a darse cuenta de que todo ha sido una vieja artimaña, ya será muy tarde, y para las próximas elecciones los nefastos elementos de la clase política habrán dilucidado una forma diferente de embaucar al electorado nuevamente.

En Europa, la postulación de candidatos de corte independiente o sin reconocida filiación partidaria ha estado presente desde hace largo tiempo. En Inglaterra muchos políticos eran elegidos como independientes a la Cámara de los Comunes desde antes del siglo veinte, aunque su número se ha reducido notablemente a partir de 1945. En Francia, en 1920, Alexandre Millerand fue electo presidente de la república al haberse postulado sin filiación partidaria; y el actual presidente Emmanuel Macron, anteriormente fungió como ministro bajo la etiqueta de independiente.

En El Salvador, donde se copian todas la marufias políticas que han dado resultado en otros países, presentándolas a veces como algo original, valiéndose de la falta de información de la gente, ahora se está promoviendo al actual alcalde de la ciudad de San Salvador, el señor Nayib Bukele, como posible candidato independiente no sólo para las elecciones de alcaldes del próximo año, sino también para los comicios presidenciales del 2019. Este señor ha sido electo al cargo de alcalde de dos ciudades en distintas ocasiones bajo la bandera del partido FMLN; pero en un movimiento sin duda orquestado con mucha anterioridad, provocó su separación política con el partido que lo impulsó en su carrera de manera abrupta,buscando generar el mayor impacto mediático posible, a través de atacar verbalmente a una concejal de la alcaldía que él dirige, y posteriormente divulgando de la manera más banal un chisme en el que acusó de abuso sexual en una menor de edad a un alto dirigente efemelenista. Sus seguidores pretenden presentarlo como un jovenzuelo rebelde, desafecto al establecimiento político y la mejor opción para el electorado que se muestra desencantado con los partidos políticos tradicionales, particularmente los mayoritarios, ARENA y FMLN. Pero el señor Nayib Bukele es un empresario millonario cuyos intereses nada tienen que ver con los de la gente pobre y trabajadora de El Salvador; y sus mayores propulsores son expatriados que poco o nada se identifican con las carencias de los salvadoreños porque tienen muchos años de residir fuera del país y sus propios intereses pueden ser tan mezquinos como los de su proclamado redentor.

No sería sorprendente que Nayib Bukele, al igual que el auto proclamado pastor Chamagua y su radio cadena Mi Gente, sea un proyecto a largo plazo de sectores políticos conservadores e injerencistas de Estados Unidos, con vista a un escenario futuro en donde deben contar con opciones al poder en tanto la derecha tradicional y sus organismos políticos se han desgastado enormemente. Esto ha sido puesto en práctica, con matices, y con éxito, en otros países, a veces involucrando agitación social y hasta violencia. Es decir que no se trata de nuevas ideas, son ideas muy viejas, o más bien dicho, artimañas antiguas que ya han sido ensayadas en otros lares.



2 comentarios:

  1. Son pocas las mentes que no se dejan ir con la finta amañada de los políticos que defienden los interese propios y de sus patrones.
    Si, Yasser. Muy acertado tu trabajo que podría decirse como anillo en trompa de cuche en mmi cantón. El paralelismo expuesto sobre las estrategias políticas de la clase política internacional y nacional para preservarse y seguir acumulando en base a la miseria de las mayorías.
    Solo la organización y lucha reivindicativa puede arrancar victorias para las clases populares.

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    1. Es verdad, Fidel, lo expresado en tu comentario, de que solamente la organización y lucha reivindicativa arracará victorias para las clases populares.

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