domingo, 29 de octubre de 2017

¿Será Verdad que Murió el Expresidente Francisco Flores?

Por Baneste

El religioso tercero de izquierda a derecha tiene gran parecido a Francisco Flores.
 
Cuando el 30 de enero de 2016 se anunció el fallecimiento del expresidente de la república de El Salvador, Francisco Flores, que estaba siendo procesado judicialmente acusado de corrupción, los miembros de la clase política y los medios de comunicación al servicio de la oligarquía que él representaba, se agolparon para expresar su más sentido pésame a la (en apariencia) no tan apesadumbrada familia; pero –contrariamente– varios sectores de la población en general mostraron un marcado escepticismo, negándose a creer que el otrora funcionario hubiera muerto de verdad, y que todo se trataba de un montaje teatral para burlar a la justicia, orquestado sin mayor dificultad por sus poderosos amigos, nacionales y foráneos, e influyentes familiares.
 
Los elementos para tan legítima duda estaban presentes, en especial, el marcado secretismo en el traslado del supuesto cadáver y durante el sepelio; así como el hecho de que el expresidente, hasta poco antes de que la Fiscalía General de la República, FGR, iniciara el proceso judicial en su contra, no había presentado indicios de estar enfermo; es más, había estado viajando por el extranjero y vacacionando en países tales como  Panamá, en donde al momento gobernaba un partido político afín a su ultraderechista partido Alianza Republicana Nacionalista, ARENA, habiendo sido entretenido por nada más ni nada menos que la presidenta de ese país. El señor Flores, al igual que los pocos políticos corruptos que ocasionalmente han sido enjuiciados, se declaró enfermo para evitar el encarcelamiento y fue trasladado a un cómodo hospital, el Hospital de la Mujer, que recientemente había saltado a la fama internacional por haberse descubierto que en sus instalaciones habían realizado un cambio de bebés recién nacidos, y se había presentado una denuncia y acusación por parte de una de las parejas afectadas, dejando en la mente de muchísimas personas la duda flotante de si ésta no ha sido una práctica constante no detectada antes.
 
Substitución de cadáveres; emisión de actas ficticias de defunción; obtención de documentos de identidad falsos; provisión de pasaportes alterados, son todas cosas fáciles de obtener en un país atestado de funcionarios corruptos por cualquier persona que tenga el dinero para pagar por ellas; pero es mucho más fácil conseguirlas para alguien que es parte, o ha sido parte, del sistema corrompido. La cirugía plástica ha sido usada desde hace mucho tiempo como recurso efectivo para evadir la identificación. El infame y posible doble agente internacional Alejandro Rivas Mira, también conocido como Sebastián Urquilla y “Choco Mira”, fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, y máximo mentor de Joaquín Villalobos, modificó su rostro por medio de una cirugía plástica, cuando con el consentimiento de los dirigentes de su organización se marchó a Inglaterra con varios millones de dólares producto de los secuestros que él mismo había ordenado; nunca fue localizado, y se dice que murió en México, de manera natural. Estos hechos, aunque parezcan solamente posibles en una obra de ficción protagonizada por un actualizado Sherlock Holmes, han sido y continúan siendo una realidad no solamente en El Salvador, sino en muchos otros países, incluyendo algunos denominados desarrollados.
 
No es descabellado imaginar que el señor Francisco Flores se esté carcajeando en algún lugar del mundo, disfrutando de los millones de dólares que se apropió, y contemplando con deleite su venganza, o más bien dicho la venganza de su partido contra los que se atrevieron a intentar ponerlo tras las rejas, quienes ahora sufren en la cárcel, porque todas las acciones del nuevo fiscal general son exactamente eso, una vil venganza política ejecutada desde el aparato judicial, dirigida especialmente contra Tony Saca y Luís Martínez. Y ya que los políticos de la tendencia ideológica que sean, y particularmente los que son muy ricos como Francisco Flores, no creen en absurdos tales como el paraíso o el infierno, no se puede sugerir que se esté riendo en el averno, en el supuesto que se hubiera muerto de verdad. Pero no cabe duda que sus hermanos de clase, a los que él mismo designó con el sustantivo de “destinatarios” para referirse a ellos como los receptores de algunos de los fondos desviados, ahora están felices, puesto que no dejaba de preocuparles que el anterior fiscal, ahora en prisión, anduviera queriendo husmear sobre sus marufias.
 
De que Francisco Flores y sus allegados hayan hecho un montaje para aparentar su muerte, no sería nada novedoso en el mundo, ni mucho menos algo original. En la historia se han conocido muchos casos de personas que han fingido su muerte, con frecuencia para escapar de la justicia. Algunos de los casos más conocidos se enumeran a continuación:
 
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1. Jacquotte Delahaye  ( 1656)
 
De acuerdo con lo que refiere la leyenda, la madre de Jacquotte Delahaye murió durante el parto y su padre fue asesinado cuando ella era muy joven, motivo por el que se dedicó a la piratería para proveer para ella y su hermano menor, quien era mentalmente discapacitado. En un determinado momento durante su carrera como pirata (habiendo sido considerada reina de la piratería), Jacquotte Delahaye fue capturada y se vio obligada a fingir su muerte para escapar. Durante varios años vivió escondida disfrazada de hombre, después de lo cual se volvió a unir con su tripulación y retornó a la piratería. Ella y sus tripulantes incluso llegaron a reclamar toda una isla caribeña como propia.
 
2. Timothy Dexter (1800)
 
Timothy Dexter es considerado como uno de los primeros excéntricos famosos de América. De ser un pobre artesano de cuero que abandonó la escuela a la edad de 8 años, Dexter alcanzó su buena suerte cuando tomó algunas decisiones financieras afortunadas con respecto a la especulación sobre el dólar continental y al instante se convirtió en uno de los hombres más ricos de Boston. Desafortunadamente, la gente de la alta sociedad nunca aceptó a Dexter como uno de los suyos, considerándolo como un hombre sin educación que había logrado casarse con una mujer de alta sociedad por su dinero. Su esposa, Elizabeth Frothingham, era independientemente rica y no se preocupaba por los lujosos establos y las estatuas que cubrían su propiedad, incluyendo una estatua de Dexter mismo. Dexter llegó a otorgarse el título de Señor, exigiendo que sus siervos se dirigieran a él como tal.
 
Cuando la desaprobación de sus paisanos resultó demasiado, Timothy Dexter decidió fingir su propia muerte para poder averiguar lo que el público sentía por él realmente. Encomendó a unos cuantos hombres de confianza para que organizaran un gran funeral y dejar a su familia en el engaño. Mientras sus hijos ponían una muestra apropiada de pesar, Dexter, que observaba desde una tumba lujosa construida en el sótano de su casa, determinó que su esposa sonreía demasiado y no lloraba lo suficiente. Rápidamente se dirigió a la cocina, la reprendió, la golpeó y luego caminó entre los dolientes como si nada extraño estuviera sucediendo. Desafortunadamente para Dexter, nunca recibió el respeto que él creía que se merecía, y murió (de verdad, esta vez) seis años después.
 
3. Alexander I De Rusia  (1825)
 
La muerte del zar Alexander I, que fue criado por su abuela Catalina la Grande y que la sucedió en el trono unos pocos años después de su fallecimiento, ha sido discutida desde hace tiempo y recientemente ha sido sometida a una nueva ronda de interrogatorios. Svetlana Semyonova,  presidenta de la Sociedad Grafológica Rusa, realizó análisis de escritura manuscrita que sugieren fuertemente similitudes entre la caligrafía de Alexander y la de un monje conocido como Feodor Kuzmich (o Feodor Tomsky). Incluso antes del último examen de Semyonova, el rumor había afirmado durante mucho tiempo que Alexander organizó su muerte por tifus en 1825. Once años más tarde, Kuzmich apareció por primera vez en la ciudad rusa de Krasnoufimsk, donde fue arrestado y enviado a la ciudad siberiana de Tomsk. Uno de los partidarios de la teoría de que el zar Alexander y Kuzmich eran uno y el mismo era León Tolstoi, quien señaló que tanto los plebeyos como los miembros de la élite hablaban de las asombrosas similitudes entre los dos hombres, incluyendo su estatura, peso, edad y particularmente los hombros redondeados. También se sabía que el monje hablaba múltiples idiomas y se llevaba un aire de nobleza, aunque afirmó, al ser interrogado, que estaba sin vivienda y no recordaba a su familia.
 
La rama de la iglesia ortodoxa de Tomsk no se opone a la idea de probar el ADN de Kuzmich, así que tal vez algún día se conozca de una vez por todas si el zar y el monje eran la misma persona. Curiosamente, la esposa de Alexander, que murió el año después del supuesto fallecimiento de su esposo, también se rumorea que falsificó su muerte. Semejanzas entre su escritura y la de una monja apoyan la teoría de que ella también asumió una orden religiosa como Silenciosa Vera.
 
4. William Goodwin Geddes  (1877)
 
William Goodwin Geddes es digno de mención, aunque sólo sea porque es probable que haya sido la primera persona en Australia en fingir su muerte por razones financieras. Siendo topógrafo de profesión, Geddes tenía la reputación de ser un excelente nadador y atleta en varias disciplinas deportivas. Pero el 29 de noviembre de 1877, Geddes misteriosamente se ahogó en King John's Creek en Queensland. Su hermano, que había estado con él en ese momento, declaró haber oído a Geddes pedir ayuda e intentar salvarlo, pero sus inmersiones fueron infructuosas. El cuerpo de Geddes nunca fue encontrado, y aunque sus amigos no estaban totalmente convencidos de su fallecimiento, sus dos pólizas de seguro de vida fueron pagadas cuatro meses después. En 1889, un hombre que parecía prácticamente idéntico a Geddes y cuyo nombre era Louis Sydney Brennan, fue admitido en el asilo para locos de Adelaide, habiendo sido ingresado después de que su esposa de varios años llamó a la policía sobre él. Aunque los padres de Geddes dijeron que Brennan no era su hijo, Geddes y un policía se reconocieron. La compañía de seguros presentó una demanda contra el padre de Geddes por ser cómplice de la estafa. Algunos han sugerido que Geddes tenía un caso genuino de amnesia después de un accidente de caballo, pero eso no explicaría la afirmación de sus padres de que no lo reconocieron.
 
5. Belle Gunness  (1908)
 
Se estima Belle Gunness asesinó entre 40 y 80 personas. Sin embargo, se las arregló para eludir las acusaciones, organizando su muerte. Gunness emigró de Noruega a Estados Unidos a finales de la década de 1880, y antes de 1900 había enviudado después de la muerte de su primer marido. Se sospecha, sin embargo, que su cónyuge murió envenenado por ella. Dos años más tarde, su segundo esposo murió a causa de un cráneo machacado, que Gunness afirmó que fue causado cuando un molinillo de carne cayó accidentalmente de un estante alto. Las dos hembritas a cargo de Gunness, la hija menor de su segundo marido y una hija de crianza, también murieron en circunstancias misteriosas mientras estaban bajo su cuidado. Interesantemente, a través de su aparente dolor, Gunness siempre se aseguraba de cobrar las pólizas de seguro de vida de los miembros de su familia poco después que morían.

Con la codicia como su motivo aparente, Gunness siguió matando. Ella sacó anuncios personales en el periódico con textos tales como:
 
"Guapa viuda que posee una granja grande en uno de los mejores distritos en el Condado de La Porte, Indiana, desea conocer un caballero igualmente bien establecido, con vistas a unir las fortunas. No se responde por carta a menos que el remitente está dispuesto a seguir la respuesta con una visita personal. Charlatanes no tienen por qué aplicar. "
 
Su actitud atrajo la atención que buscaba, y los pretendientes aparecieron con el dinero en la mano para ser matados sin ceremonia a su llegada. Gunness estaba operando sin sospechar hasta que Andrew Helgelien respondió a su anuncio y desapareció poco después. Su hermano, Asle, se preocupó, pero Gunness respondió a sus cartas de preocupación asegurando que su hermano había viajado a Noruega. Antes de que Asle pudiera ponerse en contacto con la policía local, en la madrugada del 28 de abril de 1908, la casa de campo de Gunness en Indiana estalló en llamas. Bajo un piano quemado estaban los cuerpos de tres niños y una mujer sin cabeza que todo el mundo supuso que era Gunness. La policía creía que el incendio debió haber sido iniciado por Ray Lamphere, un sicario contratado que había estado asediando a Gunness. Fue arrestado y acusado de incendio provocado y asesinato cuando Asle Helgelien apareció con su teoría de que Gunness había asesinado a su hermano y prendió fuego a la casa para ocultar su crimen. Las autoridades investigaron y pronto encontraron restos en toda la propiedad, incluyendo los de Andrew Helgelien. En medio de los restos encontrados en los corrales de cerdos, la policía también encontró los huesos de la niña de crianza que Gunness afirmaba que se había ido a California.
 
Doce horas antes del incendio, Gunness había acudido a un abogado para redactar un testamento, ya que dijo temer que Lamphere la matara y quemara su casa. Lamphere, que más tarde fue declarado culpable de incendio provocado, admitió que había provocado el siniestro y que Gunness había drogado y matado a sus hijos, pero insistió en que ella había escapado ilesa. Afirmó que el cuerpo sin cabeza era el de una mujer que había venido a la granja para ser ama de llaves y que Gunness había robado más de 6 millones de dólares (en equivalente al valor actual de la moneda) de sus víctimas de asesinato. Debido a que el cadáver encontrado dentro de  la casa no coincidía con la fisonomía de 280 libras de Gunness y su cuenta bancaria había sido vaciada sospechosamente el día antes del incendio, es probable que sobreviviera. Hasta 1931, la gente afirmaba haber visto a  Gunness en los Estados Unidos, una vez incluso durante una investigación por la muerte por envenenamiento de un anciano. En 2008, un equipo de analistas forenses trató de determinar de una vez por todas si Gunness había huido del incendio, pero las pruebas de ADN de los restos no fueron concluyentes.
 
6. Marion Franklin Rogers (1929)
 
No es cosa de todos los días que alguien vaya a testificar en el juicio de su propio asesinato. En 1926, Marion Franklin Rogers escapó del Hospital Estatal de Enfermedades Nerviosas en Arkansas después de ser admitido tres meses antes. Estaba casado y había procreado tres hijos; pero después de su fuga  abandonó a su familia y comenzó una nueva vida como vagabundo. Proclamó ser un joven de 22 años llamado Connie Franklin, y encontró trabajo cortando madera y haciendo mano de obra en una granja. Como Connie Franklin, comenzó a cortejar a Tillar Ruminer de 16 años. En la primavera de 1929, Ruminer le dijo al sheriff que su prometido había sido asesinado hace unos meses, pero ella había guardado silencio porque los asesinos amenazaron con matarla si se lo contaba a alguien.
 
Según Ruminer, la noche en que ella y Franklin iban a casarse, fueron emboscados por un grupo de atacantes que lo golpearon hasta que no pudo moverse. Entonces lo mutilaron y lo quemaron mientras él estaba vivo, arrojando sus restos en un riachuelo. Dos de los hombres entonces asaltaron sexualmente a Ruminer antes de amenazarla para asegurar su silencio. Cuatro hombres fueron acusados de tortura y el asesinato de Franklin, pero el juicio de diciembre de 1929 se desentrañó cuando apareció Rogers, alegando ser el hombre asesinado. (El juicio ya era inusual para los observadores, ya que el fiscal y el abogado de la defensa eran hermanos.) Rogers Testificó que en la noche en cuestión, se emborrachó con los acusados, se lesionó ligeramente después de una caída de su mula, y desapareció voluntariamente porque Ruminer quería aplazar la ceremonia de la boda. Su identidad resultó difícil de confirmar, ya que algunos juraron que era su amigo y vecino, mientras que otros se negaban a creer que él realmente era Franklin. Mientras que las comparaciones de escritura a mano parecían apoyar la afirmación de Rogers, las pruebas de un montón de huesos carbonizados de los bosques no eran concluyentes, y Tillar Ruminer no lo reconoció como su exnovio, a pesar de que él reconoció al padre de ella por nombre y apellido. En última instancia, los hombres enjuiciados fueron puestos en libertad, y Rogers murió en diciembre de 1932. Si el verdadero Franklin fue asesinado o Rogers simplemente fingió su desaparición todavía no se ha establecido positivamente.
 
7. Alfred Rouse  (1930)
 
En un intento fallido de escapar a los pagos de manutención de varias criaturas ilegítimas, Alfred Rouse se propuso falsificar su muerte prendiendo su coche en llamas con el cuerpo de otra persona dentro. Recogió  en una autostopista a alguien que estaba pidiendo un aventón y lo golpeó con un mazo, lo puso en el asiento del conductor y encendió un fósforo. Rouse asumió que su crimen no sería detectado a tempranas horas de la mañana, pero fue descubierto por dos testigos. Después de su arresto, Rouse afirmó que el coche había estallado en llamas cuando dejó  a su pasajero solo con un cigarrillo encendido y le pidió llenar el tanque con algunas latas de gas. La policía no creyó su cuento, y Rouse fue ahorcado en 1931. Los científicos forenses siguen intentando identificar a la víctima de Rouse gracias a una muestra de ADN particularmente sólida, pero hasta ahora sólo han podido eliminar algunos candidatos.
 
8. John Stonehouse (1974)
 
Uno de los falseadores más conocidos, John Stonehouse, era reconocido antes de su desaparición como miembro del Partido Laborista en el parlamento británico. Stonehouse era el hijo de un alcalde de Southampton y se destacó por derecho propio; siendo graduado de la estimada Escuela de Economía de Londres, se había desempeñado como estafetero general y había servido como secretario del ministro de aviación. Tenía aspiraciones de ser primer ministro, pero los problemas en su vida personal y política se interponían en el camino. Estaba atrapado en un matrimonio infeliz y deseaba estar con su secretaria y amante, Sheila Buckley. Inspirándose en la novela de Frederick Forsythe, El Día del Chacal, Stonehouse decidió crear una identidad alterna con el nombre A.J. Markham. Adquirió un pasaporte bajo su nuevo nombre, abrió cuentas bancarias extranjeras para canalizar fondos ocultos y finalmente realizó su desaparición mientras viajaba al estado norteamericano de Florida en noviembre de 1974.
 
En una playa de Miami, Stonehouse se quitó la ropa, la amontonó a un lado y se adentró en el mar. Parecía que se había ahogado trágicamente en el Atlántico, y su esposa, Bárbara, así como sus aliados políticos, al principio creyeron que realmente había desaparecido. Pero la policía estadounidense y la británica no estaban tan de acuerdo, sospechando que pudo estar involucrado en algún tipo de espionaje. John Stonehouse podría haber desaparecido permanentemente, excepto por una desafortunada simultaneidad. El 7 de noviembre, justo en el momento en que Stonehouse desapareció, el rico Richard John Bingham, lord de Lucan, desapareció tras ser sospechado de un ataque en el que su esposa fue golpeada y la niñera de ésta asesinada. Cuando Stonehouse visitó un banco en Australia, un cajero se puso sospechoso cuando hizo un depósito por una cantidad considerable. Creyendo que el hombre podía ser el lord de Lucan, la policía lo puso bajo vigilancia sólo para descubrir que era el desaparecido John Stonehouse. Luego de esto, Stonehouse fue deportado a Gran Bretaña, donde fue condenado a siete años de prisión por robo y fraude. En tanto, Richard John Bingham, lord de Lucan, nunca fue visto otra vez.
 
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Como se puede fácilmente observar, algunos de estos casos han estado rodeados de especulaciones, basadas más que todo en la carencia de información concreta y clara de lo que realmente ocurrió; lo cual puede ser válido con respecto a la muerte del señor Francisco Flores.
En todo caso hay una realidad inobjetable, y es ésta: el expresidente de El Salvador, Francisco Flores, quien tanto daño causó con sus decisiones políticas a los sectores populares, ya no existe legal ni físicamente en el territorio de la república, por lo que --queriéndolo o no-- terminó burlando la justicia y provocando el castigo de aquellos que lo intentaron enjuiciar. De modo que es intrascendente la discusión de si realmente murió o no murió.
 
Referencias:
 
Mentalfloss.com
 

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