miércoles, 18 de enero de 2017

El Modelo de Economía Participativa



Apuntes de una entrevista realizada por C.J. Polychroniou a Michael Albert, fundador de Z Magazine, en la que se abordan interrogantes claves sobre el capitalismo, el socialismo y la economía participativa, publicada en Truthout.

Por Baneste

El modelo de economía participativa ha sido propuesto desde hace algún tiempo como una alternativa viable al capitalismo y  al sistema de planificación centralizada; no obstante, resulta ser un concepto mal entendido y continúa enfrentando oposición tanto de capitalistas como de anticapitalistas. La pregunta surge entonces de ¿qué es exactamente  "economía participativa" y como cabe  dentro de la visión socialista de una sociedad sin clases?

Cualquier discusión de sistemas económicos esencialmente gira en torno a dos polos aparentemente opuestos: capitalismo y socialismo. No obstante, en la realidad, la mayoría de las economías existentes en la actualidad en el mundo moderno han sido “economías mixtas”.

El capitalismo es un sistema económico en el cual  personas propietarias de los sitios de trabajo y de los recursos emplean trabajadores asalariados para generar producción, y abrumadoramente utilizan la distribución de mercado para mediar en cómo dicha producción es dispersada. También de manera típica e inevitablemente (si tiene las primeras dos características), tendrá asimismo una división corporativa del trabajo, en la cual el 80% de la fuerza laboral abrumadoramente desempeña tareas rutinarias, subyugadas y de no empoderamiento; mientras que el otro 20% monopoliza las actividades que dan poder. El rédito será una función de propiedad y poder de negociación.

Hay, por lo tanto, tres clases principales en el capitalismo: una clase trabajadora realizando labores de no empoderamiento, con bajos ingresos y casi nula influencia; una clase capitalista que emplea trabajadores, vende lo que éstos producen e intenta cosechar ganancias, y la cual, debido a dichas ganancias, disfruta de tremenda riqueza y poder dominante; y una clase coordinadora situada entre las otras dos, desarrollando el trabajo de empoderamiento, y, debido a ello, poseyendo el poder de acumular elevado ingreso e influencia sustancial.

El socialismo es más difícil de identificar. Para algunos es una economía en la que aquellos que producen deciden el producto, de modo que es sin clases, o si se prefiere, tiene solo una clase, la clase trabajadora, en la que todos y todas tienen el mismo estatus económico. Para otros, el socialismo es una sociedad con un estado que significativamente influencia los resultados económicos a favor del público, aún y cuando los propietarios todavía cosechan ganancias. Todavía para otros, el socialismo es una economía de propiedad pública o estatal, además de planeación centralizada o mercados para la distribución.

Esto último es lo que el socialismo ha sido en la práctica, además de haber tenido una división corporativa del trabajo que asciende inexorablemente debido a sus formas de distribución, añadido a ello un estado autoritario. Sin embargo, este tipo de economía podría llamarse “coordinacionismo”, por la clara y obvia razón de que sus instituciones eliminan la propiedad capitalista, pero eleva al 20% de la clase coordinadora a un estatus de autoridad. Afuera con los antiguos jefes: el propietario, la clase capitalista; adentro con los nuevos jefes: administradores, doctores, abogados, y así, la clase coordinadora.

El “socialismo existente en realidad” falló porque a la larga era un sistema político autoritario, la economía era dirigida desde arriba, y la libertad social y cultural era dictada desde el aparataje partidario. ¿Sería este sistema salvable o su caída era inevitable y necesaria?

El “socialismo existente en realidad” no tenía una buena economía que fue hecha inaceptable por un estado represivo o autoritario. El “socialismo existente en realidad”, o “el socialismo del siglo XX”, o el socialismo como es delineado  en casi toda erudita y seria presentación, que va más allá de solamente adjetivos positivos, incluye, ya sea mercados o planificación centralizada,  una división corporativa del trabajo, remuneración por lo producido o poder negociador, y algunas otras características económicas menos críticas. Así, en un país real, debe, por supuesto, tener un sistema político asociado, ordenamientos afines, instituciones culturales, etc. Estos últimos tienen que ser al menos compatibles con las características económicas o la sociedad estará en agitación, y un ordenamiento político vigorosamente consistente con el modelo de planificación centralizada, es un gobierno autoritario.

Por otro lado, la economía participativa propone solamente unas pocas instituciones claves para una nueva forma de conducir la economía. Comienza con concilios de trabajadores-consumidores como los entes de toma de decisiones, y realza la idea de que cada participante en la vida económica debería tener voz sobre productos en proporción de cómo le afectan, lo que se llama auto gestión. Propone luego una forma nueva de definir los empleos para generar una nueva división del trabajo, denominada “complejos de empleo balanceados”. Esta combina tareas en los empleos de modo que cada persona trabajando en la economía realiza una mezcla de tareas en sus ocupaciones diarias, de modo que la situación del “efecto de empoderamiento” de cada trabajador o trabajadora es igual a la situación de cualquier otro, lo cual elimina la base de la división clase coordinadora-clase trabajadora.

Seguidamente, el modelo de economía participativa propone una nueva base equitativa para ganar el ingreso. En vez de que los ingresos sean determinados por la posesión de propiedad, poder de negociación o aún por el valor del producto, debería derivarse únicamente de cuán tan duro trabajamos, por cuánto tiempo laboramos y la onerosidad de las condiciones en trabajamos en producción socialmente útil. Y, finalmente, la economía participativa utiliza una planificación participativa en vez de planificación de mercados o planificación centralizada. La planificación de mercados y la planificación centralizada son horrendamente destructivas de la equidad, la sostenibilidad ecológica, sociabilidad y la capacidad e incluso la inclinación de las personas de ejercer control sobre sus propias vidas. En contraste, el modelo de planificación participativa es un proceso de negociación colectivo de ingresos y resultados a la luz de sus costos y beneficios personales, sociales y ecológicos. El proceso no tiene centro, ni cúpula, ni fondo, y comunica auto conducción a todos y todas las participantes. Literalmente aumenta en vez de destruir la solidaridad, la diversidad, la equidad y el auto control colectivo.

NOTA: estos apuntos solamente abarcan un fragmento de la entrevista.



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