martes, 3 de enero de 2017

De los Libros Excluidos del Nuevo Testamento



Pastor  Hermas

Pastor Hermas (imagen tomada de Wikipedia).

PRIMERA PARTE DEL LIBRO LLAMADO SU VISIÓN.

VISIÓN I.

Contra los pensamientos inmundos y orgullosos; y también el descuido de Hermas en reprender a sus hijos.

1 El que me crió me vendió a una cierta Roda en Roma; a quien cuando vi muchos años después, la reconocí y comencé a amarla como a una hermana. Sucedió algún tiempo después que la vi bañando en el río Tíber; y extendí mi mano hacia ella, y la saqué del río.

2 Y cuando la vi, pensé conmigo mismo, diciendo: ¡Cuán feliz sería yo si tuviera tal esposa, tanto por su belleza como por sus modales! Esto pensé conmigo mismo; no pensé nada más. Pero no mucho después, mientras caminaba y reflexionando sobre estos pensamientos, empecé a honrar a esta criatura de Dios, pensando conmigo mismo; qué noble y bella era.

3 Y habiendo caminado un poco, me quedé dormido; y el espíritu me arrebató, y me llevó por un cierto lugar hacia la derecha, a través del cual nadie podía pasar. Era un lugar entre rocas, muy empinado, e infranqueable por el agua.

4 Cuando pasé este lugar, entré en un llano; Y allí cayendo sobre mis rodillas, empecé a orar al Señor y a confesar mis pecados.

5 Y estando yo orando, se abrió el cielo, y vi a la mujer que yo había codiciado, saludándome desde el cielo, y diciendo: Hermas, ¡salve! Y yo, mirándola, le respondí: Señora, ¿qué haces aquí? Ella me respondió: He sido traída aquí para acusarte de pecado delante del Señor.

6 Señora, dije yo, ¿me quieres convencer? No, dijo ella, pero escucha las palabras que voy a hablarte. Dios que habita en el cielo y ha hecho todas las cosas de la nada, y las ha multiplicado por causa de su santa iglesia, está enojado contigo porque has pecado contra mí.

7 Y respondiendo, le dije: Señora, si he pecado contra ti, dime dónde, o en qué lugar, o ¿cuándo te he hablado alguna palabra indecente o deshonesta?

8 ¿No te he estimado siempre como dama? ¿No te he reverenciado siempre como a una hermana? ¿Por qué, entonces, imaginas estas cosas malvadas contra mí?

9 Entonces ella, sonriéndome, dijo: El deseo de maldad se ha levantado en tu corazón. ¿No te parece una cosa mala que un hombre justo tenga un mal deseo que se eleva en su corazón?

10 Es ciertamente un pecado, y eso es un pecado muy grande, a tal persona; porque el justo piensa lo justo. Y mientras lo haga, y ande rectamente, él tendrá al Señor en el cielo favorable a él en todos sus asuntos.

11 Pero a los que piensan mal en sus corazones, atraen a sí mismos la muerte y el cautiverio; y especialmente a los que aman este mundo presente, y se glorían en sus riquezas, y no miran las cosas buenas que han de venir; sus almas deambulan arriba y abajo y no saben dónde establecerse.

12 Este es el caso ahora de los que tienen doble ánimo, que no confían en el Señor, y desprecian y descuidan su propia vida.

13 Mas orarás al Señor, y Él sanará tus pecados, y los pecados de toda tu casa, y de todos sus santos.

14 Tan pronto como ella pronunció estas palabras, el cielo se cerró, y quedé completamente sumergido con tristeza y temor; y dije dentro de mí, si esto se puso contra mí por el pecado, ¿cómo puedo ser salvado?

15 ¿O cómo podré pedir al Señor por mis muchos y grandes pecados? ¿Con qué palabras le suplico que tenga misericordia de mí?

16 Mientras pensaba en estas cosas y meditaba en mí mismo sobre ellas, he aquí una silla fue puesta frente mí, de la lana más blanca, tan brillante como la nieve.

17 Y vino una anciana de vestidura brillante, con un libro en la mano, y se sentó sola, y me saludó, diciendo: ¡Hermas, salve! Y yo, lleno de pena y llorando, respondí: ¡Salve, Señora!

18 Y ella me dijo: ¿Por qué estás triste, Hermas, tú que has sido paciente, modesto y siempre alegre? Yo respondí, y le dije: Señora, un reproche ha sido puesto a mi cargo por una excelente mujer, que me dice que he pecado contra ella.

19 Respondió ella: Alejada sea tal cosa del siervo de Dios. ¿Pero puede ser que el deseo de ella se haya levantado en tu corazón? Porque ciertamente tal pensamiento hace a los siervos de Dios culpables de pecado.

20 Tampoco debe estar tan detestable pensamiento en el siervo de Dios, ni tampoco debe aquel que es aprobado por el Espíritu desear lo que es malo; pero sobre todo Hermas, que se contiene de todas las lujuriosas concupiscencias, y está lleno de toda simplicidad y de gran inocencia.

21 Mas el Señor no está enojado contigo a causa de esto, sino por causa de tu casa, que ha cometido maldad contra Dios y contra ti, sus padres.

22 Y aunque amas a tus hijos, no has amonestado tu casa, sino que has permitido que vivan mal; por esta causa el Señor se enoja contigo; mas sanará todos los males que se hacen en tu casa. Porque a través de sus pecados e iniquidades, te has consumido totalmente en asuntos seculares.

23 Pero ahora la misericordia de Dios se compadece de ti y de tu casa, y te ha consolado mucho. Sólo por ti, no deambules, sino sé de una mente equilibrada, y conforta tu casa.

24 Como el obrero que completando su obra, la ofrece a quien quiera; así enseñarás cada día lo que es justo, cortarás un gran pecado. Por tanto, no ceses de amonestar a tus hijos, porque el Señor sabe que se arrepentirán con todo su corazón, y serán escritos en el libro de la vida.

25 Y habiendo dicho esto, añadióme: ¿Me oirás leer? Yo le respondí: Señora, lo haré.

26 Oye, pues, dijo ella; y abriendo el libro, leyó gloriosamente, grande y maravillosamente, tales cosas que no pude guardar en mi memoria. Porque eran palabras terribles, como nadie podría soportar.

27 ¿Cómo es que yo he encomendado sus últimas palabras a mi memoria? Porque eran sino pocas, y de gran utilidad para nosotros:

28 He aquí el Señor Todopoderoso, que con su poder invisible y con su excelente sabiduría hizo el mundo, y con su glorioso consejo embelleció  su criatura, y con la palabra de su fuerza sujetó el cielo, y fundó la tierra sobre las aguas; y por su poderosa virtud estableció la Santa Iglesia, la cual ha bendecido.

29 He aquí, quitará los cielos y las montañas, los collados y los mares; y todas las cosas serán aplanadas para su escogido; para que les cumpla la promesa que ha prometido, con mucho honor y gozo; si es que guardan los mandamientos de Dios que han recibido con gran fe.

30 Y cuando ella terminó de leer, se levantó de la silla; y he aquí cuatro jóvenes vinieron y llevaron la silla hacia el oriente.

31 Y ella me llamó a que me aproximara, y tocó mi pecho, y me dijo: ¿Te ha gustado mi lectura? Yo respondí: Señora, estas últimas cosas me agradan; pero  lo precedente era severo y duro.

32 Ella me dijo: Estas últimas cosas son para los justos, pero lo anterior era para los rebeldes y paganos.

33 Y mientras hablaba conmigo, aparecieron dos hombres y la tomaron sobre sus hombros, y se fueron hacia el oriente, donde estaba la silla.

34 Y se alejó alegremente; y mientras se alejaba, me dijo: ¡Hermas, ten buen ánimo!

(Traducido al español por Baneste de la versión en inglés).

Enlaces relacinados: 
La Visión de Ezequiel 
 

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