sábado, 24 de diciembre de 2016

Semblanza de la Guerra




La angustia se empoza en el corazón y a veces tiembla como si le cayera una pedrada. Por eso la valentía se vuelve el reto más urgente y brinca como una catarata que arrastra todos los sentimientos del planeta.

La guerra… Aquí la filosofía consiste en tener todo listo para cualquier emergencia. La estética es la ciencia de encontrarle lo bello y lo feo a una realidad tan cruel. El arte es la audacia para sorprender al enemigo. Y la religión es la almohada donde caben todas las esperanzas y las inseguridades.
¿Será la guerra hermosa? ¿Dónde y cuándo la guerra es hermosa? ¿Será cuando vencemos al enemigo? ¿O será cuando sucede un acto de heroísmo?

No, amigos. Nunca una guerra ha sido hermosa, ni lo será jamás. Menos en la era nuclear.
Fuera de todo romanticismo la guerra es así, concreta, golpeante, cruel y persistente. La guerra del hambre y la guerra de la represión son quizás las matrices más crueles en un mundo como el de hoy, dividido entre el desarrollo y el subdesarrollo, repartido entre los ricos y los pobres.

Una guerra de liberación es la que se dio aquí en respuesta a las guerras matrices. Es cierto, fue una guerra impuesta, obligada, necesaria, controlada. La guerra de liberación salvadoreña no ha sido fatal, pero sí difícil. Difícil, cruel, estoica y sagrada. No hay que titubear para decirlo: el que la ha vivido sabe su verdadero significado.

Difícil, porque siempre los revolucionarios estuvieron en desventaja militar y logística ante su adversario. Cruel, porque hubo que soportar heridas y golpes irreparables que cicatrizaron la geografía del pueblo y marcaron el rostro de su historia. Estoica, porque resistir y avanzar fue el resultado del máximo esfuerzo y sacrificio físico y mental. Y finalmente sagrada, porque todos los hombres y mujeres que dieron su vida por la libertad y la justicia, se respetan.

El justo tributo para tanto sacrificio es impedir que continúe imponiéndose la barbarie y el salvajismo sobre la razón; es que el humanismo y la libertad crezcan y se enraícen en los corazones; es que la justicia, el pan, la cultura y la paz crezcan para todos como si fueran la misma cosa, o como si todos fuésemos los mismos.

(Escrito por René “Choco”; Morazán, 1991).

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