miércoles, 21 de diciembre de 2016

Origen de la Festividad Navideña

Por Baneste



Una de los grandes méritos del cristianismo primitivo en su etapa inicial de expansión, fue su gran capacidad de adaptarse a las diferentes manifestaciones del paganismo, logrando penetrar en amplios contingentes de la humanidad manteniendo la solidez de sus principios iniciales; pero al mismo tiempo, tolerando la integración de formas rituales y ceremoniales paganas, a fin de asimilar a las gentes que las practicaban.

La más importante conmemoración cristiana, el nacimiento de Jesucristo, (que dicho sea de paso, es un suceso que los historiadores más avezados no han podido corroborar, y cuya fecha no está registrada ni en la misma Biblia), es una adaptación de la celebración romana del nacimiento del Invencible Dios Sol (Deus Sol Invictus), el cual fue la principal deidad oficial en la última etapa del imperio romano. Esta festividad fue instituida en su carácter oficial por el emperador Augusto, en el año 274, siendo considerada por muchos una reinstauración del antiguo culto latino al sol.

Al igual que la gran mayoría de todos los dioses romanos, Sol Invictus había sido, a su vez, una adaptación latinizada del dios griego Helios, cuyo santuario estaba ubicado en la Colina Quirinal, al noreste del centro de la ciudad de Roma, donde en la actualidad se localiza el Palacio Quirinal, lugar de residencia del Jefe de Estado Italiano. Antes de todo esto, hasta el siglo VIII A.E.C., el sitio era asentamiento del dios Quirino de los sabinos, una de las etnias que habitaron la península italiana pre romana, junto a los estrucos, los sabelios, los latinos, los hérnicos y otros pueblos que fueron integrados al gran imperio.

En la antigüedad, el dios Quirino era el tercero en importancia del panteón romano, después de Júpiter y Marte, habiendo sido asociado con Ops, la diosa de la abundancia y la fertilidad, esposa de Saturno, y equivalente romano de la diosa griega Rea.

Previo a la celebración del natalicio de Sol Invictus, del 17 al 24 de diciembre, los romanos desarrollaban su más importante festival dedicado a Saturno, dios del tiempo y la agricultura, protector de las cosechas, soberano del mundo y de la edad de oro de la felicidad infinita, la inocencia y abundancia que él estableció en la tierra latina, siendo posteriormente considerado guardián del oro y la riqueza. La Saturnalia, que así se llamaba el festival dedicado a este dios con una prolongación de siete días, era un periodo de diversión popular, de intercambio efusivo de regalos, permitiéndosele a los esclavos temporalmente ser tratados como iguales a sus amos, habiendo ejercido sin ninguna duda una enorme influencia en las festividades cristianas de navidad y año nuevo.

En el mundo desarrollado actual, en donde la religiosidad es un tanto obsoleta y cosa de minorías, las personas adultas consideran las festividades de fin de año como un periodo para compartir con los seres más queridos y para proporcionar alegría a las niñas y niños, sin que falten aquellos que manifiestan su interpretación de que la celebración del nacimiento del niño dios, es en realidad la jubilosa celebración del nacimiento del propio hijo o hija, acontecimiento por lo demás importante para una pareja unida por el amor.
 

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