domingo, 9 de octubre de 2016

Algunos Datos Falsos sobre la Salud


Por Baneste


En Estados Unidos, el consumo cotidiano es influenciado en gran medida por los resultados de investigaciones o estudios que resaltan las ventajas o beneficios de determinados productos. Y esto permanece invariable por mucho tiempo, hasta que otra investigación refuta o demerita los resultados anteriores, con frecuencia favoreciendo otro producto. Hasta hace no mucho tiempo se desconocía que los financistas de los "científicos" que desarrollan estas tendenciosas investigaciones son las ultra ricas e influyentes corporaciones que producen, fabrican y/o comercializan los productos investigados, con el objetivo craso de aumentar sus ventas, y por ende, sus ganancias. Así tenemos que —aunque resulte difícil de creer— en el pasado hubo estudios que destacaban las ventajas de fumar cigarrillos, e incluso en la actualidad todavía se encuentran elaboraciones resaltando los "beneficios" de fumar, generando, entre otras, la falsa creencia de que este dañino hábito ayuda a perder peso, especialmente entre personas del sexo femenino.

En su edición en línea del 12 de septiembre de 2016, el periódico estadounidense The New York Times, publicó un artículo que detalla de qué manera en 1967, la Fundación de Investigación del Azúcar, conocida actualmente como Asociación del Azúcar, pagó el equivalente a $50,000 en dólares actuales, a tres investigadores de Harvard para publicar informes minimizando el impacto del consumo de azúcar en la salud del corazón, y en su lugar culpar de ello a las grasas saturadas. Los resultados de ese estudio, y de otros semejantes, determinaron durante más de 50 años las directrices  nutricionales de muchas personas norteamericanas (particularmente las que se consideran "mejor informadas"), quienes siguieron la recomendación de limitar la ingestión diaria de grasas y reemplazar sus calorías con las provenientes de carbohidratos, incluyendo las de azúcares refinados. No obstante, la evidencia más reciente establece que los carbohidratos, especialmente los azúcares refinados, son los responsables de las dolencias de salud más importantes en Estados Unidos. De acuerdo con datos disponibles, la persona estadounidense promedio consume alrededor de 22 cucharaditas de azúcar por día, más del doble de la cantidad diaria recomendada por la FDA (Food and Drug Administration),  y cuatro veces más de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud, OMS. Ahora se sabe que el exceso de azúcar provoca el aumento de peso, la caries y la diabetes. Los estudios demuestran que el consumo excesivo de este producto impacta negativamente la memoria y la presión arterial, y contribuye a una variedad de enfermedades, incluyendo el cáncer del páncreas, la obesidad y la enfermedad de hígado graso no alcohólico.

Otro de los derivados de la manipulación que la industria de productos azucarados ha hecho de la investigación  científica, fue la generalización del cuento de que "la grasa es mala"; creencia en la que todavía mucha gente basa sus dietas alimentarias; aunque en el año 2014, un análisis presentado en la revista Annals of Internal Medicine, concluyó que había poca evidencia para respaldar una dieta baja en grasa. En 1977, las Directrices Dietéticas sugirieron enfáticamente a la población estadounidense seguir una dieta "saludable para el corazón", baja en grasas, provocando con ello que los fabricantes de alimentos eliminasen los contenidos de grasa en sus productos y reemplazarlos con azúcar, lo que degeneró en el aumento de la obesidad en Estados Unidos. Hoy en día, las Directrices Dietéticas (que son emitidas cada 5 años), recomiendan consumir menos del 10 por ciento de las calorías a partir de azúcares añadidos; pero también sugieren consumir menos del 10 por ciento de calorías diarias provenientes de grasas saturadas.

El progresivo aumento de la obesidad entre la población norteamericana trajo consigo la generalización de otro tipo de negocios, que artificiosamente explotan la necesidad de la gente de estar en forma; tal es el caso de los múltiples y diversos "programas para perder peso", la mayoría de los cuales están basados en rigurosos como variados regímenes de ejercicio. La influencia de éstos ha sido tan penetrante que muchísimas personas firmemente creen que el ejercicio intenso puede mitigar una dieta deficiente. Y aunque está comprobado que el  ejercicio físico conlleva una cantidad de beneficios para la salud, desde la reducción del estrés hasta el aumento de la función inmune, por sí solo no ayuda a perder peso, puesto que solamente representa del 10 al 30 por ciento de gasto de energía, y comparativamente, el proceso de digestión alimentos representa alrededor del 10 por ciento. Esto, obviamente no significa que no sea necesario ejercitar; al contrario, aunque por sí solo el ejercicio no sirve para bajar de peso, ayuda a controlarlo, además de reducir significativamente el riesgo de enfermedad cardiovascular y reduce la grasa visceral que se acumula alrededor de los órganos vinculada a la enfermedad coronaria, la depresión y la disfuncionalidad sexual, entre otros.

Otra tendencia de consumo bastante generalizada debido a la desinformación sobre el cuidado de la salud, es la relacionada con la creencia en los supuestos beneficios de las llamadas "desintoxicaciones" o "limpiezas" del aparato digestivo, de modo que los productos recomendados para tal propósito, son de los más caros que se encuentran en los estantes de la farmacias tradicionales y alternativas. La propaganda de estos innecesarios "limpiadores" del sistema vocifera que el consumirlos hace que el cuerpo expulse todas las toxinas, adelgazan el abdomen, revitalizan la piel y elevan los niveles de energía. Pero de acuerdo con Elizabeth Applegate, profesora de la Universidad de California en Davis, "el concepto de limpieza en su conjunto es tonto." Una dieta de jugos de limpiar en realidad solamente hace despedir peso del agua. "El cuerpo no necesita ninguna ayuda a deshacerse de los compuestos que no quiere. Para eso están su hígado y sus riñones", dijo Applegate.

En esta misma línea de observación, referente a los datos no verídicos sobre la salud, ocupa un lugar destacado la creencia bastante arraigada de que tomar vitaminas hace más saludable a quien las consume con regularidad. A la base de esta popularizada creencia está el despliegue propagandístico de la industria de suplementos dietéticos, negocio que genera $19 billones de dólares al año, pregonando de manera incesante la necesidad de suplir el valor diario recomendado de vitaminas en forma de píldora; pero el consenso general entre los expertos en nutrición es que grandes dosis vitamínicas pueden resultar perjudicial para la salud, y que los suplementos dietéticos nunca podrán sustituir una dieta deficiente. Sin embargo, es necesario realzar que ciertos grupos poblacionales pueden beneficiarse con el consumo adecuado de suplementos; tal es el caso de las personas mayores de 50 años, quienes deben reforzar su ingesta diaria de calcio para protegerse de la osteoporosis, teniendo en cuenta que un vaso de leche sólo contiene alrededor de 300 miligramos, y los expertos sugieren que deberían obtenerse 1,200 miligramos de calcio por día.

Siendo estos solamente algunos de los más conocidos datos falsos sobre la salud, es imperativo, al momento de decidir sobre líneas a seguir con respecto a la salud, tratar de averiguar la fuente de las investigaciones, y de ser posible, los financiadores, porque así se nos revela las probables intenciones de esos "estudios", cuya finalidad no es otra que promover el consumo de determinado producto.


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