lunes, 20 de junio de 2016

Hay Esperanza


Por Baneste

Jill Stein


En las recientes finalizadas elecciones primarias de los Estados Unidos, dos fenómenos sorprendentes ocurrieron: Bernie Sanders y Donald Trump. El uno, abogando por las reivindicaciones de la clase pobre y de la clase media de este gran país; el otro, presentándose de manera demagógica como el restituidor de supuestos privilegios perdidos por la raza blanca debido a la multiculturización que es la parte toral de la agenda del liberalismo. Ambos atraen numerosos adeptos.  Sus presentaciones son seguidas con interés por muchísimas personas, con la única diferencia de que el representante del fascismo (Trump) recibe cobertura amplia gratuita en los medios masivos de difusión (prensa, radio, televisión e internet); mientras que el representante “socialista” (Bernie) es ignorado por las grandes corporaciones que dominan el mercado de la divulgación de la información.

Sin embargo, estos dos, no son los únicos dos fenómenos que han ocurrido en esta farsa electorera que constituye un aspecto principal del falso sistema democrático por el que se rigen los partidos, y que el contendiente demócrata Bernie Sanders ha puesto al descubierto. Hay otro fenómeno más impresionante: Jill Stein, la precandidata del Partido Verde de los Estados Unidos; aunque ella es prácticamente desconocida por las inmensas mayorías a las que representa. Ella no solo representa todas las propuestas de Sanders, sino que va más allá al proponer la terminación de las aventuras de agresión imperialistas de la plutocracia que domina el sistema corrupto político de Norteamérica.

El representante del fascismo (el señor Donald Trump) ha sido catapultado como el selecto para ser el candidato presidencial del ultra conservador Partido Republicano; mientras que la señora Hillary Clinton, responsable en gran medida del caos socio-humano en el Medio Oriente, ha sido ungida por la cúpula de su partido como la candidata del Partido Demócrata, contraviniendo el deseo de la mayoría que mostró su preferencia por el senador Bernie Sanders. Ella es amiga del señor Trump y sus principales financistas son las grandes corporaciones progenitoras del nefasto neoliberalismo, y ha sido, como Secretaria de Estado, la promovedora de los llamados “Golpes de Estado Sublimes”, como los que ocurrieron en Paraguay, Honduras y Brasil, y como el que se está fraguando ahora contra el legítimo gobierno de Venezuela. A ella se le atribuye la “aventura” de Libia, en donde Muammar Gaddafi fue aniquilado para darle cabida al caos tribal.

A pesar de todo, hay esperanza. A pesar de la lúgubre perspectiva de que la nueva cabeza del país más poderoso de la tierra será una persona intrínsecamente bélica, la campaña de las elecciones primarias en Estados Unidos ha demostrado que hay un enorme contingente que está a favor de la paz, el bienestar social, la convivencia pacífica entre los vecinos y el desarrollo sin detrimento de nuestra amada naturaleza. Eso lo demostró el movimiento generado por Bernie Sanders; pero que –sin tener la cobertura mediática de ninguno de los candidatos- está más bien representada en la gran persona de Jill Stein, la candidata del Partido Verde.

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