jueves, 12 de marzo de 2015

GUAZAPA, LOMA DE RAMOS (Un trozo de un relato)

Esta narrativa, fue obtenida en la red social. Me tomé la libertad de publicarla para el conocimiento de los interesados en este tipo de narrativas y en conocer más sobre la vida de esos campamentos que funcionaran durante la guerra civil.

GUAZAPA, LOMA DE RAMOS
Guazapa está ubicado al norte de San Salvador. Como a unos treinta kilómetros de distancia. Es una cadena montañosa chica; yo diría que es un grupo de cerros unidos donde el terreno es muy irregular, muy accidentado…, quebradas entre cerros, pequeñas mesetas, desfiladeros que son difíciles de escalar…
Pero ya internándose al lugar uno se da cuenta que hay muchas hectáreas de tierras fértiles con cultivos de café, variedad de árboles frutales, y nacimientos de agua por todos lados. Para que tengan una idea de su dimensión: uno le puede dar la vuelta en un día; claro, caminando sobre las faldas del cerro.

En esta zona todas las organizaciones del FMLN teníamos presencia, algunas más que otras, por ejemplo: nosotros del ERP teníamos poca presencia ya que la mayoría de compas de nuestra organización estaba al norte del país, sobre todo en el departamento de Morazán.
Nuestra ubicación era al Oeste del cerro de Guazapa, en el lugar llamado Loma de Ramos; abajo teníamos el Ingenio San Chico y un poquito a la derecha y al fondo el pueblo de Aguilares.
Desde nuestro lugar teníamos una visión espectacular de la zona baja. Cuando estaban en flor los cañaverales se veían impresionantes las parcelas uniformes y de un solo color; ya que es el cultivo que más se da allí; junto al maíz y el cacahuate entre otros.
Siempre que íbamos de posta al Amate lo hacíamos de la siguiente manera: uno se subía y el otro se quedaba vigilando las veredas, después se intercambiaban los papeles.
Cuando uno subía al Amate tenía la impresión de que estaba arriba de un avión por la similitud en la forma de ver el paisaje: parcelas de diferentes cultivos con diversas tonalidades de color, los carritos parecían de juguete cruzando la troncal del Norte y atravesando el pueblito de Aguilares.
También siempre se veía un hilo de humo constante del ingenio de azúcar San Francisco; y si girábamos los binoculares a la derecha nos encontrábamos con las aguas del embalse del Cerrón Grande, que destellaban como incendiadas al atardecer. Este embalse es un lago artificial formado por la desviación del Río Lempa para generar energía eléctrica. –Presa Cerrón Grande–
De nuestra posición alcanzábamos a ver toda la zona baja, incluso el volcán de san salvador donde habían más compas, y los cerros de Chalatenango que era el bastión de las FPL. ¡Qué chiquito es nuestro territorio...¡
Creo que todos los compas disfrutamos de éstos paisajes ya que la guardia o posta nos la íbamos rolando, –a todos nos tocaba–. La distancia donde hacíamos la posta era como a medio kilómetro del campamento, –Esto era en el día, en la noche se acortaba–.
Pero no siempre se tornaba agradable la vista para el posta en el puesto de observación del Amate. De repente, esa magia se iba: soldados aparecían en tus binoculares regados por todos los cultivos que están a la orilla de la carretera. La cruda realidad se hacía presente. El operativo de los cuilios estaba en camino. 
Tu estado de ánimo cambiaba, la respiración se aceleraba, pero, ni modo, era hora de prepararse para ese oficio tan desagradable: la guerra. No la recomiendo a nadie; al menos que no haya otra opción, como fue el caso nuestro.
Cuando venían en operativo se bajaban en la troncal del norte y rodeaban la zona e instalaban Piezas de Artillería. También, por medio de los binoculares detectábamos unidades que querían incursionar de forma más clandestina en patrullajes de rutina.
Pero los operativos fuertes no se podían ocultar ya que rodeaban buena parte del cerro. Su forma de operar era incursionando pequeñas unidades de Fuerzas Especiales. Porque si lo hacían masivamente sufrían mas bajas por el minado y las emboscados de nuestras unidades.
Cuando detectábamos movimientos en la zona baja, de inmediato se informaba al campamento la cantidad de cuilios y el lugar exacto por donde venían.
De esta manera se ponía en alerta al campamento y comenzaban a prepararse dos unidades móviles con minas y abanicos para improvisar pequeñas emboscadas en los lugares donde podían incursionar; sobre todo varios kilómetros abajo del campamento antes que subieran.
Algunos nombres de compas que participaban en éstas unidades, Ronald, Matías, La Chata, Nina, Yaneth, Sergio David, Santos, Ostin, Neto, Erick, Mardoqueo, Simón, Amílcar, Chincho, Coco, Bartolo… bueno, muchos participamos en éstas unidades pero ellos lo hacían con más frecuencia.
Con éstas unidades se frenaba el avance lejos del campamento, ya que al ocasionarles bajas venían los helicópteros a rocketear la zona para sacar a los heridos; también creían que en la zona del enfrentamiento estaban los campamentos guerrilleros. 
Entonces en la noche concentraban la artillería en ese lugar ya que tenían piezas permanentes en el Ingenio San Chico, Aguilares y en el Roblar, –el pico del cerro–.
De esta manera seguíamos en el mismo campamento al no ser descubierto. Pero si chocábamos dentro de éste era necesario irnos a otro de reserva. Por lo menos teníamos de tres a cuatro campamentos de reserva. 
Y los íbamos alternando ya que todos nos funcionaban, porque que en Guazapa, el agua abunda por todos lados y para un campamento es esencial, claro entre otros aspectos; buena ubicación, difícil acceso, control de las partes altas…
CERRO DE GUAZAPA
Cerro hecho para guerrilleros: terreno accidentado para protegernos. Abundante frutas que nos servían de complemento. Difícil acceso para los cuilios. Cultivos en la zona baja para abastecernos. Clima agradable con ligera brisa para alejar a los zancudos.
Gran visión hacia la zona baja para detectar a los cuilios, pero, lo mejor de todo: el gran paisaje con profundidad de campo para hacernos los días menos amargos en la guerra. Así es guazapa.
También había loroco para hacerlo en vinagre y combinarlo con el arroz y los frijoles; esto no es poca cosa, ya que le da un sabor especial al único menú.
Ese es el cerro de Guazapa, el que siempre estuvo a nuestro favor, el que siempre tenía un refugio para contrarrestar la artillería enemiga.
También el que le hacía la vida imposible a los cuilios, por su terreno agreste, por sus matorrales impenetrables, y por los compas que lo habitábamos. 
¡Vaya que sí extraño ese cerro!, ¡claro, con mis compañeros…!
En las noches deambulábamos como fantasmas recorriendo toda la zona, tanto para conectes con el volcán o en las zonas de expansión, o trasladando heridos, y también en caseríos de la troncal buscando provisiones…
Parecíamos zompopos en altas horas de la noche abriéndonos camino por toda la zacatera con el frijol y el maíz.
Para nosotros los compas, el día no se acababa con el atardecer; Sobre todo en las zonas de alto riesgo había que ocupar la noche.
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“El Viejazo,” –así le decíamos de cariño a Fermín– el cocinero. Un campesino originario de la zona de Guazapa, tendría algunos 45 años de edad, pero subía y bajaba ese cerro con una gran vitalidad como si fuera un adolescente.
Fermín es el clásico campesino madrugador que siempre está haciendo algo, siempre ocupado en cualquier tarea: cortando leña para la cocina, trayendo provisiones de los buzones, cortando frutas, arreglando cualquier detalle en la cocina, cortando café...
Lo tengo muy presente con sus tercios de leña al hombro y su bolso verde olivo cruzado en el pecho; también subiendo al campamento con su jarras de café, sobre todo cuando llovía.
Además por ser originario de la zona conocía todos los rincones de ese cerro como la palma de la mano. Me enseñó a procesar el café, desde que se corta hasta que se muele en el molino de maíz; ya que en esa zona casi en todos los campamentos había este cultivo.
Por lo tanto muchos de nosotros que somos viciosos guardábamos café molido en botes de plástico, para estar tomando todo el año; incluso aunque no tuviéramos el viejo Fermín siempre nos subía las jarras de café al campamento. Él jamás se quedaba sin café.
Hasta recuerdo el aroma porque que le mezclaba tantita canela a la hora de molerlo en la cocina. Ese viejazo fue como un padre para todos los guerrilleros de esa zona. Aunque también era muy resentido como todos los campesinos de nuestros pueblitos y cantones. Se ponía bravo Fermín cuando se le criticaba en reuniones.
Ahí les va una anécdota del viejazo: una vez que hubo una reunión general en el campamento, el chele Alfredo le hizo una crítica y el viejazo se encabronó tanto que cuando terminó la reunión se desapareció del campamento por un día entero.
Esto ya lo había hecho muchas veces, incluso cuando se enojaba con alguien casi no le hablaba a nadie… Pues ese día no durmió en el campamento, creo que se fue a dormir a otro campamento de reserva… Lo chistoso de esto, (me da risa), es que el siguiente día el viejazo venía corriendo para avisarnos que se había topado con los cuilios cerca del campamento, allí por el matasano… lo bueno es que se le olvidó el enojo.
Y sí era cierto lo de los cuilios… Pero ya después que pasó todo recordábamos esa anécdota y le hacíamos bromas…, le decíamos: ya ves viejazo, no te andes enojando, ni yendo del campamento porque te van a salir los cuilios…, y él se moría de risa.
Ha de haber pensado el “Viejo’’ Fermín: ¡púchica estos compas ya la cagan!: les hago la comida, les llevo café en las tardes, les busco frutas… ¿Y todavía me reclaman o me critican?
Deseo que esté vivo, fue un viejo que siempre nos garantizó la comida en tiempo y forma como dicen los militares. Ya sea que lloviera, bombardearan, hubiera operativo, o nos movilizáramos a otro campamento; siempre, siempre, aunque fuera en la noche comíamos algo…, y cuando había operativo que nos movilizábamos de un lado para otro, nos hacía arroz con leche en la noche; ya que en el día detectaban el humo.
Recuerdo que casi siempre me mandaban a media noche a traer el arroz en leche en un cántaro de plástico a la cocina de Fermín; Esto no era fácil ya que a veces estaba lloviendo y el cántaro pesaba mucho; había que subir desde la cocina hasta el campamento en la oscuridad –no podíamos alumbrar–, agarrándote de los palos de café para no caerse, y sobre todo, no tirar el arroz que era la comida de todos y de todo el día… 
Que vaya el caballo, que vaya el caballo, decían los compas… yo les decía: ¡no frieguen cabrones! Ahora que vaya otro…, pero al final terminaba yendo ya que confiaban que no se quedarían sin comer; porque otras veces ya se les había caído el cántaro.
En Guazapa nuestra unidad que era aproximadamente como de 35 compas en el /86, se redujo más, ya que se trasladaron como 12 compas a Morazán con el comandante Mincho –un compa hiperactivo, alegre, que siempre estaba inventando algo para joder a los cuilios–. Una vez me despertó a media noche porque se le ocurrió hacer una granada con encendido pirotécnico-eléctrico… hasta que se la hice se quedó conforme.
También en el año 87 se fue otro grupo de compas con Jaime EL Coño, la comandante Elsa y Arístides para abrir el frente del volcán de san salvador, cerquita de la capital.
Por lo tanto la unidad de Guazapa era aproximadamente de unos 18-20 compas. Aquí quedó de responsable el chele Alfredo y el médico Bonifacio; aunque siempre nos estábamos intercambiando compas con el volcán.
Y en la capital estaban los Comandos Urbanos. EL responsable de éstos era el compa Danilo-Fernando, un compa con una larga trayectoria de lucha en la ciudad. Recuerdo que muchos de ellos subieron a Guazapa a recibir unas clases de Armamento Popular que les impartí.
Habían dos compas que jugaban un papel importante en la ciudad, Audelio y Carlenke. Este último estuvo conmigo años antes en COMIN, donde compartimos un período muy bonito, y sobre todo, aprendimos mucho en ese lugar.- Un saludo a los compas de COMIN. A todos los que conocí en esa época, a Mirna, a Galia, a Rhina, Silvia, la Chata, Rudi, Ligia, El Mono, Sonia, Ruth, Manuel, Chombo, Tino, que llegaba de vez en cuando -siempre alegre- Carlitos, Chicho, Darío, Calacho, Javier, Pilo, Sandra, Memo, Guayito, Papito, Douglas, Macoyita, y otros más que llegaban no muy seguido porque trabajaban en solidaridad, y era un punto de encuentro para reuniones... como Chamy, Daniel, Neto, Rafael, Celia, Bruno, Gustavo etc... Es bueno recordar nombres de tantos compañeros forjadores de la historia. Cuando puedo siempre lo hago con gusto...
Entonces Audelio y Carlenke eran el enlace de parte de los urbanos con los compas del volcán de San Salvador; incluso se llegaron a hacer acciones coordinadas como el ataque a San Ramón en el /89. En este lugar se recuperaron varias armas… Una operación conjunta con los urbanos que relataré otro día...
También el compa Carlenke participó en una de estas dos operaciones importantes: ataques a la Primera Brigada de Infantería y al Cuartel El Zapote; de esto hay videos donde sale él y la Goyita disparando a estas instalaciones…
COMANDOS URBANOS
Estos chavos cuando subían al cerro nos contagiaban. Siempre alegres, sonrientes, echando relajo. Era obvio: los pocos años de guerra en muchos de ellos no los había curtido.
Nos hacían cambiar nuestros rostros serios con eso que tiene la juventud: ganas de vivir, de amar, de compartir, de luchar… En medio de la guerra se daban tiempo para todo; no había obstáculo que los detuviera.
Yo tuve el gusto de compartir con ellos un curso de Armamento Popular en Guazapa. Un año después me los encontré en el volcán de San Salvador con la misma actitud: felices…, parecía que andaban de excursión. Ya el peligro les hacía los mandados.
Lo que más lamento de esta unidad, es el alto costo en vidas que tuvieron en la ofensiva del 89, donde ellos la iniciaron en la Zacamil; también allí murió mi hermano…, el rescate nunca llegó…
Un saludo a los que están vivos, y ojalá no olvidemos a los que no tuvieron esa suerte.
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La conexión era San Salvador -El Volcán; volcán-guazapa; y de este último a Morazán donde se tenía que hacer una larga caminata para llegar.
Antes de formar el frente del volcán de San Salvador, el conecte era directo de San Salvador a Guazapa; ya que abajo del cerro pasa la Troncal del Norte y allí cerca en un lugar que se llama El Bonete, habían unos compas que trabajaban en esas zona de expansión.
Dentro de estos compas estaban Yaneth, Carlos Puntudo y el bicho Aníbal, que posteriormente se agregaron a la unidad de Guazapa. Bueno, Aníbal y Yaneth.
Digo esto porque la compa Aleida y yo ingresamos directo desde la capital, vía Troncal del Norte - El Bonete; donde estaba el bicho Aníbal que poco a poco nos fue subiendo al cerro.
Fuimos cruzando cercos, alambrados, potreros, cultivos y de repente ya estábamos en la Ceiba, donde nos esperaba una unidad de compas al mando de Mardoqueo, también estaba Lorenzo y Santos hermano de Marlene que era brigadista. Nunca se me olvidará.
Esta ceiba era una división: hacia abajo eran potreros, parcelas de cultivo, casas –en otras palabras zona de expansión–; hacia arriba la vegetación era mas abundante y territorio controlado por los compas del ERP, en las faldas del cerro Guazapa, La Famosa Loma de Ramos. En esta ceiba casi siempre hacíamos un receso de cinco minutos y nos fumábamos un cigarrito.
Hasta que uno incursionaba en esta selva se daba cuenta de la vegetación tupida que había, el tamaño de los árboles, muchas veredas, ojos de agua, palos de mango, y algo que me sorprendió: cantidad de casitas abandonadas que íbamos encontrando desde que empezábamos a subir la selva, hasta la parte alta donde teníamos los campamentos.
Por cierto al llegar a este nos acomodaron en una de esas casitas; íbamos bien mojados y cansados ya que era la primera vez que subíamos el cerro de guazapa.
Al día siguiente me llevé una buena sorpresa: Darío, Guayito, Roberto, Calacho, Henry, Lito y el seco Gustavo estaban en el campamento. Compas que había conocido en Nicaragua y que me llevaba muy bien con ellos. Sólo con Gustavo no había interactuado mucho, pero lo conocía de vista.
Posteriormente me incorporaron al taller de explosivos donde estaba Meme y Mario de encargados. Dos compas que eran muy buenos para inventar diferentes artefactos.
También al taller estaban incorporados los compas que conocí en Nicaragua.
Tengo muy presente una anécdota en este campamento de Loma de Ramos. En las casitas donde nos quedábamos a dormir habían muchos murciélagos, y en las mañanas casi siempre amanecía un compa lleno de sangre, –parecía un Cristo– producto de las mordidas de éstos bichos.
Lo increíble es que uno no se daba cuenta; una vez mordieron una compa radista que se llamaba Nina. Recuerdo que los compas del taller que eran bien jodarrias le decían: imagínate Nina como se poso el murciélago para morderte la nariz. Y sí le dejó su cicatriz como de viruela.
Una vez me mordió a mí el dedo gordo, al siguiente día tenía la sábana llena de sangre. Lo único bueno era que nos perdonaban el matutino. Uno nunca se da cuenta porque dicen que utilizan la saliva como anestesia, además la cortada es tan fina como si la hicieran con bisturí.
A los compas de ese taller no se les escapaba nada, siempre se estaban muriendo de la risa por cualquier chiste, sobre todo Meme y Lito, eran tremendos… A cada rato nos llamaba la atención Jaime –El Coño– que era el responsable. Y cuando se encabronaba por la bulla nos decía: ahora si les voy a meter la verga cabrones –ya que era mal hablado–, y nos ponía algunas culucas.
Había una pasada que la contaba a cada rato Meme. Era sobre un compa humilde que se llamaba Roberto: Su voz era suave y finita. Y una compa de seudónimo Sarona; que tenía la voz fuerte y su estatura era como de 180.
Entonces decía Meme que iban a bañarse al ojo de agua, y Roberto se fue quedando rezagado porque atrás venía Sarona; cuando se emparejaron Roberto la abordó con su voz fina y le dijo: –Hola mamasita, porque tan solita?, se la van a robar... Y Sarona se le quedó viendo y le contestó con su voz fuerte: –¡y aquí quien me va robar pendejo–!
Cuando Meme contaba este chiste imitando las voces de los dos no podía uno dejar de reír. Creo que esta pasada nos costó varias sanciones por la bulla que armábamos en el taller; Meme la contaba varias veces al día. Hasta el mismo Roberto se reía. Nunca supe si ocurrió o no. Pero algo hubo de eso porque el compa Roberto nunca desmintió.
En ese tiempo habíamos muchos compas en el campamento. También estaba recién llegado Paolo de Morazán, junto a Laura y el negro William –chocho– que iban de salida; Y que a cada rato me decía William, oye Caballo lo primero que voy a hacer al llegar a la ciudad es comerme una hamburguesa doble…
Y Laura era una compa alta, blanca si no me equivoco ella es de San Miguel, incluso conocía a mi hermano Quique ya que habían operado juntos en san miguel en los años 79-80. También iba de salida al igual que Paolo y estuvieron unos días con nosotros mientras les salía el conecte.
Recuerdo que en ese campamento pasaron los cuilios disparándonos con la artillería durante un buen tiempo, casi no nos dejaban dormir.
Cuando los disparos caían un poco retirado no les hacíamos caso, nos valía verga, pero cuando las esquirlas caían cerca hasta chocábamos a media noche buscando el refugio que estaba en un paredón.
Estos paredones por lo general estaban ubicados entre vaguadas o quebradas, que por su naturaleza protegen y si agregábamos hoyos rascando en forma de semicírculo era suficiente para protegernos.
La forma de caminar en la noche dentro del campamento es agachado y alumbrando con la lámpara hacia el piso para no ser detectados, además todos le colocamos un papel oscuro a la lámpara para que la luz sea más tenue. Esta era una medida de seguridad muy importante.
UN DÍA TRANQUILO EN UN CAMPAMENTO DE LOMA DE RAMOS.
Nos levantamos a las cinco y media de la mañana, cuando apenas empieza a clarear. Casi todos ya tenemos claro las tareas a realizar durante el día si no surge un imprevisto. Por ejemplo, el equipo de la cocina tiene que garantizar la comida; para ello tiene que tomar en cuenta todo lo que va a necesitar y tenerlo a la mano; Leña, frijoles, maíz, arroz, café… ya que por regla todo se encuentra escondido en los buzones y sólo el encargado de esa área conoce donde están las cosas.
También uno va aprendiendo de los demás compas o de la misma práctica. Por ejemplo: los responsables de cocina tendrían que estar constantemente abriendo los buzones para sacar lo del diario que van a cocinar, lo cual es molesto, no es práctico, y lo peor de esto es que estarías dejando muchas huellas al estar abriendo constantemente los buzones más grandes.
Yo como explosivista aprendí un truco de Fermín, el cocinero, que me pareció muy interesante. Tenía buzones o escondites secundarios cerca de la cocina; por lo que sacaba producto para unos días y cuando se le acababa regresaba al buzón principal. De esta manera uno no arriesga todo el material y tiene a la mano lo necesario para varios días…
También cuesta abrir un buzón grande, y n solo eso, hay que estar a las vivas ya que por seguridad casi siempre va uno solo. Además de eso si lo abres constantemente por mucho cuidado que tengas vas dejando huellas.
Después de levantamos el responsable prepara un equipo que va de posta para cuidar el campamento; y otro que sale de inmediato a patrullar los alrededores –con los compas antes mencionados–. Éste último lleva un radista operativo por cualquier anormalidad que se presente.
Por lo general los compas campesinos son los que mejor saben detectar huellas ya que crecieron en esas zonas y se fijan en el más mínimo detalle, casi nunca se equivocan cuando el enemigo está cerca o ha cruzado por el lugar…
Éste mismo equipo se encarga a veces de revisar el minado; por lo general se hace cada cuatro días en épocas lluviosas; cuando no llueve se pueden dejar más días. Los artefactos que no funcionan yo los reviso, es parte de mi responsabilidad su buen estado, que haya reserva, y explicar como funcionan…
Otros que siempre están pendientes son los radistas que pasan rastreando a los cuilios –Germán, will, Alex–, por lo general se levantan a encender los radios verdes y escuchar las diferentes frecuencias de las unidades que andan operando en la zona…, a veces por medio de ellos se detecta cuando están cerca de nuestro campamento, a qué batallón pertenecen, si es patrullaje de rutina, la cantidad…
También hay un compa, ya sea hombre o mujer trabajando en los radios naranjas, por lo general siempre están recibiendo mensajes de carácter más estratégico. En guazapa estaba Marilú y Yaneth. Estas radistas al igual que los que trabajan en los radios verdes siempre están en contacto directo con el responsable del campamento.
Y a los que no nos tocó patrullar y tenemos que hacer otras tareas nos incorporamos a hacer ejercicio, –incluso si todo está tranquilo el responsable dirige el ejercicio– que dura aproximadamente 45 min.
Posteriormente nos duchábamos en un ojo de agua que teníamos cerca del campamento y que nos caía a todo dar después del ejercicio. Mientras los cocineros estaban preparando el desayuno.
Recuerdo que cuando veníamos de bañar nos quedaba de paso la cocina y muchos nos pasábamos a tomar un café. Aunque esto no le gustaba al responsable ya que éramos pocos y no podíamos estar siempre agrupados en la cocina, esto era más que nada por medidas de seguridad.
Entonces por lo general alguien se quedaba haciendo el café y los demás subíamos al campamento a esperar el café y el desayuno de Fermín que nos caía a todo dar… 
Posteriormente nos incorporábamos a nuestras labores, en mi caso al taller de explosivos a revisar minas, hacer moldes, mezclas, o a inventar algo para joder a los cuilios…
Me gustaba salir a patrullar en la mañana, aunque no lo hacía muy seguido por las tareas del taller. Pero cuando iba siempre encontrábamos alguna fruta ya que en la zona donde estábamos había de todo: mangos, plátanos, matasanos, guayabas, nances, zapotes… en fin cualquier cosa comíamos antes del desayuno.
Otra regla básica era no hablar muy fuerte en el campamento, ya que en las elevaciones parece que el sonido se propaga más. Esto ya lo habíamos aprendido. Cualquier compa tenía el derecho de llamarte la atención si estabas hablando fuerte; sobre todo si te escuchaban a una distancia considerable…
La otra medida de seguridad importante era no tender ropa de color en los espacios donde no había follaje. Esta medida por lo general había que cumplirla en una época del año, donde los arboles pierden sus hojas; ya que Guazapa tiene las características de una selva baja caducifolia. –Esto lo aprendí hoy después con el Compa y Biólogo Salvador Morelos–.
Ya para el mediodía, después de comer y si todo está tranquilo, además cuando la mayoría de compas está en el campamento se empiezan a hacer los grupitos y contar chistes, otros están limpiando su fusil o poniéndole polainas a sus zapatos burritos (para que parecieran botas gringas), cosiendo ropa, haciendo alguna funda para su navaja o cuchillo, calentando los tiros al sol… y los que estábamos acompañados nos dábamos un tiempo para estar a solas…
En esa fecha estaba recién acompañado con Yaneth –radista de los Radios Naranja–, ya que tenía un mes de haberse separado de Bonifacio nuestro médico y responsable político.
LOS AMATES
Yaneth no tenía pelos en la lengua. Decía lo que sentía con palabras y gestos, así era ella, directa, franca…
Cuando hacíamos el amor llegaba a los extremos:
respiración acelerada, estertores agónicos… ¡y de repente terminaba con risa incontrolable…!
Digo esto sin afán de denigrar, es más, si lo lee le daría risa; no es pudorosa. Pocas mujeres he visto tan desinhibidas como ella.
Bueno, la primera vez me sorprendí; admito que me desconcerté un poco; ya después me di cuenta que solo pasaba de vez en cuando, era parte de su forma de sentir. Iba de un extremo a otro.
Una vez nuestra unidad pasó un operativo y salimos en guinda del campamento, fue una semana en friega con el enemigo, chocamos varias veces en diferentes puntos, no nos daba tregua, íbamos de un lado a otro por una vaguada de Loma de Ramos…
Cuando terminó ese operativo nos quedamos a dormir en Los Amates, cerca del campamento que está al frente de Aguilares; y, la adrenalina acumulada se nos convirtió en deseo…
Dormimos en un lugar improvisado en esa zona, casi todos aglomerados, cerca unos de otros… Esa noche hicimos el amor de manera muy discreta, lo cual no iba con su manera de hacerlo; me di cuenta que no quedó satisfecha, porque eso de no hacer ruido no iba con ella.
Le propuse que saliéramos unos 50 metros para estar a solas; no lo pensó dos veces, y salimos cerca de una parra de bambú. Allí había una roca como de un metro de altura y de forma plana, como si fuera una plancha oval con su base enterrada…
Allí cabalgó sobre mí, sin reserva ni medida, a toda sus anchas, sin cuilios, sin dios y sin diablo; al aire libre, como una figura de constelación flotando y transcurriendo nada más… mirando hacia el picacho… y yo el cielo estrellado revuelto con hojas de amate…
¡Qué contradicción de los humanos!, a pesar de perder la noción del tiempo, esa noche la recuerdo mucho… Son parte de mi lenguaje las palabras amate-cielo estrellado, picacho-cabalgar, Guazapa-Loma de Ramos...

¡Qué contraste se da en los frentes!: tranquilidad relativa; y adrenalina al máximo.
Incluso si la situación está muy relax los compas se van a buscar frutas para ponerlas a madurar, –le llaman guaca–claro siempre tienen que avisar por donde andan, porque a veces las cosas cambian de repente.
Nosotros en Guazapa teníamos varios compas expertos en guaca –madurar frutas–, dentro de éstos estaban Joel, Adonay, El Viejo Fermín y Ramón mí ayudante del taller. Se notaba que estos compas habían crecido en el campo, por la experiencia que tenían a la hora de cortar las frutas; esto no es fácil. Decían ellos que hay que saber cuando la fruta está sazona; o sea lista para madurarse; tomaban en cuenta el color de ésta, y la época del año; ya que cada fruta tiene su temporada. Lo bonito de todo esto era que todos comíamos cuando estaba Madura.
Cuando empieza a oscurecer llegan lo postas y el siguiente turno se hace alrededor del campamento, mientras los demás compas nos reunimos para escuchar la Radio Venceremos y fumarnos un cigarrito, si hay. Por medio de la Radio nos informamos de las diferentes actividades realizadas en otros frentes, en las ciudades, y, sobre todo, servía de referente tanto político como militar... Qué difícil es recordar... lo crudo de la guerra me satura... aunque tengo varias notas escritas de ésta, las hago a un lado, porque están fuertes... por eso trato de recordar más la cotidianidad y convivencia... ¡Un abrazo a todos y compartan...¡
Edgardo(El Caballo)



2 comentarios:

  1. buenos recuerdos companero,lastima que tanto hemos cambiado y tanto faltaba por lograr,asi como ud recuerda,recuerdo a todos los compas caidos en la lucha y me dan ganas de llorar.

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    1. Desconozco si Fidel va a contestar este comentario, porque últimamente se ha ausentado de este blog. En mi opinión, todo cambio es bueno y necesario, porque nos permite tener una perspectiva más clara de las cosas. Pienso que debemos honrar la memoria de todxs nuestrxs muertxas sin romantizar demasiado o mitologizar.

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