domingo, 17 de agosto de 2014

Visita al norte de Morazán desde la zona del Cerro Cacahuatique

Visita al norte de Morazán desde la zona del Cerro Cacahuatique, reunión con Jonás, riesgos del camino con sus recompensas esperadas. Abril-Mayo 1989.

Por Fidel A. Romero "Fidel Zarco"

Alfredo estaba ya adaptado al trabajo de la zona, todos tenía su plan de trabajo incluyendo el colectivo militar que complementaba con el de expansión política.  El tiempo propicio para viajar al puesto de mando del norte del rio a reunión con el jefe era inmejorable.  Era una semana la que estaría fuera.  La caminada era larga, subir parte de la cara sur del cerro, descansar después de caminar una hora bajando la cara norte, puntos críticos del camino eran ampliamente conocidos por la unidad de Payin.  Este fue encontrado en la cúspide en el cafetal acostumbrado, me acompañaban Adonay el Carboncito y Luis en aquel viaje.  Esto daba alguna independencia en el movimiento. Al encontrarnos en aquella noche obscura, Payin dijo después del acostumbrado apretón de manos:

-Tenemos dos alternativas, una es caminar un poco hasta la escuela, dormir ahí y luego salir tipo 4 de la mañana, para pasar el rio tipo una de la tarde.  El camino está limpio porque lo acabamos de pasar, la otra es dormir aquí donde estamos, pero este cafetal es super helado y nos va a zumbar el frio, no dormiremos tranquilo y estaremos desvelados caminando mañana, ¿Qué dice, cuál de las dos?

-Fíjate Payin que ninguna de las dos propuestas me parece correcto que hagamos.  Es mejor que aprovechemos un rato para caminar lo explorado del camino que ustedes tienen, acampamos en algún monte espeso charraloso cerca de la escuela, cinco de la mañana nos levantamos y pasamos paralelo al camino de la escuela, a no ser que tengamos información fresca de alguna base, podríamos caminar por la calle.
Payin ante la penumbra que daba una lámpara cubierta con una pantalla que filtraba la luz por un punto que hacia verse como luciérnaga a distancia, sonríe y sube una ceja para luego decir:

-Es correcto lo que usted dice, el punto crítico de esta noche es la escuela, la vimos sin soldados pero nada nos garantiza que ellos puedan llegar de noche para sorprender a alguien en ese paso, ponen dos postas de a dos en cada trinchera.  Caminemos entonces, hay un lugar a 300 metros de la escuela donde podemos amanecer dormidos sin despertar sospechas de esos hombres, luego enviare a un compa a la casa vecina para que nos informen de alguna novedad.

Caminamos un par de hora, bajamos aquel camino con gran pendiente del terreno, hasta llegar al lugar definido, estuvimos en silencio unos cinco minutos antes de penetral aquel terreno breñaloso sin señales de ser transitado, dormimos como tronco desperté después de las cinco, todos estaban listos con sus respectivas mochilas regados sin hacer bulla.  Payin se acerca y dice:

-Anoche la hubiéramos hartado la que no queríamos, los soldados acaban de salir de la escuela rumbo a san Simón, la base vecina nos informó, están preparando el desayuno mientras esos señores se alejan para ir nosotros cuidándoles la retaguardia por un rato.  El camino estará tranquilo hasta el Rio.  Se cumple del dicho popular que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

-Porque no me despertaste?
-Somos suficientes para darle seguridad mientras duerme aunque tengamos a 300 metros tropa enemiga, pero también, ellos jamás sospecharan que dormimos aquí.

-Gracias Payin, necesitaría un café de altura recién hecho, el café listo me da acides en mi garganta.
-Tendremos buen desayuno con café de altura, la próxima comida la haremos en Torola.  Todos saben que usted va a pasar por la noche, mi plan es que lleguemos al pueblo tipo 5 de la tarde para que tengan tiempo 
de bañar y lavar en la pila, coman buena cena y duerman en el campamento que tanto lo extraña.

-Tienes buen plan Payin, veremos si aguantan mis huesos ese tirón, para caminar soy bueno pero no en estas cuestas y bajadas.  Al pasar el rio todo es cuesta hasta llegar al volcán torola, no se si tendré fuerzas suficientes para hacerlo de un solo tirón.

-No tenemos prisa, lo esperan hasta mañana, la indicación que tengo es que garantice su seguridad hasta Torola, luego enviaran por usted para llevarlo donde esta Jonás.

Todos devoramos aquel apetitoso desayuno con abundantes tortillas recién salidas del comal acompañadas de frijoles freídos con crema colada, mas terrones de queso fresco sin faltar el café de altura tibiecito.  Después de satisfacer el duodeno saciando el apetito, salimos en fila india, con distancia de 10 metros cada uno hasta llegar al rio cuando el sol recién pasaba del centro de su diurno recorrido.  Vimos el rio Torola como una serpiente negra a distancia, era preciosa la vista.  Ese Torola que muchas veces embravecido por lo caudaloso de sus aguas en invierno, parecía una serpiente inofensiva en verano.  El agua nos cubría arriba de las rodillas, fue cruzado sin quitarnos los zapatos y sin dificultad, caminamos un trecho hasta llegar a una casa para tomar agua fresca para luego seguir hasta el pueblo.  Nunca había sentido esa cuesta tan difícil, era el cansancio y la sensación de seguridad que todos sentíamos al cruzar aquella barrera natural del mayor territorio controlado que la guerrilla disponía.

Rio Torola-Morazán.  Foto sacada del Google imagen .

Habían compas bañando en la pila del pueblo.  Estos se apresuraron para dejar espacio a los recién llegados.  A poco rato de estar en el lugar descansando, llego Vejuquita con alimentos para todos, diciendo:
-Compa Fidel, esta comida es para los que acaban de llegar, dice Arnoldo que lo espera en el campamento para que descanse esta noche, todos quieren verlo.

-Gracias Vejuquita, por ahí les caigo al anochecer, después que bañe y seque un poco la ropa.
-Me prestas tu radista Payin, quiero mantener a Adonay de incógnita en este lugar.  Necesito pasar un mensaje.  Adonay lo cifra y tu radista lo pasa.

- Por supuesto que puede ocuparlo.
Adonay cifró el mensajito, que decía: Para Jonás, estoy en Torola, adonde puedo llegar hoy anocheciendo.  F. Fidel.
El mensaje fue pasado, la respuesta llego de inmediato en un par de bloques que al transcribirla  decía: Pueblo viejo-Perquin.
La cara de Adonay se puso muy alegre diciendo:

-Yo conozco el lugar, no necesitamos guía, en tres horas llegamos, solo necesitamos subir la cuesta del volcán que es una media hora por lo cansado que estamos, luego nos vamos deslizaditos en lo parejo hasta el Cerro Buenavista, nos metemos por cañaveral y luego una subidita esta el campamento de la comandancia.

-Hablas así porque tienes los pies de adolescente y alguien te está esperando en la base, no es cierto?
Adonay sonríe para luego decir:
-Tengo algo con la Donita, el asunto es que no se si en mi ausencia alguien haya ocupado esa posición aprovechando que no he estado.  Pero usted también lo están esperando, ya algo dijeron los de la base, usted no los conoce como se las ingenian para doble cifrar y pasarse los chambres.

Payin fue informado que nos marcharíamos, secaríamos la ropa en el camino con el calor del cuerpo, dejamos a Luisito con la recomendación que estuviera siempre con Arnoldo, pasaríamos por El al regreso, llegaría a la comandancia solo con Adonay, debido que El, formaba parte de los radistas de la base operativa depositarios de toda confianza y fidelidad.  

La cuesta del volcán Torola parecía más empinada que de costumbre, fue el esfuerzo mayor hasta llegar al campamento indicado.  Adonay se ubico con los radistas de la base con la recomendación de no trasmitir pero que podía ayudar a cifrar y descifrar.  La cocina estaba aun abierta, pasamos buscando el acostumbrado café de altura, Toñita dijo con una sonrisa cómplice:

-Esta si es sorpresa Fidel, Tita se pondrá contentísima, debe estar esperándolo.
Toñita era una compañera muy amigable que había trabajado largo tiempo en la cocina, sabia todos los secretos de aquella estructura y cuando encontraba cancha para hablar de amores platónicos, que no eran muchos, aprovechaba, veo que fija su mirada en el obscuro camino, viene una lámpara alumbrando bajito con su pantalla encubridora de la luz brillante, y exclama:

-Ve! Ahí viene, no se aguanto y vino a llevárselo para su chapita…
-Vea Toñita…Y, usted como sabe que no se aguanta para llevarme a su chapita…, Yo estoy que no me aguanto para ir a descansar y dormir hasta mañana…, viera como extraño la comodidad de compartir su lecho.  La tranquilidad que se siente estar en la profundidad de la retaguardia acompañado de la media naranja, después de estar ausente por largos 9 meses.

Instintivamente vuelvo a ver donde Toñita señalaba con su mirada, quedo un poco turbado al ver la silueta que se acerca hasta distinguir su caminar, su cabello en cola de macho con su característico movimiento decorando su cabeza.  Con una muy recatada y dulce sonrisa ella se acerca mostrando toda la ternura que es capaz de dar, desde que nos conocimos  y descubrimos el nexo ancestral que nos unía y que se expresaba en un instante, en un momento como aquel.

Casi 9 meses de ausencia, escuchando esporádicamente su voz al transmitir los mensajes diferidos en horas nocturnas a la estación del cerro Cacahuatique, la idea de hacerlo había sido del colectivo de comunicaciones estratégicas que se habían puesto de acuerdo, me gustaba escuchar aquellas transmisiones porque la mayoría de veces era ella quien lo hacía en forma directa, con su profesionalismo didáctico acostumbrado al hacer su trabajo con la dedicación y pasión que le imprimía.  Excidio era mi cómplice, más de alguna vez lo había sorprendido diciéndole todo bien, a lo cual ella respondía con un: si todo bien continuemos entonces.  Ya no tuve oídos para Antonia que se fue replegando disimuladamente guardando los últimos trastos de la cocina entendiendo la magia del momento.

No recuerdo si terminé el tazón de café que gentilmente Toñita había preparado para los dos recién llegados, pero sí recuerdo bien la noche soñada que añoraba en la soledad del cerro, que sublimaba aquellas energías entregándome a un trabajo sin tregua de reuniones y analices con los diferentes colectivos.  Amanecí el día siguiente un poco confuso, no reconocía el lugar, abro mis ojos y reconozco el lecho, era una puerta de madera que había servido de cama, me incorporo para cepillar mis dientes y veo que hay un plato con el desayuno y el tazón de café.  Devoro aquellos con la celeridad del momento ciento vergüenza por haber amanecido fondeado como borracho de pueblo.  Termino de calmar el apetito para presentarme a la champa de trabajo que acostumbraba estar siempre ocupada por el colectivo de CP con alguna de sus kilométricas reuniones. Ahí estaba Jonás terminando su desayuno, al verme dice:

-Supe que llegaste anoche, ¿Cómo dormiste?
-Para ser franco, he dormido como un tronco, acabo de despertar, estaba un poco confundido con el lugar hasta que reconocí la cama de Tita.  Con una sonrisa cómplice Jonás continúa diciendo:
-Ya me imagino, dormiste como tronco hasta entrada de la mañana, esa caminada es grosera, solo las ganas de llegar que tenias hicieron posible que adelantaras una noche.
-Lo importante es que ya estamos aquí y estoy listo para empezar de acuerdo a tus prioridades.


3 comentarios:

  1. Gracias estimado Fidel siempre que publicas algo lo leo emocionadamente y sigo enriquericiendo mi conocimiento sobre la historia de nuestra lucha ,gracias y saludos.

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    1. Es la memoria del camino que se traslada al campo cibernético y al papel con el propósito de compartir vivencias de una época azarosa que marcó para siempre a las personas de nuestra generación y la sociedad salvadoreña. Gracias por tu comentario, estimulan a completar un trabajo que como una misión colectiva estamos haciendo con la colaboración de otras personas con quienes coincidimos en ese camino .

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    2. exelente trabajo Fidel

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