jueves, 14 de agosto de 2014

LA HISTORIA DE JUAN NARVAEZ



Quisiera empezar mi relato con una breve descripción de lo que fue “los Lagartos”.
Mi papa Jose Luis Marin, fue el encargado del ingenio de azúcar y durante la zafra o
temporada se empleaban cerca de 200 trabajadores, me acuerdo que una vez llegó bien
contento que le dieron un bono porque la producción fue de más de 100,000 toneladas de
azúcar.

Los trabajadores, la mayoría trabajaba sólo para la temporada y también estaban los
peones de la hacienda, mi amigo Juan Narvaez fue uno de esos campesinos que trabajan la
tierra con la “Cuma” y les ponían la “tareya” la cual después de cumplirla, regresaban a casa
Juan Narvaez, en su infancia tuvo polio y raíz de eso quedó con la pierna izquierda con
defecto, lo cual le ocasionaba una forma bien característica de caminar.

Fue de esos personajes que si uno les preguntaba; hace cuanto tiempo que estas aquí, no lo
sabía, sólo decía “no sé, pero nací aquí y mi tatita nació aquí y mi nanita no sé dónde
Una vez que lo encontré, cuando regresaba de trabajar, le pregunté:

-“Oye Juan, y vos porque no compras zapatos en lugar de usar caites”
Juan con una gran sonrisa me contestó; “hay jefecito, no es el primero que me lo dice y
hasta mi mujer quiere que me ponga zapatos, pero primero no tengo para comprarlos y
estos caites ya tengo varios años de tenerlos, se acomodan a mi pata chueca, me los amarro
bien y no se me despegan, ya tengo varias veces que les he puesto llanta nueva porque se
me desgastan más de este lado”

Y decía; “estos caites protegen mis patas, sino miren al Tatarata (otro que tenía el mismo
defecto) como anda descalzo, todo el tiempo tiene el dedo gordo reventado y las uñas de
los otros dedos todas raspadas”

Yo me fui de Los lagartos, mi papa dejó de y trabajar allí ; pero Yo siempre llegaba de vez en
cuando a visitar mis amigos.

Una vez que llegué les pregunté por Juan Narvaez y me dijeron que se había muerto y que
murió loco, porque decía cuando estaba agonizando:
“quiero que me entierren con mi escapulario, mi cuma y mis caites”
Mucha enseñanza me ha dejado Juan Narvaez, nunca se acomplejó, nunca se quejó, decía
que era lindo vivir, tuvo mujer he hijos, vivió lo que le tocaba vivir. Pero la más grande
enseñanza fue en el cierre de la vida, cuando la gente decía que en su “locura” pedía que lo
enterraran con el

ESCAPULARIO: La carta de presentación a quien lo recibió en el otro lado y es como decirle
“Mira, he llevado todo el tiempo este escapulario, no me da pena decir y mostrar lo que
creo. He vivido mi vida con el derecho de llevarlo en mi pecho.”

LA CUMA: Herramienta con la que se ganó la vida, trabajo duro y cansado, mas nunca
protestó de su trabajo, que le dio el sustento para criar su familia. Me imagino que la cuma
se la quería llevar para mostrársela a quien lo recibió en el otro lado y decirle:

“Gracias por esta cuma, con ella me gané el sustento diario, alimenté y crie mi familia.”
LOS CAITES: Cuando niño, Juan Narvaez fue descalzo y hasta que tenia 12 o 14 años que lo
calzaron con caites y sintió la diferencia, especialmente con su pata chueca, como Juan le
decía. Me magino que quería mostrar los caites a quien lo recibió en el otro lado y decirle:

Es lo mas parecido al caite usado por el campesino de mis tiempos del siglo pasado.  Estos pies se ven bastante cuidados.  Por supuesto que no son como los de Juan Narvaez o de quienes nunca han usado zapatos.  FOto sacada de www.google.com.au/search?q=Los+caites+o+huaraches+del+campesino+Salvadoreño&start

“ Gracias por estos caites, me diste la enfermedad pero también me diste la cura”
EL ESCAPULARIO Y LOS CAITES SE LOS HECHARON EN EL CAJON,
MAS LA CUMA SE LA QUEDARON.

Como quisiera tener enfrente de mi sala las cosas que Juan Narvaez se quería llevar en el
cajón, para recordarme a mi mismo
“que no me da pena mostrar y decir lo que creo”
“Gracias Dios porque me das trabajo para ganarme le sustento diario”
“gracias Dios, que si das la enfermedad, también das la cura”

José Luis Marin Pineda
Jueves, 14 de Agosto de 2014

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