viernes, 7 de marzo de 2014

PRIMER CURSO PARA BRIGADISTAS EN EL FRENTE SUR III



Por Fidel A. Romero, "Fidel Zarco".
 

PARTE III (FINAL)

La puesta de sol era bellísima, nunca había visto algo igual: las olas se levantaban desde bien adentro y se convertían en un amplio lienzo blanco espumoso en constante movimiento hasta morir sus líneas en la arena; el espejismo de los celajes cambiando de tonalidad, reflejándose en los cristales inquietos de aquel manto azul.  La inmensidad del mar se confundía con el cielo en la línea del horizonte mientas el sol bajaba, lentamente, hasta desaparecer dejando diferentes multicolores tonos que iban de amarillo, rojizo hasta el gris que anunciaba la noche empujando hasta hacer desaparecer la luz del día.  Cuando la brisa empezó a calarnos y producir frio, nos regresamos a la casa de la reunión para descansar saboreando los apetitosos huevos de tortuga. Quien haya visto una puesta de tortugas sabe de la dificultad y lo fascinante del proceso: de noche, mejor sin luna llena para proteger su intimidad, las tortugas salen de las profundidades del océano y se arrastran por la playa hasta encontrar el lugar adecuado para la puesta.  Una vez allí, empiezan a excavar con sus aletas para formar el nido. Pacientemente, con su cara y cuerpo embadurnados de arena y “llorando” por el esfuerzo realizado, la tortuga hembra deposita, uno tras otro, un centenar de huevos similares a pelotas de ping pong.


De regreso al campamento del tanque de El Zálamo, al chelito Gonzalo se le reportó el inicio del curso de brigadistas para el día siguiente a las 2 PM; se necesitaría abastecimiento para 30 muchachos del área de El Jobo, más los que ya estaban en El Zálamo; serian unas 40-45 personas en total si incluíamos los que se agregaran de los acampados.

Pidan en la cocina abastecimiento para 50 personas; es mejor que organicen su propia cocina  y se abastecen de la central dijo Gonzalo con una expresión formal.

Las estructuras en formación tenían su propio local, también la brigada médica que 4 días antes había acondicionado el suyo, en el que se estaría inaugurando al día siguiente el cursillo a los milicianos. Había alguna curiosidad de ver cómo es que trabajaríamos para formarlos.  Con Gina hicimos un horario de trabajo a cumplir durante cada día de las dos semanas que estimábamos duraría ese entrenamiento, que incluía: ejercicios físicos por dos horas incluyendo aseo personal; tiempo de alimentarse; clases teóricas; clases prácticas; clases político-ideológicas; evaluación del trabajo diario, y señalamientos a fallas u observaciones al trabajo realizado durante el día, etc.  Aquel curso para mí era el más completo desarrollado hasta la fecha por las Brigadas Médicas de la organización, porque dispondría de dos semanas para conocer las habilidades y disposición de los participantes, además de obtener algún compromiso de mayor nivel de participación al final.  Todo marchaba como había sido planeado, “como relojito”, que era la frase que se estaba acuñando en la estructura. El chelito nos había dicho que desarrolláramos el curso solo nosotros porque todos estaban bien ocupados y no había instructor militar disponible.  Las dos semanas de convivencia pasadas en El Quebracho Pando, habían sido aleccionadoras y de mucho aprendizaje en la disciplina, cumplimiento de tareas, además de los diferentes ejercicios físicos practicados en grupo obedeciendo al unisonó la indicación del instructor,  en donde siempre me integraba al matutino de una hora.  Ahora, y ante las limitaciones de personal para dirigir nuestros ejercicios y prácticas matutinas, fue necesario encabezar y dirigir los ejercicios. Los temas de las clases teóricas fueron divididos con Gina para tener algún tiempo de ver necesidades de consulta de personas del resto de estructuras.  De tal forma que todos/as estábamos saturados con el tiempo, bien ocupados y se sentía un ambiente “como de relojito” funcionando haciendo su trabajo.  Éramos como la vitrina de las estructuras acampadas en el lugar. Los transeúntes, que todos eran de las estructuras internas, al pasar por la calle contigua a la clínica, hasta se detenían a observar lo ocupado que estábamos en las clases y ejercicios.  Se sentía y respiraba un ambiente de aprovechamiento al máximo del recurso disponible en el periodo planificado.

Interrupción de nuestra rutina, no hubo almuerzo para los 45 cursillistas

Todo se desarrollaba con normalidad, hasta que un día llega un jefe extraño[1] en aquel lugar a tener una reunión con todos los mandos del suroriente, que se habían concentrado desde el día anterior.  Vi personas que no había visto antes: Al secretario del Partido, Villalobos, Chamba, Nicolás, Chicón, Roberto “Patas Cutas” de Tres Calles, al Chele César, y otros.  Todos tenían su seguridad personal sumando como unos 20 mandos, más la seguridad hacían un número parecido al nuestro.  El follaje de la arboleda que rodeaba la clínica fue la anfitriona de esa reunión de mandos y sin saberlo teníamos una fuerte vigilancia de seguridad en el lugar y convergía a escasos metros el trabajo nuestro con la planeación de los mandos del Frente.

En fila india irrumpimos en el local. Como de costumbre, a las 12:30 del mediodía, llegábamos a diario al interior de la casa para recibir el almuerzo que duraba media hora.  Como la columna no caminaba, se pasa la consigna preguntando qué pasaba con el almuerzo, regresando de inmediato la respuesta que no había tal almuerzo.  Todos estábamos hambrientos después de la jornada desde las 5 de la mañana. A la 1 PM teníamos clase teórica para terminar con alguna práctica de arrastre y luego terminar tipo 4 PM con la evaluación del día: … “El cumplimiento de actividades en la hora planificada, es de mucha importancia para formar el reflejo de la disciplina en principiantes” Carolina, brigadista que se incorporaba solamente a los matutinos y a las clases político-ideológicas, era la responsable del abastecimiento nuestro, incluyendo la alimentación.  Ese día habían destazado una vaca y todos estábamos programados, al menos mentalmente, a comer la carne asada con limón y un par de tortillas, pero todo se había esfumado. 

No hay comida y después les voy a explicar en la reunión de evaluación de la tarde nos decía ella con alguna incomodidad y una expresión de seguridad en lo que decía.

¡Compañeros, no hay comida! Pero eso no quiere decir que vamos a parar nuestro programa del día. Sólo haremos un pequeño cambio; no tendremos almuerzo; tomaremos diez grandes tragos de agua para calmar los ácidos que nos hacen sentir hambre y continuaremos con la clase teórica; luego hacemos la evaluación; terminaremos media hora más temprano y tendremos tiempo para lavar ropa después.

Bueno, si no hay de otra, pues sigamos dijeron varios.

Había observado el rojo inusual en la expresión facial de Carolina, quien nerviosamente volvía la cabeza hacia la reunión de mandos que estaba a unos 20 metros bajo un frondoso árbol cuya sombra les cobijaba  del ardiente sol; además, ellos que saboreaban su almuerzo, nos miraban con alguna curiosidad. Sin entender mucho aquella escena, nos dirigimos al otro extremo para sentarnos a desarrollar el tema teórico después de tomar la abundante agua sugerida y calmar el duodeno de todos, que estaba en franca rebeldía. En el semicírculo de evaluación adelantada ese día, se hizo la introducción habitual para promover la participación de todos; nadie quedaba sin participar; era una práctica educativa de mucho aprendizaje, y ese día parecía que todos tenían mayor estímulo para expresar su inconformidad por la hambreada no programada.

Bien, compañeros, como hemos dicho antes, aquí todos somos iguales, nadie tiene privilegios y todos estamos aquí para dar nuestro aporte con la experiencia que cada uno tiene y hacer avanzar este proceso en función del cambio por una sociedad libre de injusticias y oportunistas.  Por favor, todos escuchen con atención lo que cada quien va a decir, todos los días se aprende algo nuevo, todos aprendemos de cada uno; los errores son buenos si nos enseñan para no repetirse.  Gina, por favor toma nota en el orden que la palabra es solicitada para ser justo y darla en orden.

¿Quién empieza?  Todos se miraban además de dirigir con algún disimulo su vista hacia Carolina, como si coincidían en tener una versión que explicara la falta de almuerzo ese día.  Ella, al sentir la presión del grupo, levantó la mano para iniciar su intervención:

Yo al igual que ustedes no tuve almuerzo, porque a  pesar que cociné la carne y todo estaba listo según el horario que tenemos, tiempito antes que ustedes, llegaron del otro grupo, de la reunión de mandos y me pidieron que les proporcionáramos el almuerzo, y como ustedes ven, ellos también están trabajando, en su reunión, que debe ser de mucha importancia.  Yo no pude negarles la comida, porque aquí todo es del pueblo y no me sentí con derecho de negarles un almuerzo —dijo Carolina, viendo a ambos grupos que deliberaban en sendos árboles vecinos, separados a lo sumo unos 20 metros. Se hizo un silencio de todos los cobijados en la sombra de ambos árboles.

Hasta ese momento, caí en la cuenta del bochorno visto en las mejillas de Carolina, al decirnos que tendríamos explicación a la hora de la evaluación y ahí la teníamos.  Según ella, había hecho lo correcto al alimentar al grupo de mandos y dejar su estructura sin almuerzo; los mandos tenían jerarquía como es natural, pero no el derecho a usar esa jerarquía para dejarnos sin comer, y más aún, nos habían visto trabajar sin descanso en nuestros ejercicios físicos combinados con las clases teóricas.  Era un momento difícil para salir todos satisfechos, pero si dejábamos pasar ese momento para orientar adecuadamente a aquel contingente en formación, no tendríamos otra oportunidad similar que produjera el mismo efecto. Todos esperaban un comentario de mi parte que coordinaba un punto difícil…Y entendiendo el momento pensé en sólo facilitar que todos expresaran su reacción ante la explicación de Carolina.

¡Bien! Hace un momento les comentaba que a diario todos aprendemos de todos; no he tenido experiencia en discutir algo parecido a lo que tenemos aquí; me alegra de sobremanera que estemos con hambre y que tratemos de explicarnos las razones si son justas o no.  Ustedes pueden ver varias cosas como resultado del simple hecho tomado por la responsable de proveernos el almuerzo, de dar ese almuerzo a otra estructura que no planeó su almuerzo con anticipación. Entre todos nos aclararemos este asunto…Y  es necesario que digan lo que piensen.

Se miraban entre sí, además de volver a ver al grupo vecino. Las opiniones fluyeron de todos, diciendo en resumen más o menos lo siguiente: “Ellos tienen derecho al almuerzo igual que nosotros, el problema es que nosotros quedamos sin comida. ¿Por qué llegaron a pedir la comida a Carolina…? Ella debió preguntar antes de decidir darla; ellos deben tener una cocina también; debieron planear como iban a comer; nosotros tenemos un plan hecho que seguimos que incluye alimento; sólo porque son los mandos de nosotros…”, etc.  Lo interesante de aquel momento era que los milicianos con sus opiniones no se inhibían, a pesar de estar a escasos metros del otro grupo que no se perdían palabra.

¡Bien, compañeros! A mi llegada a El Jobo hace dos días, tuve una información muy desagradable de la forma de proceder de un mando. Esto me ha dado en mucho qué pensar y por no ser parte de lo que estamos tratando, no debe ser ventilado aquí. Sin embargo, no saben cómo me alegra todas las opiniones que se han dicho. También incluyo todo lo expresado por Carolina, que con su decisión de no negar alimento a los mandos, nos tiene bien ocupados tratando de aprender de ese pequeño gran detalle.  Hay varios problemas en ese hecho que trataré de enumerar, y por favor Gina, me ayudas si algo se me escapa. Ella mueve la cabeza afirmativamente.

Primero decirles que a todos los felicito porque ya se ven los resultados del trabajo que hacemos; lo que han dicho, es la mejor muestra que han entendido nuestras clases no sólo en el campo de la salud, sino que también las charlas político-ideológicas Para seguir, no es lo mismo igualdad que igualitarismo. El mando decide en base a consulta y siguiendo criterios establecidos.  Los jefes tienen esa responsabilidad basados en la experiencia acumulada en su práctica, pero eso no les da derecho a hacer uso de su jerarquía o autoridad para obtener beneficios.  Aquí hay varios fallos cometidos: la confusión de Carolina para resolverle a los mandos sacrificando su propia tarea o responsabilidad con nuestra estructura.  No es problema alimentar a los mandos si ellos lo han planeado, el problema es tomar la comida de otra estructura que lo había planeado y trabajado dejándola sin su alimento.  Si estos hechos no los entendemos, no los señalamos y combatimos. Entonces nada estamos haciendo en el proceso que vivimos, ya que reproducimos las mismas injusticias del sistema que queremos derribar: el amiguismo, el tráfico de influencia, la falta de justicia, el servilismo y sometimiento de los de abajo, el abuso de poder, etc.  Aquí nadie en particular es dueño de este proceso, aunque sea mando o cuadro del Partido; aquí los dueños del proceso somos todos en conjunto que estamos dispuestos a dejar la piel y hasta la vida para erradicar la lacra de la injusticia e impunidad. Ya dije bastante tratando de resumir lo que ustedes han dicho.  Me gustaría algún agregado si lo hubiese.  Carolina levanta la mano al igual que Gina.

Compa Fidel, déjeme decirles a todos que yo estaba bien confundida.  Lo que han dicho todos es una gran lección para mí; yo debí haber preguntado a ustedes los responsables del grupo primero antes de darles la comida a los mandos; ellos tenían que haber planeado su propia comida desde ayer que todos llegaron; yo cometí el error de darla sin preguntar, y ellos también por haberla pedido sin  pensar que a todos nos dejaban sin comer, les pido disculpas a todos y no volverá a pasar esto.

Gina dijo: “todos estamos aprendiendo, aprendiendo de las fallas que cometemos a diario pero debemos estar alertas para sacar ese conocimiento que se produce en la interacción humana.  Yo he sido testigo, de varias cosa que pasan de más de alguna persona que por tener responsabilidad, se quieren pasar de listos y sacar provecho personal. Luchamos por hacer prevalecer la justicia y, no nos confundamos porque la justicia compete en todos los terrenos de nuestras vidas, no se refiere solo a los líos de los juzgados o el aparato de justicia.  Como lo ha dicho el compañero Fidel: Aquí nadie en particular es dueño de este proceso, aunque sea mando o cuadro del Partido, aquí los dueños del proceso somos todos en conjunto que estamos dispuestos a dejar la piel y hasta la vida por erradicar la lacra de la injusticia e impunidad…”
Ese día en esa reunión de evaluación, aprendí muchísimo en lo personal; el campesino cuando tiene la oportunidad de expresar libremente sus pensamientos, saca su sabiduría aunque cuestione el poder sin tapujos.   
La estructura de milicianos brigadistas, terminó su curso en forma brillante, dando un referente de disciplina al resto de campamentos en el lugar; consolidó su compromiso dando el salto a participar permanentemente cuando regresaron de sus tres días de permiso para visitar a sus familiares.  Al quedar solos en la clínica atendiendo las necesidades internas mientras los cursillistas estaban gozando de sus tres días de licencia, el Chelito Gonzalo me comentaba en el pocito de la chapernera:

El trabajo hecho en el curso de brigadistas ha dado los resultados que esperábamos aquí; nadie se les desertó en las dos semanas, y ahora ya tenemos para completar la estructura que haremos cuando regresen; todas las unidades tendrán brigadistas, cada escuadra, así como lo han hecho en Morazán.

Es un buen empiece Gonzalo; tuvimos la estabilidad para hacerlo continuo, aprovechando todo lo que se nos presentó para consolidar ese potencial que tienen.  Es necesario mantener la continuidad en la formación no sólo en lo técnico sino que también en lo político e ideológico.  Se seleccionaran de acuerdo a lo que vayan mostrando en la práctica.  En todos hay bastante interés, pero algunos son más aventajados y listos.  Esto debe ser aprovechado para forjarlos como compañeros y no deformar sus inquietudes.

Tres días más tarde, teníamos a todos con puntualidad en el campamento.  Toda la gente acampada estaba alegre al haber crecido con 30 compañeros más y tener un pelotón de brigadistas para ser distribuidos en las unidades a formarse para iniciar la misión que le correspondía al Frente Sur en la ofensiva, la cual había empezado con la toma e incendio del polvorín del cuartel de la Segunda Brigada de Infantería.  El sur oriente había estado metido en su propio quehacer logístico y en preparación de personal así como también planeación de los mandos con el secretario del Partido.

Chicón (Claudio Rabindranath Armijo), se acerca a la clínica para solicitar un gran favor. Necesitaba una ropa elegante y a su medida para salir a lo urbano a ultimar detalles para luego entrar y tomar la nueva fuerza que se estructuraría e iniciar su desplazamiento hacia los objetivos bajo su responsabilidad en el plan.  Chicón, su nombre lo dice, sobresalía ante todos por su estatura y modales urbanos.

No te sorprendas doctor pero he visto que llegó un miembro de ustedes de la brigada que creo es de mi tamaño y quiero pedirles que me hagan el favor de proporcionarme una ropa de cambio para salir con ropa diferente, si salgo así con la misma que entré, sería muy regón e irresponsabilidad de mi parte tomar riesgos innecesarios.

“El Pelícano” había llegado junto con Norman Martínez, “Angelito”, ambos miembros de la Brigada Médica y estudiantes de medicina. No recuerdo el nombre del Pelícano pero sí recuerdo que era un  gran basquetbolista, hijo de un magistrado decían, amigable, pelo lacio, tez trigueña y de una estatura similar a la de Chicón, pero con mucho más masa muscular y agilidad en su andar, se ríe diciéndole:

No tienes por qué dar mucha explicación, Chico, la ropa es para quien la necesite; sólo que cuando se me termine quiero que me consigan de mi medida.  Diciendo esas palabras  sacó una fina mudada de cambio, la cual se la entregó a Chicón.

En esos días había una gran movilidad de cuadros de lo urbano a lo rural.  Llegaba a diario personal que se iba estructurando según la experiencia que acumulaba.  En todo ese movimiento habían llegado los dos últimos miembros de la B.M.,estudiantes de medicina, además de Pepe “Obrero”, Carlos Asutram, Chepe Santos, Clarita, Claudia, Verónica con su prima Lupita de Santo Tomás, y otros que no recuerdo sus nombres. Casi todos eran conocidos de San Salvador, y los miraba que llegaban haciendo honor de principiantes en aquel nuevo ambiente, sin las facilidades de la ciudad que se expresaba en la condición física que mostraban en los primeros días.  Los guías de enlace entre la ciudad y lo rural tenían bastante trabajo para trasladarlos en parejas de dos, para no despertar sospecha.  En el Sur funcionaban dos guías que les había visto hacer su trabajo, un muchacho y una muchacha, bien jóvenes (Murica y Elisa).  Además de ellos, me sorprendió un día ver al Patanguito.  Este niño que no pasaba de sus 11 años, había sido mi enlace entre Morazán y San Salvador en el año anterior. Algunas veces llegaba al atardecer al apartamento en donde vivíamos con mi familia en la colonia Zacamil, para luego salir de madrugada hacia Morazán.  Este menor desempeñaba su trabajo con una gran mística, era sociable, su conducta era ejemplar, hablaba sólo si era necesario mostrando sabiduría en la interacción.  Conoció a mi esposa y mis dos pequeños hijos.

Me guiaba por veredas rurales evadiendo peligros en Morazán.  Ya acampado, siempre me buscaba donde yo estuviera y me tenía algún antojito especial (una galleta, un chocolate o algo así) por su relación con lo urbano se le facilitaba conseguir... Nunca contaba de su trabajo y contactos; sabía con exactitud los principios de compartimentación.... La prueba de fuego la pasó con alta calificación cuando cargado de correos del Frente Sur, fue capturado en San Miguel, supo escamotear los mensajes y dar una explicación no sólo coherente, sino que convincente a sus interrogadores que lo dejaron libre para que lo ametrallaran en la calle por el toque de queda.... Ahí se graduó con alta calificación en lo conspirativo, salvado únicamente por el trabajo de equipo y valores de la militancia de ese entonces.

Fue de mucha alegría el verle e invitarle a que pasara la noche con nosotros para platicar sobre Morazán, que me actualizara sobre las nuevas del norte, y además, interesado en enviar algún correo que sabía era garantizada su entrega. Después que se fue nos dimos cuenta de su captura y su espectacular salvada en el toque de queda.[2]


[1] Joaquín Villalobos, quien llegó de incógnita para nosotros, su relación era sólo con la estructura de mandos, reunión de jefes de las tres zonas del sur oriente.  Era desconocido en el lugar, pero se distinguía por su estatura y su casi oficial uniforme que mostraban algunas fotos de la guerrilla urbana del ERP.
[2] Se marchó al norte después de iniciada la ofensiva del 10 enero de 1981. Cargando correos del Frente Sur fue capturado en San Miguel, fue interrogado y dejado libre a pocos minutos que entrara en vigencia el toque de queda.  Sin el tiempo suficiente para evitar ser ametrallado por las patrullas que andaban por las desiertas calles, corría el Patanguito hacia una casa de seguridad.  Un carro manejado por "el Lagarto Juancho" Manlio Armijo, quien sabia de la captura de él y merodeaba en los alrededores del lugar, lo recogió y salvó. Esta es una de las múltiples anécdotas en las que se jugó la vida este tipo de compas fundadores de los frentes de guerra.  El Patanguito creció y en todos los aspectos, ya que tomó responsabilidades de adulto desde muy temprana edad en la revolución. Ese esbelto muchacho de 170 cms de altura al momento de su muerte, era de los radistas de alta confianza y fidelidad.  Trabajaba en Joateca como radista de Leoncio Pichinte y habían preparado uno de los primeros fusiles cazabobo para dejarlo a las tropas de las FAES que venían en operativo al frente. El Patanguito no sabía del fusil y por evitar que se perdiera el arma, se lo cargó y una medida de rutina antes de tomar un arma es revisarla si está cargada. Eso hizo el Patanguito, explotándole y muriendo al instante... muy tristse estas historias pero es la realidad. No murió en un taller en Perquín, sino que en cualesquier lugar del área de Joateca, mostrando su amor por proteger lo que mucho costó conseguir: las armas del pueblo en rebeldía.

2 comentarios:

  1. Me interesa saber cuántos años tenía el Patanguito cuando murió?
    En que año murió?
    Su nombre verdadero? ( si es posible saberlo)
    Gracias!!!

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  2. Hola Cesar!
    Alguien me aviso de tu interés sobre mas datos sobre el Patango…?
    Pues bien, sabrás, si has leído sobre El, que fui uno de los que trabajaron de cerca con este muchacho y lo vi hasta pocos días antes de su muerte accidentada con un fusil cazabobos en la zona de Joateca. El ano no lo puedo precisar pero estoy seguro fue 1984 o 1985.
    Su nombre de Pila fue José Ernesto Velázquez y la edad era aproximada unos 18 años. Anos después de la guerra me di cuenta que dejó un hijo, a quien Quique, un médico internacionalista de origen ecuatoriano le prestó ayuda. Muchos tiempo después me di cuenta que este muchacho se convirtió en médico. Espero haber respondido aunque no con la precisión deseada.

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