miércoles, 5 de marzo de 2014

PRIMER CURSO PARA BRIGADISTAS EN EL FRENTE SUR (II)



Por Fidel A. Romero, "Fidel Zarco".

PARTE II

Fue muy grato encontrar a Georgina “Gina” de nuevo... Lo primero en decirle fue que se salvó del operativo en Morazán y del gran estrés del accidente de La Guacamaya; más fraternal no pudo ser aquel recibimiento en la casa de la familia de el Águila”[1] .  Gina, a quien había conocido un año antes en la estructura médica de la organización, era una estudiante de la facultad de medicina, de las más aventajadas de su curso, de piel morena, mirada altiva y ojos color de miel, pelo negro y corto, pequeña de estatura,  joven de unos 24 años; algunas veces la había visitado en su casa en San Salvador, pasando por ella para viajar al Frente en el oriente del país; era bien sociable y amigable, pero sobre todo con una gran disposición y entrega a la causa popular.  Ella había dejado a su pequeña hija de unos 3 años con instrucciones que si caía en combate, su hija tenía que ser educada y crecida por la organización. Devorando unas tortillas con sopa de pescado y jugo de limón, nos actualizamos del trabajo hecho y experiencias vividas en los 3 meses de su traslado.

En Conchagua los compas son bien aguerridos, hay bastante organización, no conocí muchos lugares porque me protegían bastante; hay brigadistas pero sin experiencia; di algunas charlas a un grupo de 10.  Algunos mandos son bastante machistas y uno quiso pasarse de listo conmigo, pero le dije que si insistía lo reportaría al Partido….  Sonreía escuchándola hasta que al final le dije:

¿Qué te hizo o intentaba hacer? No veo cómo un compañero campesino quiera aprovecharse de alguien con el roce urbano y profesional que tienes, a menos que tenga alguna obsesión mental porque entiendo que tú andabas en tu trabajo, y es más, algo dolida por haber sido trasladada del norte.

¡El muy fresco! Durante el día no me conocía, pero en la segunda noche que pasaba con ellos en Conchagua, llegó al rincón donde estaba durmiendo en mi nailon, se acostó y empezó a tocarme sin mediar palabra. Me asusté porque yo pensaba que estaba teniendo una pesadilla de mal gust; nunca pensé que un compa podría hacerme eso… Pero le pregunté qué le pasaba y me dijo que no había podido contenerse y que fuera suya, ¡habrase visto actitud tan descarada de abuso! Y lo peor que quise enfrentarlo el día siguiente y siempre evadió.  La siguiente noche llegó y de una sola vez quiso desabrocharme el jean… Me puse furiosa, encendí mi lámpara diciéndole que lo reportaría al Partido y se fue.  Su nombre es Jesús y su compañera es brigadista de nombre Vilma; es un jefe militar y ha sido cuilio quizás.

Es primera vez que escucho algo así, me cuesta creer lo que te pasó, pero ¿es posible que ese muchacho se haya confundido con alguna broma tuya?

¡No, Fidel!  Tú me conoces y sabes que bromeo sanamente y en público.  Precisamente eso es una de las cosas que me propuse al decidirme trabajar en lo rural y acamparme.  No permitir confusiones con los compas. Tú sabes que nosotros, incluyéndote, somos harina de otro costal por el roce urbano y trabajo que hacemos.  No somos santos,  tenemos sentimientos y emociones como todos, pero no se trata sólo de placerse sexualmente, sino que de tener compañía y compartir sentimientos más íntimos, así como había iniciado con Emiliano. Lo que pienso es estar pendiente porque si lo intentó con migo... Quiere decir que nada le impide que lo intente con otras compañeras… Y a la primera que se queje, hay que reportarlo.  Ese abuso no debe ser tolerado.  Pero mejor cuéntame sobre Morazán, ya dejemos esto, que me enfurece.  ¿Qué pasó después de mi venida?

Muchas cosas, cuando lo del taller de La Guacamaya, algunas semanas antes te habías salido del Frente; la invasión ya no la viviste; empezó por el poniente de la Calle Negra; rompimos cerco por Meanguera, y luego siguieron para El Escondido. Todo eso duró más de un mes. Fue algo diferente según los compas. Me fui con la gente de Joateca a deambular con más de cien personas por la frontera con Honduras; se había conseguido una vaca, hubo mucha hambre, hasta algunos se atrevieron a comer carne cruda; el ejército hondureño nos descubrió queriendo cocinar la vaca; salimos corriendo todos mientras Paco y dos más les hicieron frente; nos cubrieron la retirada, después nos sacaron con Alberto, a quien tú no conociste para irnos con los nicaragüenses.  Estuve casi un mes con Emiliano, aprendí bastante en una marcha militar que organizó y un campamento de sobrevivencia en Honduras, en un lugar que nos estábamos congelando.  Decía que era urgente que estuviera en Managua para resolver lo de los “hierros”… Gina suspira y deja salir sus pensamientos:

Qué pena que no tengamos una forma rápida de comunicación como radios walkie-talkie. Aquel no se hubiese ido y continuara en el frente.  Los “hierros” ya vinieron; hicieron 3 viajes; ha sido un gran trabajar pero todo mundo está contento.  Sólo esta zona tiene el privilegio de estar la mayoría armada; los traslados son lentos pero por lo menos en las zonas del sur hay más facilidad de que les llegue a tiempo.

Tino:”… Nos dotaron de ropa y lo necesario para reponer las energías perdidas.  Así fue como después de haber quebrado una regla de oro para salvar la vida de la tripulación del Marina I, el contacto y conecte se había logrado gracias al ciclón Herminia,  a finales de septiembre de 1980, cumpliéndose el sueño de mi madre”. 

Veo que tratas con familiaridad a Emiliano… A mi casi me sanciona porque hacia esfuerzo por no carcajearme en la marcha. Fíjate que habían confundido a unos caballos comiendo barrenillo con el ruido de botas militares, haciendo una gran alharaca, aumentando el estrés del camino con todos.  Y al final creo que se sintieron mal, debido a que sin mayor dificultad y dejando en evidencia el falto conocimiento del campo que ellos tenían, se les fue diagnosticado lo que realmente estaba pasando: Ellos iban bien tensos o estresados producto del operativo vivido sin tener mayor dotación de armas para la gente.  Gina se pone roja riéndose de la anécdota, y dice:

Me hubiese gustado haber estado ahí en esa marcha y creo que yo sí hubiese sido sancionada porque , así como lo cuentas, yo me carcajeo, ¡te lo juro!… La verdad es que me sentía sola e inicié una relación con él, pero la verdad la guerra separa y une… tal vez un día nos encontremos si regresa.

Sí, me contaste algo de eso en La Laguna, cuando Isaac y Maritza intercambiaban miradas colochas.

¡Aaaaah! Fíjate que de todos los nicas, sólo Isaac se regresó y sólo quedan dos incluyendo a Pedro, quien después del operativo se cambió de seudónimo: hoy es Mario Choco.

Bien, dejemos de chambrear y a lo nuestro. ¿Cuántos crees que logremos juntar para el curso de brigadistas? ¿Y en qué condición de compromiso están?

Seguros acampados y armados tenemos 10; aquí están incluidos los cuatro que encontraste en la clínica, que aquí entre nos, esa casita me pareció perfecta y se la pedí al chelito Gonzalo para la consulta y lugar de campamento central de la Brigada Médica.  Veremos cuántos llegan hoy y depende de lo que les planteamos para convencerlos de recibir el curso. Dice Gonzalo que si los convencemos para el curso, tendríamos dos semanas para definir su incorporación y que formen parte de la estructura militar que se hará.

Yo veo algunas ventajas en relación al norte donde he estado.  Aquí hay más nivel de escolaridad y los compas son más comunicativos: Pienso sería menos difícil para impartirles el curso, sólo falta el nivel de compromiso porque Morazán sí tiene eso, la gente está bien definida.

¿Cuál es la agenda a tratar en esta asamblea de muchachos/as potenciales para el curso y a ser brigadistas acampados?

Bien, fíjate que aquí todos son simpatizantes, lo que pasa es que no han dado el salto aún para estar acampados.  Tú sabes que la persecución o represión son las razones que obligan al campesino a buscar alternativas de salvarse de los operativos y cateos de la guardia con los soldados, debido a los reportes en muchas veces subjetivos[2] de  informantes u orejas, y así en Morazán en poco tiempo ha tenido a casi la mitad del departamento acampado y al resto a ser desplazado.

Eso es así Gina. Fíjate que después del operativo de octubre y cuando regresé al Quebracho Pando, porque ahora el punto rojo es en La Guacamaya, los compas estaban haciendo una limpieza en la zona que no entendía cómo era que confirmaban la información de culpabilidad… Y es que estaban muy dolidos con la muerte de varias familias y la quema de sus casas. Bien, pero hablemos mejor de la reunión y…

¿Cuál sería la agenda a tratar con ellos? Entiendo que algo se les ha adelantado para que vengan a esta asamblea de jóvenes.

La agenda sería: presentarte como el médico que trabajará en este Frente, algunas palabras de bienvenida y lo del curso a desarrollarse en dos semanas a empezar en dos días.

Según la experiencia previa en Morazán, el procedimiento para juntar cursillistas era darles los requisitos a los jefes de zonas o de pelotón para que ellos los seleccionaran.  Había gran cooperación de los jefes, pero aquí lo diferente era que teníamos que convencer a jóvenes que aún no estaban acampados.  Esta experiencia era nueva ya que no era sólo de motivación y deseo de aprender cosas nuevas relacionadas con la salud, sino que también de saber hacer un planteamiento para que trasformaran esa simpatía en participación militante en las unidades militares a formarse. Gina condujo la asamblea de jóvenes. Todos eran muchachos del lugar; habían alrededor de unos 30; me llamó la atención que sólo Gina era mujer en aquella reunión.  Todos estaban atentos a sus palabras que estaban enfocadas a la necesidad de aprender y esforzarse cada día más en función de dar mejor servicio a quien lo necesitara en donde fuese. Me imagino que deben tener preguntas, dijo Gina; es bueno las hagan ahora…

¿Cuánto tiempo durarían las clases y qué haremos al terminar el curso?
Era la pregunta que estaba esperando desde que se inició aquella reunión.  Sin mostrar sorpresa  pedí la palabra ya que era la norma en aquel tipo de reuniones.  La palabra se pedía levantando la mano y esperando que quien coordinara diera el tiempo para hablar.  Mirándolos a todos de lado a lado en el semicírculo y tratando de simplificar la respuesta, expresé más o menos lo siguiente:

La que tú has hecho, es la pregunta del millón; es bien importante, y supongo que todos quieren tener claridad de la respuesta. Primero me gustaría conocer el nombre de quién hizo la pregunta.

Me llamo Dimas[3], y vivo cerca de aquí, tengo mujer y dos hijos pequeños.

Bien Dimas, tenemos algo en común, tengo esposa y dos hijos, el menor apenas cumplía un mes de nacido cuando tuve que irme de la casa para Morazán.  La gran ventaja que todos ustedes tienen sobre mí es que están en la zona y cualesquier día pueden visitar sus familias o ellos pueden visitarles a ustedes en el campamento; yo no puedo darme ese gusto que considero es un lujo, y le digo lujo porque está por empezar la guerra civil en donde tenemos que dar todo lo que podamos para vencer y cambiar las condiciones de miseria en que vive la clase trabajadora.  El curso, le comentaba a Gina antes que ustedes llegaran, podría durar alrededor de dos semanas según mi experiencia, pero veo una ventaja en este lugar que es que hay mejores niveles de escolaridad, saben leer y escribir, y esto les podría facilitar tomar algunos apuntes para repasar en sus tiempos libres.  Empezaremos en dos días y trabajaremos de sol a sol en clases teóricas y prácticas, agregaremos también ejercicios físicos.  Hay un programa a seguir hasta terminarlo. Pero dime, ¿he contestado tu pregunta, Dimas, y si tienen más preguntas?

Sí. Gracias, sólo que no pensaba que tendría esa respuesta que me ha calado bastante; eso de que nosotros tenemos ventajas… Es cierto, a ustedes les costaría más visitar la familia y correrían más riesgos.

Primero quiero decirles que aquí todos somos iguales, pero tenemos tareas diferentes de acuerdo a la experiencia de cada quien; la organización ubica a cada quien en correspondencia a las necesidades que hay en cada lugar.  Mi trabajo junto con Gina es formarlos a ustedes para poder tratar de emergencia y disminuir riesgos de que mueran, por ejemplo, los heridos. Ustedes saben que la sangre es vida y si se pierde rápido, también entra en riesgo de perder la vida; ustedes aprenderán a cómo tratar eso y más.  Sólo les haré dos preguntas: ¿Quieren aprender a ser brigadistas y poder ayudar a quien lo necesita? y, ¿estarán dispuestos a separarse por dos semanas de su familia para terminar el curso?

fue la respuesta casi en coro.

Bien, si conocen el tanque de El Zálamo, los esperamos pasado mañana a las 12 del día; comeremos juntos y a las propias dos de la tarde empezaremos las clases; el que tenga cuaderno y lápiz que los lleve, así como también una colcha, un plástico con una ropa de cambio.  No se preocupen si no pueden cubrir alguna de esas cosas que entre todos resolveremos.

La reunión fue terminada. Con Gina necesitábamos hacer evaluación de la asamblea. 

¿Qué tú crees de la disposición de estos muchachos?

Fíjate Fidel que estuvo buenísima, porque hicieron preguntas y creo se convencieron. En lo personal creo que si tenían alguna duda para las dos semanas, tú se las quitaste con tu respuesta de la ventaja de ellos al tener la familia cerca y sin mayores riesgos para verse; creo que los tendremos a todos en el curso; mis dudas se me han ido.

Bien, creo que hay que hablar con franqueza siempre, tú sabes que así es como se gana la credibilidad.  Ahora me gustaría ir a bañar a la playa de El Caracol y ver cómo es eso de las tortugas pone huevos en la arena.

“El Águila”[4] , que es del equipo de Tino (esto es compartimentado pero no importa que tú lo sepas) es experto en encontrar las huellas.  Él te podría explicar cómo es todo ese rollo, y veré si conseguimos algunos huevos para que comamos en la cena.

Yo sí tengo interés en conocer cómo es que las tortugas ponen los huevos y tendré que buscar a un pescador para que me explique[5] y creo estar en el lugar apropiado.
Nos dirigimos a la playa para tomar un baño acompañados de dos muchachos de la casa. Eran las cinco de la tarde cuando llegamos, aunque antes se notaba su cercanía por el rugir de las olas y el olor característico de la brisa marina que nos rodeaba.  La playita era pequeña; parecía privada porque sólo llegaban los pescadores del caserío adjunto en donde habíamos hecho la reunión con los jóvenes.


[1] Un compañero pescador del lugar que formó parte del equipo de Tino, responsable para el traslado de “hierros”.
[2] Sin haber razones políticas, sólo fricciones personales en la mayoría de veces.
[3] Así fue el inicio de un compañero que se destacó en su participación como brigadista, como combatiente y como jefe de las fuerzas especiales.  Le decían Dimas “Pata Peluda”.
[4] Pescador experto del lugar, miembro del equipo de trabajo logístico compartimentado  y  dirigido por Tino.
[5] En la zona hay varios pescadores que también pepenan huevos de tortuga.  Las tortugas salen durante la noche a la playa para depositar sus huevos arriba de la línea de la marea, ponen hasta 15 docenas en un hoyo que ellas mismas abren y cubren con arena para proteger sus huevos.  El hambre de nosotros hace que conozcamos las huellas  que nos conducen al lugar del nido o la huaca de huevos, fue la experimentada narración del pescador.
Las tortugas suelen realizar de dos a siete puestas por año y luego descansan durante dos o tres años hasta las siguientes puestas. Tras 60 días de incubación, los huevos eclosionarán dando lugar a una nueva generación de tortugas. http://oceana.org/es/eu/prensa-e-informes/reportajes/migracion-de-las-tortugas-marinas


No hay comentarios.:

Publicar un comentario