lunes, 3 de marzo de 2014

PRIMER CURSO PARA BRIGADISTAS EN EL "FRENTE SUR" (I)


(Playa El Caracol, Gina; las tortugas ponedoras;Carolina y la comida para los mandos; Villalobos y sus cuadros).
 Por Fidel A. Romero, "Fidel Zarco".

PARTE I

El Frente Sur oriental a sus inicios estaba conformado por el trabajo de la organización hecho a todo lo largo de la costa del oriente del país; comprendía los departamentos de Usulután, San Miguel y La Unión.  Lo cruzaban las dos principales carreteras del país, carretera del Litoral y la Panamericana;  además, había numerosas calles secundarias y caminos vecinales, y muchos poblados.  La división geográfica con el Frente Nor oriental fue la carretera Panamericana.  Fueron bien conocidas las zonas iniciales de ese Frente: Jucuarán, Conchagua, Tres Calles.  Desde estos lugares se fue extendiendo el trabajo hacia todos los rumbos tales como El Tigre, San Francisco Javier, El Zamorano, el volcán Chaparrastique, generando trabajo en la periferia de las grandes ciudades como Usulután, San Miguel, Santiago de María y los centros neurálgicos de las principales carreteras del país ya mencionadas.  El mayor roce urbano, así como también la forma de subsistencia, marcaba la diferencia.  En el norte, la mayoría eran pequeños propietarios de terrenos que cultivaban la tierra y se convertían en braceros después de hacer los cultivos de subsistencia, mientras que en el sur la mayoría eran jornaleros la mayor parte del año, trabajaban en las grandes haciendas donde se cultivaba algodón, caña de azúcar y cafetales en las alturas intermedias del país.

Cada vez se palpaban las diferencias entre ambas zonas rurales. El sur con el norte. En el sur, las personas eran más comunicativas, aunque las estructuras estaban menos consolidadas debido a que los esfuerzos en ambos frentes no habían sido simultáneos. Además, supe que los responsables directos de ese trabajo habían sido Amelia Astorga[1] y Farid Aldana[2] ; que después que fueron capturados y desaparecidos, a dicho trabajo le hicieron reacomodos, lo cual tuvo sus efectos en el desarrollo organizativo y estructural del Frente.  El responsable de la zona era el “Chelito” Gonzalo, quien me recibió como todos los responsables en las zonas visitadas desde que hacía mi trabajo itinerante por todos los rincones de Morazán.  Todos eran bien amigables y se sentía el deseo de colaboración con la estructura de las B.M. (Brigadas Médicas). Gonzalo era un joven de unos 25 años, delgado, tez blanca, sonrisa abierta y movía continuamente sus párpados como si necesitara remover algo de sus ojos o humedecérselos; usaba sombrero de amplias alas y vestía como cualesquier compañero del lugar.

— Gina está en El Jobo, le gusta ese lugar por la cercanía a la playa y el trabajo de milicia que hay,  que aún no se han decidido a acamparse.  Ella ya estuvo en la zona de Conchagua por algunas semanas y hace dos se trasladó a El Zálamo, para coincidir con tu llegada y organizar los cursos aquí.

— ¿Tienes idea de cuántos estarán en el curso a desarrollar?

— Pues no. Pero entre más se integren a aprender lo que ustedes enseñan, es mejor.  Según comentarios de los que han llegado de Morazán a misión de traslados de “hierros”, ese curso ha sido de gran motivación para los acampados y atrae a los que aún no lo están, porque nunca ha habido algo parecido en estos lugares, y mucho menos en estos montarrascales.  Esta zona es de crecimiento y recepción de todo, de cuadros de lo urbano y de logística; está en constante crecimiento y muchos estarán aquí poco tiempo para luego ser redistribuidos según las necesidades que se presenten en los otros lugares de trabajo del Partido.

— ¿Dónde sería el lugar para acampar, desarrollar el curso y dónde el lugar donde se atenderían los compas que necesiten consulta?

— Aquí todo está alrededor del tanque de agua,  mantenemos seguridad en las alturas y posibles puntos críticos que utilizaría el enemigo para buscarnos. Puedes ocupar la casita de teja que le falta una pared, donde está una carreta.  Es el lugar céntrico para todas las estructuras y están cerca del tanque donde yo acampo.

— ¿Han tenido ustedes algún operativo en este lugar?

— Sólo una vez se han metido. La casita que te dije donde sería la clínica la quisieron quemar y sólo prendió fuego de un lado y se cayó un caído porque quemaron un horcón.  No les fue muy bien porque se les explotó un abanico.  Lo hizo un señor catequista[3]; eso ha moralizado a los acampados que evadían sin armas al enemigo.  Hoy es diferente porque tenemos los “hierros” y el que se compromete a cuidarlo se le da. Casi todos los acampados están armados,  por eso necesitamos luego los brigadistas para estructurar como lo han hecho en Morazán.  Hay cuatro compas que ya recibieron el curso en San Salvador pero no son suficientes; ellos están en esa casita y puedes informarte más con ellos…

Al llegar al lugar, veo unos cercos de piedra que rodeaban el solar donde al centro, en medio de una arboleda, estaba la casa.  Ésta, mejor lugar no podía tener: los cercos de piedra parecían trincheras en donde se podían parapetar fusileros incluso de pie, y la arboleda daba buena sombra y cobertura.  A la entrada, al lado de la casa, había una carreta para ser tirada por bueyes que me hizo recordar la de mi padre, y en la que muchas veces viajé con Emilio[4] al cerro El Taburete, al Palmo, a una finca de café a traer leña.  Era un viaje que duraba todo un día saliendo de madrugada de la casa y regresando ya casi anocheciendo. Saludo a todos al llegar; había 4 compas en aquel lugar, quienes lo mantenían todo limpio, alrededor y dentro de la casa, que estaba medio destruida.  Bien aseado aquel lugar…y ya preparado para albergar al grupo de milicianos que llegarían en tres días para formarse en los primeros auxilios e integrarse a las unidades que se estructurarían.
 
— Ya  lo estábamos esperando; aquí sólo estamos nosotros cinco con Erick, René, Douglas, Lolo y yo, que además del curso a recibir también trabajaría para organizar la alimentación del grupo.

— Bien, trabajaré aquí con ustedes y me gustaría ver todo lo que se tiene en medicinas y equipo. 
 
— Sí. Gina ha traído bastante que no se usa por no haber quien dé consultas; ella dice que no tiene experiencia suficiente, pero que usted si usará todo lo que hay aquí.

— Si alguno de ustedes conoce el lugar donde está Gina, me han dicho que de ahí se piensa traer el mayor número para el curso.  Me gustaría que alguno de ustedes me acompañara para estar en esa reunión.

— Podemos ir mañana por la mañana. Lolo y yo te acompañaremos; ahora debes descansar, me dice Erick.  ¡Aaah! Fíjate que hay un correo para el doctor que se llama Fidel y por lo que veo es tuyo…  Él era un catequista que había recibido cursos de primeros auxilios en el centro de El Castaño, donde también se formaban como catequistas al igual que el Centro de Formación Campesina de Los Naranjos, Jiquilisco.

Gina me había enviado un correo dándome  la bienvenida,  invitándome a El Jobo, cerca de El Caracol, para que asistiera a la primera reunión convocada de milicianos.  Era una asamblea en donde se reclutarían a los participantes del primer curso de brigadistas a realizar en el Frente Sur.  La playa El Caracol era una playita un poco clandestina, aledaña de la gran playa de El Espino.  Aparte de lo bondadosa que era para albergar a las tortugas[5] pone huevos que los lugareños vigilaban y colectaban para tener fuente de proteína en su humilde mesa familiar, también se había establecido como lugar de contacto y desembarco de los viajes logísticos del proyecto estratégico montado y ejecutado por Tino[6], siguiendo la línea del secretario del Partido  de abrir el mar a la logística estratégica. Era la insistencia del asesor nicaragüense Emiliano:… “Yo conozco los contactos, no entiendo por qué gran puta no las han mandado”… Y era su esfuerzo principal al plantearse salir de emergencia del frente para agilizar esos envíos de armas, pero la comunicación era lenta entre el exterior y el Frente rural.  Recordando la palabras de Quincho a mi regreso al Quebracho Pando, a finales de noviembre: “Todo se nos está juntando. Al parecer los hierros están en camino y necesitamos gente para el traslado, y este operativo que nos desbarató las estructuras que teníamos dislocadas, es como una limpia que en poco tiempo estaremos mejor.  Ahora tenemos que adaptarnos a otra situación, sobre el camino vemos cómo vamos saliendo.  Al parecer los que estaban no firmes se definieron con esta prueba que pasamos”… Tenía curiosidad de conocer aquella playita no sólo por conocer lo de las tortugas, sino que también de ver cómo era posible que llegaran los “hierros” por ahí.



Fidel:.. “Bueno, pero ¿cómo hiciste para recomponer el proyecto y cumplir con la misión encomendada de abrir el mar a la logística,  porque te vi un par de veces en El Caracol haciendo entregas de 3 tortugas ponedoras?”... 
Tino:…“Me presentaron con Víctor Zambrano, quien tenía una lancha en El Caracol. Víctor llegó a la casa de Alex, hermano de la Sandrita, a quien también vos conociste.  Pues bien, formamos otro equipo con Víctor, que era el más conocedor del mar, Alex, Águila, Gilberto y el moreno Rolando.  Con este nuevo equipo se hicieron prácticas de cómo romper las olas, entrar y salir, o sea en ambas direcciones, en la claridad y obscuridad.  Se determinó que no era necesario que yo hiciera esas maniobras peligrosas ya que todos los otros miembros del equipo eran expertos.  Hicimos varios intentos de contacto en Cosigüina entre junio y agosto de 1980, pero todos fallaban”…
En Octubre, como te decía, al salir a Playa Blanca en Punta Nata, fuimos capturados y llevados a la cárcel por 4 días a Corinto, en donde diferentes personas nos interrogaron en cuartos separados acusándonos de ser contrabandistas o contrarrevolucionarios.  Les despertaba sospecha el nombre de nuestra lancha “Marina I”.  Nadie del equipo se salía de las instrucciones dadas sobre qué decir. Yo sólo les dije que era compa y pedí hablar con el jefe. Ya teníamos 4 días presos y para no cansarte fueron 12 días desaparecidos que estuvimos”.
…“Después de recuperar fuerzas en la casa de seguridad en Managua, Nicaragua, el 31 de octubre, mero día de los brujos, estaba haciendo el primer viaje.  Habían valorado que tres viajes eran suficientes para ganar la guerra.  En total eran 28 toneladas de logística para transportar.  Se probó primero con fusiles y munición M1 y M2.   El segundo viaje se hizo el 23 de diciembre, y el último, el 27 de diciembre del 80.  Este incluía Fales, munición y un cañón 75.  El 10 de enero del 81 se hizo la ofensiva sin haber sido distribuido todo ese material”[7]….

De El Zálamo a El Jobo hay unas dos horas de camino.  El terreno también era quebrado, aunque no muy pronunciado como en el norte y caminando durante el día el desplazamiento se hizo rápido, acompañado por dos compas brigadistas, Lolo y Erick, conocedores del lugar. Llegamos a una casa de El Jobo donde estaba Gina esperando a los convocados en un ambiente acogedor.  La casa era humilde con un gran patio y se respiraba limpio por todos lados.  Bajo una frondosa sombra de un árbol con gran follaje, habían improvisado con unos tablones de desperdicios de aserradero unos bancos rudimentarios en semicírculo. Era la media tarde cuando llegué al lugar, aún no se había concentrado la milicia.  El tiempo fue aprovechado para un intercambio rápido con Gina sobre cómo ella miraba los niveles organizativos y compromisos de los acampados.  Después de todo, era de gran ventaja que ella estuviese en el sur, porque su opinión o apreciación era valiosa para adecuar un plan acelerado de trabajo y responder al momento de la estructuración de las unidades con sus respectivos brigadistas.


[1]  El 21 de junio de 1975 ocurrió una masacre, perpetrada por agentes de la guardia  nacional, en el cantón de Tres Calles (http://www.romerotrust.org.uk/documents/books/pensamiento%20teologico%20mons.pdf ) Ella, era sobreviviente de esa masacre.
[2] Los dos habían sido capturados y asesinados cuando viajaban en un bus, un año antes.
[3] Dieguito un señor de unos 50 años, de los primeros catequistas y fundadores del frente sur, era de mucha reputación en el sur por haber sido el primero que explotó un abanico en un operativo enemigo a la zona.  En esa oportunidad era acompañado de un miliciano de nombre Ernesto.
[4] Emilio Guadalupe Argueta, familiar y considerado como hermano ya que crecieron junto con Carlos como hermanos nuestros, dos miembros más de la familia.
[5] Habitualmente las tortugas desovan sus huevos en la tierra y tapan los huecos para su incubación.  En El Salvador anidan 4 especies de tortugas marinas: Carey, Baule, Prieta y Golfina, las cuales se encuentran en peligro de extinción según lista oficial.  A las pangas logísticas se les nombró como tortugas ponedoras por la estructura logística y mantenerla compartimentada.
[6] Remberto Centeno, conocido por Tino y originario de occidente. Constructor del aparato logístico estratégico del FMLN, y ex miembro del Comité Central del extinto PRS-ERP.
[7] Fragmentos, Tino. Entrevista realizada en N. Y., febrero de 2013 por Fidel A. Romero.

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