lunes, 10 de febrero de 2014

LA PRIMERA VEZ

Por Walter Rivera.




Aquella mañana del 24 de agosto de 1978 se notaba tranquila, o al menos así lo aparentaban los dos que caminaban por la acera en el centro de la ciudad, uno detrás del otro; así lo habían aprendido y ejercitado.  Por momentos, el ruido de los vehículos, el movimiento de la gente, los vendedores de periódicos, los buses repletos de pasajeros, hacía que uno de ellos se perdiera en el bullicio; los almacenes abriendo sus puertas; las vitrinas mostrando sus maniquíes ataviados con vestidos, pantalones, etc., etc.

Aquellos dos jóvenes caminaban casi indiferentes ante todo eso; pensaban en algo distinto.  Ricardo de 22 años recién cumplidos, estatura regular, piel morena, pelo un poco rizado, miró su reloj. Eran exactamente las 8:45 AM. Pensó que era buena hora.  José lo seguía a unos quince metros. También joven de unos 18 años; ambos eran de extracción social pobre.  Habían suspendido sus estudios y hoy harían algo que cambiaria radicalmente sus vidas.  La noche anterior, en la reunión, habían sido designados para cumplir la misión, su primera misión.  Tenían la información precisa y necesaria, y se había tomado la decisión de eliminar a un agente del enemigo, a uno de la dictadura.

Ricardo pensaba en cada paso del plan diseñado.  El sujeto andaba armado y era desconfiado.  El arma: una 45 milímetros.  Era su primera acción.  Los pensamientos se le aglutinaban desordenados y pensaba “no debo dejarme llevar por los impulsos; tengo que controlarlos”.  Revisaba el plan: José en la seguridad; la ruta de acercamiento; la de retirada; ruta de acceso y salida, por si habían problemas; la seguridad del enemigo; todo desfilaba por su mente como un rollo de película; la hora señalada: las 9:45 AM.  Según la información del seguimiento, el individuo tenia un grave error: era demasiado metódico en su vida; se sentía seguro; seguro de que nadie sabía de sus crímenes (como cobertura tenía un negocio de ropa).  Ricardo pensaba en lo que le habían dicho: “A la hora llegada no te vayas a ahuevar. Pensá en todos los crímenes que ha cometido ese tipo; así que sé enérgico… No nos han dejado otra alternativa más que pelear”.  ¡La primera acción!  ¡La graduación de un combatiente!

Vio nuevamente el reloj: 9:45 AM.  Estaba en el lugar preciso con el objetivo a la vista.  No dejaba de pensar “¿Y si me mata o me captura vivo?”“¡Huevos! ¡Eso nunca!”… “¿Y si quedo herido? ¿Qué va a pensar mi madre? ¡Se va a morir de pena!”.  La mente era un torbellino de pensamientos. “¿Mi trabajo? ¿Mi novia?”… Las manos le sudaban; un frío sudor le recorría por el cuerpo… Se limpió la frente con su pañuelo, levantó su mano derecha a la altura de su cintura y aquel contacto lo calmó un poco… Se sintió seguro… La browning nueve milímetros estaba justo en su lugar… Se produjo en su mente una rápida sucesión de recuerdos de las marchas reprimidas; los muertos; los heridos; los desaparecidos; una larga lista de acciones de represión poblaron su mente y pensó “¡Y este hijo de puta que no aparece! ¡Ya son las 9:15 AM! Voy a esperar diez minutos y si no viene me voy… ¡No puedo estar mucho tiempo aquí!”

Encendió un cigarrillo para calmarse un poco más.  Pensó en su preparación militar con el equipo de jóvenes como él: arme y desarme de pistolas; las posiciones de tiro; las propiedades combativas. Una vez más miró su reloj, eran las 9:20 AM.  El movimiento continuaba en la ciudad.  Aspiró el cigarrillo, y al expulsar la bocanada, de pronto vio entre el humo aparecer el vehículo pick up, y al timón el sujeto.  El pulso se le aceleró; las pupilas se le agrandaron; los sentidos en estado de máxima alerta.  Sintió el endurecimiento de sus músculos.  Arrojó lo que quedaba del cigarrillo, y pensó: “Debo caminar a su encuentro. Debo hacerlo, pase lo que pase… ¡O la victoria o la muerte!”

Comenzó a caminar con la vista fija en el objetivo.  El sujeto se había bajado del vehículo y -por tener mayor experiencia- había detectado el movimiento del joven que tenía a escasos 15-20 metros.  Sus miradas se encontraron en el preciso instante de cruzar la línea imaginaria que divide la vida y la muerte.  El individuo intentó sacar su arma.  Ricardo sintió el peso de su browning entre los dedos de su mano derecha y los cerró.  Levantó el arma al mismo tiempo que adoptaba la posición dos y apoyaba con su mano izquierda apuntando.  Sólo alcanzó a ver el rostro del sujeto que se transfiguraba en una mueca de miedo y terror, y entre su mano derecha asomaba el arma que había extraído de su cintura.  La ventaja había sido elocuente.  “La sorpresa –le habían dicho- es garantía de victoria”.

Sonó el primer disparo.  Ricardo vio entre el alza y la mira de la browning que impactó en el abdomen; el segundo disparo en el pecho, y el tercero, a la altura del hombro derecho.  Ya no pensaba más que en disparar.  Sintió que la sangre se le agolpaba en el cerebro.  Los oídos le rumbaban.  En una sucesión de segundos recordó las indicaciones de que nunca disparara todo el cargador, y se contuvo.  Vio como en una especie de cámara lenta que el sujeto fue desplomándose hacia delante poco a poco.  Aquellos segundos le parecían siglos… la ciudad quedó en vilo, suspendida, en silencio total.  Después reaccionó.  ¡La ciudad despertó! ¡La gente corrió! Las mujeres gritaron; los curiosos comenzaron a ver.  Entretanto, Ricardo se incorporó y empezó a caminar sintiendo que lo hacía como en un mundo nebuloso e irreal, y pensó: “¡Lo hice! ¡Lo logré!”.

A las 10:00 AM, José se había retirado según el plan.  No debían salir juntos.  Ricardo entró a una cafetería, se sentó y apoyó los codos en la mesa; ordenó un café y un sándwich de jamón.  Encendió su pequeño transistor para escuchar las noticias, pero no salió nada.  Le sirvieron lo ordenado; tomó un sorbo de café; se sintió bien y pensó: “Nunca volveré a sentir la emoción que he sentido hoy en toda mi vida”.



NOTA: Este es un pequeño homenaje a los cientos de mujeres y hombres de nuestro pueblo, que en un momento dado de sus vidas, tomaron la decisión de luchar con las armas en la mano, para lograr los cambios estructurales en nuestra patria.

Dedicado también a nuestros héroes caídos en el anonimato durante la lucha revolucionaria de nuestro pueblo-

1 comentario:

  1. RECUERDO ESA HISTORIA MUY BIEN BANESTE SALUDOS

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