domingo, 27 de octubre de 2013

LA FAMOSA ESCUELITA DEL "PECHE" (Parte I)

(Tareas política especiales de urgente solución: Estructura Especial para Custodia de Detenidos Internos y de Guerra, Escuela de Reeducación del Peche; Escuela Política para Neutralizar Prisioneros de Guerra).

Por Fidel Angel Romero, "Fidel Zarco".


La zona norte de Morazán, tenía como su frontera al sur, el rio Torola. En 1983 ya estaba consolidada la zona de control, se insistía en el término de zona liberada dada la estabilidad que se vivía en los cuatro rumbos cardinales del frente. Todas las posiciones enemigas fijas habían sido barridas y expulsadas desde 1982; el trabajo político con la población poco a poco se iba tornando en control también; los campamentos guerrilleros se mantenían compartimentados de la población y, algunos de las llamadas estructuras internas del frente, también eran compartimentadas no sólo de la población civil, sino que también de los mismos acampados. Hubo un operativo en agosto de 1983 que dejó como resultado mayor unidad con los habitantes del norte, mostrando los campamentos cerca de las vías de acceso con vehículos automotores; también los desplazamientos los hacíamos motorizados, cuidando de no abusar de la paciencia de los propietarios de los mismos.

El frente se convirtió en un pequeño estado, cada vez apareciendo más rubros que atender como: escuelas, desde la alfabetización en las estructuras internas de servicios, hasta llegar a la político-militar, además de una insipiente estructura alfabetizadora en las comunidades. Por la multitud de asuntos a atender a lo largo y ancho de la zona donde estaban dislocadas las estructuras del frente, inmersas en caseríos y pueblos. La estructura política de zonas y áreas estaba en revisión y reestructuración: la milicia, la fuerza militar estratégica en constante adecuación para las operaciones correspondientes. Las estructuras llamadas internas y de más compartimentación, la estructura zonal y de defensa del norte del departamento se rediseñaba, todo con el propósito de mejorar la administración y responder a las necesidades que se iban presentando.

A finales de noviembre de 1983, el peregrinar por las estructuras del frente se había hecho rutina. Todo militante debía pertenecer a un colectivo y desde que fui sacado de mis funciones políticas con la BRAZ para integrarme a tareas políticas especiales, no tenía mi colectivo definido. Fui integrado al colectivo de jefes de zona, aunque carecía de zona asignada, pero las discusiones evaluativas del trabajo que se desarrollaba en las mismas, eran harto interesante porque se ventilaban no sólo los asuntos de las personas acampadas, sino que también cómo se trabajaba al interior de los caseríos habitados por población civil. Ese colectivo era atendido por Luisa, quien pertenecía al colectivo de la C.P.

Mi trabajo que ejecutaba en las estructuras era reportado y revisado por diferentes miembros del colectivo de conducción, obedeciendo a la especialización de sus miembros; así, por ejemplo, como la responsable de inteligencia o la responsable del colectivo zonal que era la misma del sistema Venceremos por haber similitud en la creación de línea de propaganda promoviendo la organización; el trabajo especifico de los infiltres de la CIA, que atendía desde hacía varios meses, era seguido de cerca por la jefa de inteligencia, mientras que el de los soldados prisioneros no tenia mucha definición al igual que la escuela de reeducación del Peche. Como producto del trabajo político de masas y control zonal aparecían las llamadas “redes de informantes del enemigo” que anteriormente no se hacían notar; la BRAZ había barrido con muchas posiciones en grandes operaciones con masa de fuerza capturando no solamente armamento, sino que cada vez más tropa con sus oficiales del ejército enemigo. También en lo interno, aparecían algunos movimientos liberales de compañeros a otras zonas sin el consentimiento del jefe. Esto era considerado una falta a la disciplina y problema a corregir. Para responder a lo anterior, fueron formadas estructuras afines bajo conducción directa del colectivo de la comandancia nombrando personal o colectivos para tal fin, tales como: la estructura del Chele César para custodia de los infiltrados de la CIA, escuela de reeducación del Peche, su responsable le apodaban “El Peche”. Este formaba colectivo con Erazo y Jorge; la escuela especial de educación política a soldados prisioneros para un solo curso en Torola. De esa forma, se sistematizaría mejor el trabajo disminuyendo el tareísmo o las respuestas reactivas ante las necesidades que se presentaban.

Por haber regado el sudor caminando desde los años 80’ por aquellos parajes norteños, el paisaje con sus cerros, veredas y calles me eran familiares y podía desplazarme sin mayores dificultades en el frente del norte del Río Torola, y llegar a las estructuras por dos vías: por las calles y veredas convencionales, y algunas veces, a campo traviesa para ahorrar tiempo o para evitar algún riesgo ante alguna sospecha de infiltración enemiga. Para esos días había adoptado una escuadra formada por 7 niños provenientes de la escuelita de menores que en poco tiempo se desintegraría en la zona para entrar a funcionar en el refugio de Colomoncagua, Honduras. La formación de éstos sería completada desempeñando tareas de mensajeros y acompañantes, para que al final fueran integrados definitivamente a alguna estructura, en donde desarrollarían sus habilidades y aportar con la mística que les caracterizaba.

Todo al norte de Morazán se consideraba bajo control o territorio liberado, al cual llegaban los soldados eventualmente pero, con varios batallones, haciendo todo su ruido en su avance facilitando la recepción o eludirlos de acuerdo a la conveniencia. La escuadra de menores, desempeñaban una labor importantísima como la de trasladar mensajes entre las estructuras internas; estos niños eran mis acompañantes en mis movimientos; salía con dos mientras el resto quedaba en el taller de prensa esperando misiones a desempeñar, ya fuera traslado de material de propaganda o correos de la comandancia. Nelson, uno de esos menores, fue como mi sombra en todos los movimientos hechos en el periodo de trabajos especiales y como responsable de zona después, hasta que se integró a las fuerzas especiales.

Sentía gran responsabilidad sobre mis hombros, por la diversidad de estructuras a visitar no solo para transmitir la línea política de la comandancia sino que también para revisar su funcionamiento y eficiencia en las tareas encomendadas. Estaba bien ocupado y hasta me sentía como bombero errante; aunque tenía mi horario de visitas, también debía responder a las necesidades que el colectivo de dirección me hacía llegar a través de correos con indicaciones precisas, o con reuniones bilaterales para explicar directamente algunas directrices consideradas necesarias hacerlas en esa forma, o inoportuno escribirlas. Las visitas eran en correspondencia a las necesidades o problemas que se presentaban; el paquete mayor era el relacionado con la estructura de Mariana (Responsable de inteligencia) y en lo concreto lo relacionado a infiltres a estructuras, redes de informadores en los caseríos bajo control que eran capturados y no siempre había el personal y tiempo para su seguimiento a fin de confirmar la inocencia o culpabilidad.

A) Escuela de reeducación del Peche

En Agosto de 1983, aun estando en La Poyeta, un niño correo llegó a la estructura de propaganda. El correíto, Excidio, un muchacho de unos 12-14 años, se detuvo en la entrada de la casa sin puerta que Ulises y yo ocupábamos como un lugar algo privado para trabajar y desarrollar reuniones. Poniéndose firme dijo:

-¡Permiso de hablar!

-Está bien. ¿Traes algún mensaje escrito? ¡Entra! -le contesta Ulises.

-La comandante Mariana dijo que ocupaba en este momento al compañero Fidel, y que suspenda todo lo que está haciendo y me acompañe hasta donde ella.

Como yo era el aludido vuelvo a ver a Ulises con una mirada inquisidora buscando una respuesta… ¿? Ulises como de costumbre, haciendo un esfuerzo para hablar fluido e interpretando la pregunta tácita hecha con la mirada, contesta:

-Es la comandancia, vete con este muchacho y como ya sé como son este tipo de llamadas, continuaremos cuando termines la tarea que de seguro te quieren explicar en forma directa.

Hasta ese momento, tenia largas reuniones bilaterales y con algunos colectivos con Ulises, como explicándome todas las estructuras que conformaban el frente, haciéndome énfasis en la necesidad de visitarlas llevando informes políticos además de evaluar sus actividades especificas. Habíamos estado juntos en algunos campamentos como en la escuelita de menores, en el taller de prensa, y otros en donde prácticamente yo era como un observador en inducción para ese tipo de trabajo; también a esa casa que nos servía de oficina, eran convocados algunos colectivos para trasladarles informes y revisar funcionamientos. La Poyeta, donde estaban ubicadas las estructuras internas, era una elevación cercana al cerrito La Cruz del Mozote, donde en diciembre de 1981 ocurrió una de las mayores masacres perpetradas por el ejército, en el marco de su política de tierra arrasada ejecutada en la guerra civil. Se podía llegar desde el taller de prensa por dos caminos, un callejón ocupado mayoritariamente por bestias cargadas y una vereda a campo traviesa, hecha por los correítos, que se necesitaba buena condición física transitarla. Ambas rutas de aproximación subían una cuesta empinada hasta terminar en una pequeña planicie, donde se había ubicado la comandancia con sus estructuras de apoyo (RV, comunicaciones estratégicas y operativas, Radios verdes e inteligencia militar, una cocina que les abastecía de alimentos, prensa tenía su propia cocina y era como la recepción publica para esas estructuras internas compartimentadas). Conocía los dos caminos pero siempre prefería usar la vereda por ser más encubierta, corta y compartimentada; caminaba tratando de que Excidio no me ganara ventajas en la cuesta, comentando o preguntándole que cuántas veces al día subía y bajaba ese camino…

-Pues las veces que sean necesarias pero a veces me gustaría hacer otras cosas como ir a otros lugares, si usted sale hoy… ¿Me lleva?

-Eso depende porque si no conozco el lugar donde es necesario me mueva, tendré que buscar un guía de entre la escuadrita de correos.

-Sí, yo conozco casi todos los lugares donde están las estructuras del frente, es seguro que hoy también sabré a donde tendrá que ir… ¿Me lleva?

Conocía a Excidio, como uno de los correos mejores y de confianza. Me había llamado la atención desde que una vez pasó una avioneta regando hojas volantes firmadas por un jefe militar como salvoconductos, haciendo llamados a la guerrilla a desertarse, que respetaría la vida y recibirían dinero a cambio. Pues Excidio cuando escuchó la música de la avioneta regando las volantes reaccionó de inmediato empezando un baile al son de esa música, comentando lo siguiente:

-¡Eso si que me gusta! La música, Duarte nos manda a alegrar con esa música, estos papeles son puras mentiras, porque nosotros estamos ganando la guerra, al principio andábamos huyendo por los montes desarmados y hoy para venirnos a buscar necesitan varios batallones y aviones, pero ni así nos pueden parar, la BRAZ esta barriendo por todos lados.

Esos comentarios objeticos del menor, no solamente expresaban su nivel político, sino que también su estado moral y anímico. Mejor respuesta no podía ser dada a las intenciones de ablandar la moral o promover la deserción por parte de los planes propagandísticos y de guerra psicológica que aplicaban. Así como este correíto reaccionaba, también lo hacían el resto de combatientes; las dificultades se daban mayoritariamente en el plano afectivo familiar o de pareja. Sin sentir la cuesta por la amena tertulia con Excidio y haciendo volar el pensamiento sobre la avioneta y él bailando, estábamos enfrente de la lona verde que servía de champa oficina de la comandancia; ahí estaba Mariana como siempre con una sonrisa de buenas y su mano derecha con el humeante cigarrillo, revisando papeles correos recibidos.

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