viernes, 2 de agosto de 2013

MEMORIAS

DECIRES DE PANCHITO
Por Abdulio Mulatillo.

Mis memorias de infancia, cuando yo era un niño, que no sabía leer ni escribir, pues no tuve la suerte de estudiar por culpa de mi padre, porque yo le pedía de favor que me pusiera a la escuela, y lo que él decía “no se come de la pluma, sino de la cuma; los que estudian son los güevones que no quieren trabajar”. Y desde ese momento fui rechazando a mi padre por lo que me dijo.

Yo desde cipote pensaba mucho; soñaba que peleaba con los guardias con corvo y pistola, y con las manos. Yo trabajaba mucho la tierra junto a mi papá. Sembrábamos maíz, maicillo y arroz; pero yo no lograba nada, porque él cuando recogía todo, todo lo vendía para mujeriar, y yo aguantando enfermedades, hambre, desvelos y penquiadas de él.

Cuando yo le pedía algo, me decía “¡No tengo!” Entonces le reclamaba, diciéndole “¡Tanto que trabajamos!”, y él contestaba “Pues así tenés que trabajar vos para vestirte y comer”.  Cuando yo lo amenazaba con que me iba a ir de la casa, él me decía que me iba a matar. Enojado, yo le respondía “¡Máteme!” Entonces fue que decidí ir a pepenar café de ese que botan en los cafetales y lo vendía para comprar pan o tamales, cuando los tamales valían cinco centavos y los buñuelos eran a dos por cinco, y vendían tres centavos de dulce de panela o azúcar, tres centavos de café puro molido, cinco centavos de carne, dos centavos de guineos majonchos (daban tres por centavo), las tortillas eran cuatro por cinco centavos y los tomates eran a cuatro por centavo.

ESPACIO
Por RENA.

En este pequeño espacio
mundo demente el mío
donde la palabra es corta
y el verbo tan solo alcanza
para dar cabida al nombre.

En este pequeño mundo
estero quien dio a mi infancia
un charco de tierra y mugre
aquí donde me ves
mi carne de barro y cielo.

Místico por el ayer
estoy invocando al hombre
quien no se vendió por nada
especie de sol naciente
halcón de la noche triste.

Imito el vuelo
sonriente de tocar sus alas
dispuesto a lanzarme al suelo
de ver mis nudos al puño
levantar la muerte tuya
junto a mi sangre de tierra y hambre.

Así de sencillo; fango
en vida al futuro impongo
hasta cristalizar el sueño
para el niño el desgastado
dispuesto a esperar la muerte
sostenida en una mano
y asir el abono al hueso.



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