domingo, 18 de agosto de 2013

Fragmento de mi Retrato de “La Carolina”

(Siempre me han fascinado las mujeres valientes, muero por ellas).

Por Yasser

La compañerita en la foto no es "la Carolina".


La mujer venía por la calle asfaltada con su andar dinámico y su pelo largo tirado en el pecho.  La lluvia pertinaz le corría por todo el cuerpo y se le mezclaba en el rostro con el sudor de la caminata.  Cuando iba abandonar la calle para entrar por el caminito que llegaba a su vivienda, descubrió unos camiones militares varados en plena carretera y un grueso número de efectivos encapotados que enfrentaban la tormenta aglomerados como zopilotes en el patio frontal de la tienda comunal.  Algunos niños comenzaban a agruparse bajo un árbol de amate, y a una señal de la mujer, comenzaron a moverse tras de ella.

Se paró frente a la tropa; se pasó una mano por la frente para apartarse el agua con sudor, y dijo con tono firme:

– ¿Quién es el jefe de ustedes? ¡Quiero hablar con el jefe!

Un capitán que estaba sentado en la pila de la tienda comprimió el rostro y apretó la empuñadura del fusil.  Muchos soldados que apuntaban sus fusiles al frente lo miraron de reojo.

– Ahora no venimos a hablar con usted, señora, –dijo el capitán, y dándole a su voz un tono drástico, añadió: “¡Ahora venimos a matar!”

– Oyen, niños –gritó la mujer, dirigiéndose a sus pequeños seguidores.  “¡Vayan a llamar a sus padres y díganles que estos hombres vienen con ganas de matar! Algunos pequeñuelos salieron corriendo y gritando por todo el asentamiento de refugiados.

– Bueno, señores –prosiguió la mujer–, yo sólo quería decirles  que se vayan de aquí inmediatamente. Nosotros somos una comunidad repatriada, somos civiles, no somos objetivo militar.

Algunos soldados se tapaban los oídos con las manos para no escuchar; otros sonreían como estúpidos, y otros más se mostraban impacientes y molestos. El capitán tenía una sonrisa indescifrable. Había gente movilizándose desde las viviendas de lámina y plástico hacia la calle, en dirección de la tropa. Toda era gente muy adulta o muy tierna: ancianos y niños. La juventud la representaban allí simpáticas muchachas embarazadas. Nadie llevaba palos ni piedras; iban con las manos vacías.



(Pequeño fragmento de un relato escrito en 1989, cuando todavía me llamaban Yasser)

2 comentarios:

  1. Yasser. recive.muchos saludos. si no me equivoco la chica de la foto.es hermana de Chila.

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    1. Correcto. Recibe muchos saludos de mi parte tamnién.

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