domingo, 16 de junio de 2013

ACCIDENTE EN EL TALLER DE EXPLOSIVOS DEL CANTÓN LA GUACAMAYA (III)

Por Fidel A. Romero, "Fidel Zarco".

TERCERA PARTE (Final)

El improvisado hospitalito había cambiado a mi regreso. Todo se veía limpio; los heridos habían comido y bebido; el hedor desagradable ya no lo era por los milagros de la creolina; se notaba el trabajo hecho por el equipo de brigadistas, “ya se graduaron con esta emergencia”, pensé para mí mismo. Vi las caras de desesperanza al verme llegar con casi las manos vacías y sin el esperado galeno empleado del ministerio de salud en aquel pueblo. Me entregan un correo que recién me mandaba Quincho en respuesta al mío, con un mensaje que podría resumir así:
En el taller de La Guacamaya.

Compañero Fidel, entiendo tu preocupación por lo escaso de materiales y personal que te puedan ayudar a resolver en atender a los heridos.  Envié un correo al Tortolico con la misión de encontrarlo y llevarlo al Escondido, calculo que el día de mañana por la tarde es posible que se junten, también le dije que recoja parte de materiales si hay en el área del torto.  Confío en todo lo que tú puedes hacer por los compañeros.  En unos días cuando haya pasado la emergencia allí, es necesario que te regreses a La Laguna y que Alberto se quede viendo los heridos. Con la inquebrantable decisión de luchar por la revolución salvadoreña hasta vencer o morir”. Quincho.

El mensaje estaba claro, tenía que operar a Chilo solo, sin ayuda y sin materiales. Los brigadistas observaban mis reacciones con el ceño fruncido expresando la incertidumbre del momento.  Como sonámbulo entré a la sala seguido del equipo de enfermeros improvisados.  Allí estaban todos sin quejarse. Eché un vistazo rápido a los cuerpos embarrados con ungüento y cubiertos con gasa; ví el trabajo intenso realizado por el equipo de brigadistas; observé a Chilo que estaba rodeado de sus familiares, quienes eran muchachos jóvenes, y un señor de mediana edad, que adivino por la semejanza que es su padre. Caminamos hacia ellos, diciendo a la vez:

- Excelente trabajo, muchachos. Me siento bien encontrar hecho todo lo que está a nuestro alcance, pero tenemos dos días más que son críticos para saber con certeza el efecto de nuestra labor traducida en franca recuperación de los compañeros.  Por el momento, es urgente atender a Chilo, y continúen ofreciendo líquidos al resto. Son las 4:00PM y sólo tenemos 2 horas de luz de día; se necesita actuar rápido, pero antes veremos qué pasa con Chilo.

Sin esconder mi expresión de incertidumbre informo a los parientes la situación real de expectativa de vida de Chilo:

- Siento de veras estar en esta situación de carestía para hacer mi trabajo y ayudarle; no tenemos materiales ni equipo adecuado para realizar la operación de laparotomía exploradora[1], no hay anestesia general ni local; nunca antes he hecho la operación que Chilo necesita, sólo he sido ayudante algunas veces en los hospitales, de tal forma que… En este punto soy interrumpido por una voz suave pero segura a la vez que una mano agarra la mía con fuerza, sintiendo la energía física y vital de los 20 años de Chilo, diciendo:Dios y usted me ayudarán a salir de este problema; yo me voy a aguantar el dolor; no necesita la anestesia; usted con la ayuda de Dios puede hacerlo”. Esa voz suave pero segura, acompañada del apretón de manos, sumada a la mirada suplicante, me dieron esperanza y fuerza para continuar explicando.

“El problema no es sólo de voluntad.  Me explicaré mejor: es necesario abrir más tu herida, agrandarla y revisar tus intestinos y parte de tus órganos; hay que corregir daños si los hay; lavar con mucho cuidado lo que está afuera y luego introducirlos a su lugar.  En todo ese proceso, que pudiera durar unas 2 horas, tendrías dolores agudos que, involuntariamente, sacarían los órganos impidiéndome introducirlos en su puesto y dificultando el cierre porque hay que suturar en tres planos tus capas de tejido para que te recuperes. Pero si hasta allí se hace bien todo, en estas condiciones que tenemos, podrían haber complicaciones[2] de infecciones que te llevarían rápido a la muerte.  Ese es el panorama”.

- Si es así, ayudamos a tenerlo entre los cuatro, dos en los pies y dos en las manos y cabeza, y usted hace su trabajo tranquilo. Le ponemos un trapo en la boca para que lo muerda y se aguante, pero hagámoslo ya, antes que se venga la oscurana - dijo mi tocayo, que hablaba como jefe de la familia.
- Haremos todo entre todos, acerquen esa mesa con el agua estéril[3]; todos a lavarse bien las manos hasta los codos; pongan la cama más al centro para que estemos a su alrededor; Rubén que se encargue de hacer posta y que nadie entre hasta donde estamos nosotros trabajando. Tú, Noé, serás mi ayudante. ¿Hiciste limpieza del abdomen de Chilo cuidando del agua hacia afuera de la herida?

- Sí.

- Estamos listos entonces. Hay que tener a la mano estas toallas esterilizadas de antemano, hervidas y secadas con plancha de carbón, que son buenas secantes para ver con rapidez el área que se descubra.

La herida donde salían los intestinos con su epiplón es unida con la quirúrgica vertical media, sin cuidar mucho lo de los planos. Se ve lo blanco de los tejidos que despacio se tiñen de rojo hasta alcanzar la capa que cubre los órganos internos, los cuales de inmediato salen por la tensión de los fuertes músculos del joven quien resiste con estoicismo, escuchándosele solamente una respiración gruesa y sin quejidos, sobresaliendo la edema de los que han estado de fuera por más de 24 horas, descubriéndose con algunas laceraciones sin perforación. Se revisa buen tramo a ambos extremos, encontrándolos limpios de lesión. Con mucha suavidad y después de haber lavado externamente, empieza la tarea que consideraba más difícil: mantener adentro de la cavidad los intestinos de tal forma que permita suturar por planos. No recuerdo exactamente cuánto tiempo duró aquella inusual intervención quirúrgica, pero sí recuerdo que cuando quise incorporarme y ponerme erect, no pude hacerlo.  La cama de cordeles de pita no tenía la altura adecuada, había hecho todo el trabajo encorvado, mi espalda estaba insensible y poco a poco fui enderezándome hasta quedar recto con un dolor que dije a mí mismo: esto debe ser minino comparado con lo sentido por Chilo sin la anestesia.

- Ahora solo nos queda esperar, controlar su temperatura y cubrirlo con antibiótico.

- Tengo uno embutido para algo especial - me comenta Noé. Lo saqué y está en la mesa. Era una caja conteniendo inyecciones con un nombre desconocido: gabroral. Veo que es de la familia de los amino glucósidos y sin tener opción le indico inyectar cada 12 horas. Al terminar cada suero se pone otro con el mismo goteo, nada por boca hasta que se tire un ventoso.  Todos me miran como si hubiese dicho algo inapropiado y les repito la frase: es importante que se controle la temperatura y que sepamos cuando pases aire por el ano que se llama ventoso o pedo, por favor avisas”.

Esa noche terminamos sacando la metralla de las piernas de Chilo; no recuerdo cuánto, pero en broma le decía que pesaba más por las piedras y pedazos de hierro que le sacamos. Tampoco recuerdo a qué horas terminamos pero sí que fuimos alumbrados con lámparas. Felipe nos llevó una caja de baterías y para que descansaran los brigadistas, él mismo se ofreció a alumbrarnos y hacer la primera hora de posta. Fue entonces que me dijo: “Antes que te vayas a descansar te doy una noticia buena. ¡Mañana por la tarde me han prometido traerme todo lo de la listita que me distes!

- No sabes lo que eso significa para la recuperación de los compas, Felipe.

- Claro que lo sé. Y por qué crees que la tendremos entonces, responde con una sonrisa cómplice.    
Fue imposible dormir ese rato de madrugada; eran muchas las emociones desde la noche anterior; la incertidumbre desde que recibí la orden de moverme al Escondido; el camino, lo visto en el lugar, y lo hecho hasta el momento. No pude conciliar el sueño; mi cabeza estuvo ocupada con todo aquello tratando de explicarme la decisión de Chilo y su familia, su sacrificio de soportar aquella grotesca operación[4]  realizada.  Fui en dos ocasiones a ver si dormía, a chequear su curación y signos vitales, su segundo suero aplicado; todo normal, había que esperar.

La tarea de extracción de la metralla continuó después del desayuno y chequeo a todos.  Se veían cambios; la temperatura había subido casi un grado en todos. Mis temores aumentaban sobre complicaciones. Nosotros continuábamos con aquel equipo nuevo de campesinos bajo entrenamiento práctico.  Todo era explicado a ellos la razón, hacían preguntas lógicas respondidas tratando de simplificar la explicación.  Noé, Alonso Y Rubén, además de ser los de mayor edad y experiencia, también lideraban la curiosidad por saber el paso a seguir. “Preocupémonos por hacer bien nuestro trabajo, como hasta ahora, esperemos resultados de franca mejoría a partir de mañana.  Esta leve subida de temperatura podría considerarse normal por la destrucción de tejido que tienen en las aéreas chamuscadas y lesiones de la metralla.  Hoy debemos terminar de extraerla a todos y espero que llegue ayuda para hacer la amputación.  Este muchacho sospecho que es quien más ha perdido sangre de todos, a partir del mediodía, y tan pronto lleguen las medicinas de Felipe, le aplican un suero para mantener vena, a pasar en 12 horas”.

¡Hola hermano! Me dijeron que estaban en apuros, según el correo. Vine al nomás enterarme”.  Fueron las primeras palabras de Alberto al llegar.  Venia sudorosos y caminando como un principiante de aquellos caminos. Se veía molido, pero no se quejaba. “Te estoy esperando como agua de mayo”, fue mi respuesta. Toma agua y vamos adentro para que veas y des tu pronóstico”. Se siente la alegría en todos los del lugar por la incorporación al trabajo del visitante.  Al saborear un huacal de puro café después de la rápida revisión, todos con Alberto y afuera de la casa bajo la sombra de un árbol escuchamos su pronóstico:

No debemos hacernos ilusiones, la mayoría se va, quizás 2 se salvan. Los recursos son demasiados limitados; tú sabes que hasta en los mejores hospitales del mundo este tipo de lesionados se complican y mueren”.
- Concuerdo con tu opinión pero siento que estamos ante algo diferente, una nueva experiencia en donde la juventud, el deseo de vivir con la ausencia de resistencias hacia cepas microbianas[5] serán nuestros mejores aliados.

Reflexivo, viendo lentamente hacia los lados y con un movimiento también lento con su cabeza, Alberto hace énfasis: “¡Nooo, hermanos! Trabajemos pero no seamos ilusos”.

Aquellas poco optimistas palabras fueron acompañadas con el fallecimiento del compa al momento que hacíamos la amputación, que aparte de su brazo también fue generosa la explosión cercenándole sus partes nobles y buen porcentaje de su piel.  Fue duro el escuchar las expresiones de dolor de la familia a quienes debimos convencer primero de lo necesario de hacer la amputación, de l imposibilidad de recuperar aquel demolido brazo; que era más importante la posibilidad de sobrevivir que conservar el brazo.  Muy diferente postura  sostenían los parientes de Chilo que todo era comprensión, cooperación, confianza, fe con estoicismo de guerrero espartano.

Era la medianoche de mi tercera noche sin dormir. Soy presa de pesimismo, siento deseos de llorar ¡y lloro! No sé por cuanto tiempo, sintiendo un calor interno en mi rostro y cabeza que invade todo mi cuerpo. Las lágrimas cálidas mojando mis mejías, un nudo en mi garganta, una terrible sensación de soledad. Abandonado de recursos y asistencia adecuada.  Es la crudeza de las limitaciones en el campo en un ambiente de preguerra, aunque según rumores, en Morazán durante ese año se ha ido instalando la guerra, que aún no está declarada.  Ahora sólo nos quedaban 7;  aquel muchacho fue el primer fallecido bajo mi cuidado en la guerra.  Los compañeros brigadista al amanecer observaban nuestras expresiones poco optimistas. En nuestro mutismo entendían la angustia de impotencia que  nos albergaba.  Y reflexioné:

…Cuánto recurso humano material hay en el centro médico nacional, en donde habían protestas para mejorar condiciones, pero en aquel incipiente frente rural de guerra, en La Guacamaya, estábamos a años luz de tener algunas mínimas condiciones para atender decentemente a aquellos que ofrendaban lo mejor para hacer avanzar el proceso, teniendo sólo la fe en un futuro mejor para su descendencia al ser parte de la mejora de la sociedad…

Mi estado anímico mejoró hasta una mañana que vi a Chilo, quien cumplía su segundo día de movilización temprana y tres de operado. Se movía para ir a orinar afuera, sin ocupar el bote,  y me dijo: “Compa Fidel, le informo que me han salido un par de pedos”.

- Bueno muchacho, es la mejor noticia que he recibido desde hace mucho, tenemos la mitad de la batalla ganada contigo, estás ya en franca recuperación y hoy inicias tus líquidos, mañana comida blanda y fuera ese suero.

El cuarto día recibo otro correo de Quincho que enviaba con dos guías que me acompañarían de regreso a La Laguna para organizar el desplazamiento de todos los heridos crónicos y recientes del sector oriente de la calle negra hacia El Escondido.  Ya era insostenible la situación y tenía que evacuarlos hacia La Guacamaya, en donde habían mejores condiciones para resguárdeselos en las estribaciones montañosas de los cerros, en cuevas. etc. No dejaba de preocuparme la situación dejada con los accidentados en el taller. Chilo en convalecencia, en dos días se le quitarían los puntos de la operación, el resto en franca mejoría pero aún podrían afectarse si se metían a cuevas con mayores limitaciones para su cuidado.

…Al terminar la guerra civil y comentarle al jefe del ciclo clínico de la Facultad de Medicina y jefe del servicio de cirugía del Hospital Rosales, me sugirió que incluyera esa operación hecha a Chilo, como parte de mis memorias a presentar por escrito a la Facultad de Medicina de El Salvador, como último requisito para optar al título de Doctor en Medicina, memorias presentadas en diciembre de 1992 con el título de: Una década de experiencias en el campo de la salud.  Ahí está descrita esta operación que el Dr. Melvin Guardado comentó no haber precedente en la historia de la cirugía, jamás había sido reportado algo similar.  Chilo, se salvó, pero no pudo salvarse de una emboscada enemiga al norte de La Unión 4 años más tarde….

A continuación, parte del testimonio de José Márquez “William” quien tenía 13 años y que es sobreviviente de ese accidente en La Guacamaya.

cuando entró el primer operativo del ejército a La Guacamaya que fue cuando masacraron a la familia de Felipe Torogoz el 22 de Octubre del 80, eso para tener un parámetro.     El accidente ocurrió en la casa del Sr. Esteban Guevara y la clínica se instaló en la casa de Efraín Márquez (este murió en la masacre del Mozote). Esta es la lista de fallecidos:   1.-Fulgencio Romero;  2.-Atilio Márquez (Tilo);  3.-Jacinto Sánchez;   4.-Alonso Márquez (Flamenco);  5.-Fabian Márquez (Fabio) estos 2 eran hermanos;   6.-Tereso de Jesús Pereira (Mario)  7.-Francisco Pereira (Rosa) estos dos últimos también eran hermanos. Recuerdo que fueron 8 muertos pero no recuerdo el nombre del otro.  Si te recuerdas el último que murió después que se le amputó el brazo y tenía cercenados sus partes nobles ese era Fabián Márquez[6].   Los heridos graves como tú ya sabes era Chilo el nombre real era Francisco Antonio Romero, también salió con quemaduras graves José Ángel Chicas (Teto) caído en el 82. Los brigadistas que recuerdo eran: Matías Argueta (Rubén) que conseguía medicinas porque él trabajaba en la clínica de Meanguera y también Roberto Sánchez (Zaqueo).  

… Hay una anécdota de los hermanos Pereira y es que días antes ellos cavaron una fosa para refugio anti aéreo, pero en realidad ellos cavaron su propia tumba porque en esa fosa fueron sepultados tres de los fallecidos en el caserío Los Planes. Además los hermanos Pereira también eran hijos de Don Fidel Romero[7], pero no de la mamá de Chilo...

…Bueno después de casi 33 años, creo que ya me falla la memoria, pero eso es lo que recuerdo, desafortunadamente ya somos unos pocos sobrevivientes que presenciamos ese hecho insólito; pero espero que te sirva la información y cualquier pregunta no dudes en contactarme.

Fraternalmente
José M. (William)

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[1] Una laparotomía se efectúa cuando los órganos internos, como el apéndice, los intestinos, el esófago, estómago, colon o vesícula biliar, se perforan debido a enfermedad o traumatismo. Se administra anestesia general. Se hace una incisión en el área inferior del abdomen. Las incisiones pueden efectuarse en la línea media entre el esternón y la parte baja del abdomen (el pubis), o transversas a través de la parte baja del mismo, dependiendo de la enfermedad sospechada o del área de traumatismo. Sin embargo, en sujetos con enfermedad poco clara o síntomas difusos, se usa una incisión en la línea media para explorar todo el abdomen. La incisión abarca la piel y los planos musculares, y se abren de modo que la cavidad abdominal se pueda visualizar directamente. Después de que se localiza la fuente del problema y se corrigen al usar procedimientos quirúrgicos estándar, la incisión se cierra con material de sutura quirúrgico (suturas) o grapas metálicas. Quizá sea imposible corregir el problema durante la laparotomía, y tal vez se requiera una intervención quirúrgica subsiguiente. Si hay afección del estómago o de los intestinos, se puede insertar un tubo de caucho o de plástico por la nariz y el esófago hasta el estómago para drenar el contenido mientras sana el área afectada. ( http://es.mdhealthresource.com/disability-guidelines/laparotomy)

[2] Las complicaciones comprenden alergia o respuestas anormales a anestesia, perforación no intencional de un órgano, sangrado excesivo, infección de la herida o sistémica, o formación de tejido cicatrizar interno y dolor crónico. Si hay peritonitis y no se trata con rapidez, puede conducir a insuficiencia de múltiples sistemas y muerte. La laparotomía tardía en presencia de traumatismo puede llevar a sangrado excesivo o mortífero.( http://es.mdhealthresource.com/disability-guidelines/laparotomy)

[3] Agua preparada artesanalmente hirviéndola y enfriada puesta en recipientes estériles.

[4] La cual está descrita en las memorias presentadas a la Facultad de Medicina de El Salvador como último requisito para optar al título de Doctor en Medicina. Memorias presentadas en Diciembre de 1993 con el título de: Una década de experiencias en el campo de la salud.

[5] No habían infecciones nosocomiales, muchos nunca habían conocido un hospital aún,

[6] Es quien se nos murió al momento de operarlo con Alberto.

[7] Mi tocayo, a quien recuerdo bien por tener mi mismo nombre, además de su espíritu de cooperación y temple para enfrentar la tragedia.

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