martes, 14 de mayo de 2013

La Manía Privatizadora o Asocios Público-Privados

Por Baneste



El verbo privar significa despojar a alguien de una cosa que le pertenece o sobre la cual tiene derecho, en su significado fundamental. Este verbo sirve de raíz a otras palabras, entre ellas, privatizar, que también es un verbo, cuyo significado es transferir una empresa o actividad pública al sector privado. Por sector privado se entiende al conglomerado que en la sociedad está compuesto por individuos o grupos de individuos que conforman empresas para lucrarse y obtener ganancias con el fin de enriquecerse, en contraposición al sector público que es administrado por el estado. En la sociedad también está el sector conocido como no-gubernamental, el cual (aunque es privado porque no pertenece al estado) no tiene como finalidad el lucrarse u obtener ganancias para enriquecerse.

El sector público lo componen las empresas del estado que se encargan de la producción, venta, aprovisionamiento, colocación y distribución de bienes y servicios a la ciudadanía, ya sea a nivel de municipio, de región o a nivel nacional. Las empresas estatales no le pertenecen al gobierno porque son financiadas con dinero de los contribuyentes, y el gobierno no debería tener la potestad de transferirlas al sector privado, a no ser que la transferencia fuera aprobada en un plebiscito nacional. Diferente a las empresas del sector privado, las del sector público no miden su eficiencia en el margen de sus ganancias, sino en la efectividad en la provisión de los bienes o servicios para las que fueron creadas; esto se debe a que su razón de ser es fundamentalmente social, no comercial. La supuesta ineficiencia de las empresas públicas es una falacia de los capitalistas voraces, porque en ninguna parte del mundo se ha visto que una empresa estatal se torne más eficiente por el sólo hecho de pasar a manos privadas. En la única instancia en que los capitalistas mejoran sus productos o servicios es cuando se ven amenazados por la competencia de otros capitalistas, y en tal caso generalmente ocurre que el más débil es absorbido por el más fuerte, trayendo como resultado el encarecimiento de los productos o servicios que comercializan. Además, la ineficiencia es bastante común también en muchas empresas privadas. En cualquier escenario, no habría razón por la que el estado no fuera capaz de mejorar la eficiencia de sus empresas sin tener que privatizarlas.

La manía privatizadora que se ha desbocado en contra de nuestro país ahora se presenta con la careta de Asocios Público-Privados, como si se tratara de la panacea novedosa que resolverá los problemas urgentes que enfrenta nuestra sociedad, entre otros, el bajo crecimiento económico y el desempleo. Pero esta variante privatizadora se originó en la década de 1980, habiendo sido Inglaterra en 1992, bajo el gobierno de John Major, el primer país donde se aprobó una ley para su implementación sistemática. Otros países que han impulsado este modelo privatizador son Australia, Canadá, Rusia y Nueva Zelanda, entre otros. En la India se ha impulsado este modelo de manera amplia. El aspecto central de los Asocios Público-Privados es que los inversionistas siempre obtienen tasas de ganancias superiores a las del gobierno, aunque todo el riesgo económico de los proyectos recae en el sector público.

En los países donde se han implementado los Asocios Público-Privados el costo de los bienes o servicios al consumidor no ha bajado; al contrario, ha aumentado exageradamente, hasta el punto de tornar insostenible los proyectos, al resultar imposible para los pobres, continuar pagando los elevados precios. Un ejemplo bastante ilustrativo es la privatización del servicio de agua de la ciudad de París, en donde en el año 2009 no les fue renovado el contrato a las corporaciones capitalistas que arbitrariamente elevaron las tarifas, al punto que después de un año de estar nuevamente bajo administración pública, el costo al consumidor se ha reducido hasta en un 10%. En Europa han sido muchísimos los fracasos de los APP (Asocios Públicos Privados), pero los inversionistas los siguen promoviendo, porque ellos siempre se llevan el botín, puesto que cuando la situación se ha tornado insostenible, el gobierno se ha visto forzado ha readquirir el proyecto a un precio exagerado, tal y como ocurrió con el Metro de Londres (Tren Subterráneo), el cual fue transferido a consorcios privados en 2003 para un periodo de treinta años, para su mantenimiento y modernización, aunque el proyecto fue readquirido por la municipalidad a un costo elevadísimo en 2010, tan sólo 7 años de corrida la concesión. Entre los APP que han fracasado sólo en Europa, se pueden mencionar:

1. Planta de Tratamiento de Agua de la ciudad de Zagreb, Croacia.

2. Red de Autopistas M1, M15 y M5 de Hungría.

3. Centro de deportes La Arena de la ciudad de Zagreb, Croacia.

4. El Palacio de las Artes de Budapest, Hungría.

5. Concesión del Sistema de Distribución de Agua de Sofía, Bulgaria.

6. Varias concesiones de distribución de agua en distintas ciudades de Francia, incluyendo París.

7. Sistema de hospitales en Inglaterra, Gales e Irlanda.

Referencias:

Public-Private Partnerships, Akintola Akintoye, Champika Liyanage y Suresh Renukappa.

Public-Private Partnerships in Europe, Andreas Kappeler y Mathiu Nemoz, 2010.

The Hidden Costs of Public-Private-Partnerships, Bankwatch.org.

Wikipedia.org

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