jueves, 25 de abril de 2013

EL GUERRILLERO, EL REVOLUCIONARIO Y EL HÉROE

Segunda Parte: EL REVOLUCIONARIO
Por Baneste.




Nadie ha podido definir con exactitud al ser revolucionario, por la simple y sencilla razón de que no existe un modelo único de este tipo de personalidad. Esto se debe a que cada proceso revolucionario, con sus particularidades especificas y contextos socio-históricos, desarrolla sus propios individuos revolucionarios, semejantes en muchos aspectos y a la vez diferentes en muchos otros. Pero sí se han destacado a través del tiempo algunas de las cualidades genéricas que caracterizan al ser revolucionario, independientemente del proceso y del contexto histórico. Dichas cualidades son:

1. Una sensibilidad social innata que le permite ser consciente del sufrimiento de cualquier persona en cualquier lugar.

2. Un anhelo inextinguible por la consecución de cambios radicales para transformar la realidad con el propósito de lograr el establecimiento de un régimen de igualdad y de justicia.

3. Una disposición muy noble a considerar primero el interés colectivo en anteposición al interés individual.

4. Disponibilidad incondicional al desarrollo de cualquier tarea que esté claramente enmarcada en el avance del proceso revolucionario, aunque implique sacrificios, incluyendo el de arriesgar la vida.

5. Un sentimiento sempiterno de fraternidad y solidaridad con hermanos-hermanas de lucha en cualquier rincón del mundo.

6. Sometimiento voluntario a la disciplina de la organización revolucionaria, fundamentado en la conciencia de su importancia para la preservación de la seguridad de la misma y del proceso, sin que esto limite su capacidad de observación y señalamiento de errores y desviaciones.

7. Conducta regida por valores elevados entre los que se destacan la honradez, la honestidad, la sencillez y la humildad.

8. Aceptación y práctica de la crítica y autocrítica.

9. Respeto a las creencias y tradiciones del pueblo, independientemente de su propio desarrollo político-ideológico.

10. Confianza en la consecución de la victoria.

Contrario a lo que mucha gente cree, el ser revolucionario no lo determina la vestimenta ni la inclinación a determinados gustos relacionados al arte, la alimentación o tendencias religiosas. Si así lo fuera, la cúpula dirigencial del FMLN (se visten de rojo) no estaría preparándose para aprobar la ley de Asocios Público-privados, la cual es la más reciente modalidad de privatización que ha devisado el neoliberalismo, ni estarían aptos a firmar el tratado AdA (Acuerdo de Asociación con la Unión Europea), el cual es una variación de TLC, ya que la naturaleza de las transnacionales capitalistas es la misma, sean de donde sean: su propósito es apropiarse de recursos vitales en Centroamérica para comercializarlos.

He conocido personas que se consideran revolucionarias, pero les espanta caminar por las callejas de los barrios pobres donde la miseria tiene cara de crimen y suciedad. No obstante, esas mismas personas se declaran representantes de los intereses de los más desposeídos y concurren a cualquier evento político o cultural de carácter izquierdozo, y coleccionan souvenirs, y fuman habanos en los recitales poéticos. Es decir que hay maneras muy cómodas y convenientes de ser revolucionario-revolucionaria, si diéramos como válida dicha lógica.

Por otra parte, está claro que la organización revolucionaria asigna sabiamente las tareas a cada quien de la manera más acorde a sus capacidades y desarrollo, lo cual es determinante para el avance del proceso, siendo la disposición al sacrificio el elemento común subyacente del militante, esté donde esté. Y eso es lo que determinaría que no todo revolucionario es guerrillero, ni mucho menos héroe.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario