martes, 1 de enero de 2013

LA APARICION DE UN SANTO


LA APARICION DE UN SANTO Y LA RELOCACION DE UN PUEBLO



En su libro El Salvador, Historia de sus Pueblos, Villas y Ciudades, el historiador y lingüista Jorge Larde y Larín, nos presenta un dato muy interesante, referente a una de las varias “técnicas” que los sacerdotes católicos españoles utilizaron para implantar el catolicismo entre los aborígenes de los territorios conquistados. El dato al que me refiero, es el siguiente, citado textualmente:

En la antigüedad, Tepeahua fue un lugar densamente poblado, pues en censos de 1550 figura con una población de 715 almas.

Mutación y cambio del nombre

El antiguo Tepeahua ocupaba el paraje hoy conocido con el nombre de Azacualpa, a 6 kilómetros al oeste de Jutiapa, en cuyo sitio se encuentran los testimonios arqueológicos pertinentes.

Aunque se ignora cuando fue trasladado a su asiento actual, se sabe por tradición, que la imagen de San Cristóbal apareció un buen día al pie de un frondoso árbol de “Flor Blanca" y que los religiosos dominicos que impartían doctrina en Tepeahua, consideraron ese hecho, efectuado por ellos mismos al amparo de las sombras de la noche, como un milagro indicador de que se debía mudar allí la población, construir una iglesia y jurar por patrono a dicho santo.

Impresionados los indígenas por el aparecimiento de la efigie de San Cristóbal, anuentemente se trasladaron a su nuevo asiento, conocido con el nombre de Jutiapa.

En idioma nahuat, Jutiapa significa "río de los jutes", pues proviene de juti, shuti, jute (un molusco), y apa, río.

La mutación, según parece, no fue total, pues algunos vecinos se quedaron habitando el antiguo Tepeahua, que por ser un paraje abandonado recibió el nombre de Azacualpa, término del idioma náhuat que significa "pueblo viejo".”

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