jueves, 4 de octubre de 2012

La Huelga General Obrera de Abril de 1967

DOCUMENTOS HITORICOS

La Huelga General Obrera de Abril de 1967

Salvador Cayetano Carpio

Fecha: San Salvador, 6 de agosto de 1967.

Fuente:

Texto ubicado y digitalizado por el Centro de Estudios Marxistas "Sarbelio Navarrete" (CEM); puesto en internet por el Servicio Informativo Ecuménico y Popular (SIEP), septiembre de 2009. Esta edición: Marxists Internet Archive, noviembre de 2010. Al citar o reproducir el documento, aparte de marxists.org, favor de mencionar al CEM y al SIEP como las fuentes originales de la versión digital.

I.

ANTECEDENTES

Eran las doce de la noche del 30 de noviembre de 1945... Sonaron los pitos de los trenes, anunciando el estallido de la huelga de los ferrocarrileros. A las cero horas un minuto, todo el sistema ferroviario del país estaba paralizado. Horas después, esta gran huelga terminaba con la obtención de las demandas presentadas...

Como ya era tradicional en el país, estas y otras huelgas, organizadas por los trabajadores de diversas industrias y gremios, durante los años 1944-1945, estallaban sin previo aviso, cuando las gestiones pacíficas se agotaban.

La eficacia de las huelgas obreras, como medio para lograr las demandas laborales alarmó a la parte patronal y la decidió a poner frenos legales a las mismas. Casi inmediatamente después de la huelga ferroviaria, el gobierno corrompido e inepto de Salvador Castañeda Castro, fiel sirviente de la reacción interna y externa, emitió la Ley de Conflictos Colectivos de Trabajo (15 de enero de 1946) y creó el Departamento Nacional del Trabajo. Esa ley establecía, entre muchos requisitos difíciles de llenar, un período de 30 días entre el emplazamiento y el estallido de la huelga, para poner en juego toda clase de maniobras a fin de frustrarla antes de su inicio (despidos masivos, amenazas, encarcelamientos de directivos, contratación de esquiroles, etc.). Los trabajadores que emplazaban a huelga acogiéndose a dicha ley, quedaban entrampados en el filo de una tenaza mortal: si a pesar de las maniobras de la empresa, después de treinta días de emplazamiento todavía tenían fuerza para llegar a la huelga, las oficinas del Departamento Nacional de Trabajo se encargaban de declararla ilegal autorizando a la fuerza pública a disolverla. NI UNA SOLA HUELGA, TRAMITADA DENTRO DE LOS TÉRMINOS DE ESA LEY FUE DECLARADA LEGAL POR EL GOBIERNO. Era una Ley destinada a disuadir las huelgas, no a permitirlas. Cientos de panificadores, hombres y mujeres, fueron a parar a la cárcel en agosto de 1946, cuando su huelga fue declarada ilegal. Igualmente fueron declaradas ilegales las huelgas de “La Estrella” y de otras fábricas por esos mismos días, a pesar de haber llenado todos los requisitos de ley. El mitin que los trabajadores organizaron el 15 de septiembre de 1946 en la Plaza Libertad, en protesta por la ilegalización de todas las huelgas, fue masacrado, derramándose la sangre obrera.

Las protestas crecieron, se unieron a ellas otros sectores democráticos del país, especialmente el sector estudiantil, y estalló la huelga general a principios de octubre de 1946. Se paralizó la industria, el transporte y el comercio durante varios días; pero fue disuelta a base de terror, encarcelamientos y destierros. Después de eso, las fuerzas reaccionarias lograron su propósito de disuasión: durante varios años no hubo huelgas obreras. Apenas una que otra, durante el período del llamado Consejo de Gobierno Revolucionario. Varios años después, el Ministro de Trabajo, doctor Mario Héctor Salazar (ahora apoderado de la IUSA), podría jactarse en sus Memorias, leídas en la Asamblea Legislativa, de que existía la “paz social” debido a la ausencia de huelgas; “armonía de clases” lograda a costa de la represión de los trabajadores, de la ilegalización de las huelgas, de la mediatización abusiva del Poder Público sobre los sindicatos.

Esto, por otra parte, significó privar a los trabajadores del derecho a luchar por su mejoramiento colectivo; pues si bien es cierto, que la lucha de la clase obrera por crear y mejorar la legislación laboral logró algunas apreciables conquistas (la sindicalización, la contratación colectiva, el descanso semanal, el Seguro Social, vacaciones, aguinaldos, etc.), los salarios se estancaron, el costo de la vida subió, la explotación se incrementó, las injusticias patronales aumentaron.

Prácticamente desprovista la clase obrera de su derecho de huelga, no estaba en capacidad de luchar colectivamente por el aumento de salarios, ni por un real mejoramiento de sus condiciones de vida. El terror psicológico hizo sus estragos: el temor a acogerse a una ley inefectiva y a que sus huelgas fueran declaradas ilegales, el temor a caer bajo los encarcelamientos y persecuciones,. la actitud de “legalismo a toda costa”. introducida por los agentes divisionistas que el gobierno y los monopolios extranjeros incrustaron en el movimiento sindical, hicieron sus efectos durante años. Ahora mismo, en 1967, grandes sectores de trabajadores devengan todavía salarios que desde 1946 lograron alcanzar a base de luchas: 1.50, 1.25 y 1.00 Colones son salarios corrientes para una gran capa de trabajadores industriales y gremiales.

Sin embargo, el sector patronal no estaba satisfecho. Temía que algún resquicio de la Ley de Conflictos Colectivos de Trabajo pudiera ser todavía aprovechada por los trabajadores y que, en alguna ocasión, una huelga pudiera ser declarada legal. De tal manera, aprovechó la oportunidad que le ofrecía la promulgación del Código de Trabajo (1963) e introdujo en él tales tramitaciones y “regulaciones”, que prácticamente se hizo imposible en El Salvador ejercer legalmente el derecho Constitucional de huelga; ni una sola huelga se ha podido llevar a la práctica exitosamente de acuerdo con dicho Código que es una abierta inspiración patronal, y que ha reflejado con claridad la política laboral antiobrera y reaccionaria del gobierno del Coronel Julio Adalberto Rivera.

II.

ASCENSO

Sin embargo, no se puede esperar que los trabajadores permanezcamos indefinidamente pasivos frente a las angustiosas necesidades económicas y sociales que se van acrecentando día a día. No se puede a estas alturas, vivir con salarios de 2.00 y de 1.00 (ni siquiera con el doble de éstos) en una época en que el alquiler de un cuarto de mesón vale más de 30.00 al mes (1.00 diario), y los alimentos, la ropa y las medicinas “están por las nubes”. La pasividad vendría a ser, en tales condiciones, un suicidio colectivo. Y si un padre o madre de familia pueden estar dispuestos a dejarse matar de inanición, no podrán estar dispuestos a ver con la misma pasividad que sus hijos se vayan consumiendo lenta pero implacablemente, a causa de la desnutrición y las enfermedades provocadas por la miserable alimentación a que dan lugar los salarios de hambre. ¿Cómo puede una madre o un padre alimentar, vestir, dar habitación y educación a 3 ó 4 hijos si devenga de 1.50 a 3.00 Colones? Este es un factor del despertar combativo actual de los trabajadores salvadoreños.

Por otro lado, la estructura de la clase obrera ha ido cambiando aceleradamente. En pocos años ha crecido apreciablemente el sector obrero industrial, a medida que las fábricas han ido poblando al país convirtiéndose en la parte fundamental del proletariado salvadoreño. Es un proletariado joven, de reciente formación, que durante los primeros años no tenía aún muy definida su conciencia de clase, pero que a golpe de explotación e injusticias patronales ha podido ir forjando su conciencia colectiva. El panorama que presenta el proletariado de hoy difiere mucho del de 1946, cuando el sector industrial era mucho menor, y la concentración de obreros en las fábricas no alcanzaba las proporciones actuales. Se puede decir que las acciones reivindicativas de este año están marcando el despertar de un nuevo proletariado industrial en El Salvador.

La urgencia de la lucha por mejores salarios y contra las injusticias patronales chocaba con las estipulaciones legales impuestas por los patronos en el Contrato de Trabajo: chocaba también con el temor a sobrepasar dichas limitaciones patronales, pero los trabajadores tenían que encontrar formas de lucha que les permitieran superar tales dificultades. Los obreros de la construcción (del Hospital Bloom en construcción) aplicaron con éxito los paros cortos. Los médicos de los hospitales se fueron a una huelga exitosa que duró tres días, haciendo a un lado el Contrato de Trabajo. Este ejemplo fue valioso, pues mostró que era posible ganar una huelga sin enredarse en las trabas patronales que el Contrato de Trabajo imponía: que bastaba con la firme unidad, la organización y la decisión necesarias, para triunfar. Luego las enfermeras se disponen a ir a una huelga sin atenerse al Contrato de Trabajo, y triunfan cuando ya estaban en los lindes mismos de la huelga. El camino está trazado. El proletariado asimila la experiencia

Es así como el 18 de diciembre de 1966 (a dos meses de haber conquistado la jornada de 8 horas) en una histórica Asamblea, los pilotos automovilistas acuerdan luchar por el aumento de salarios. Después de varias gestiones infructuosas en el Departamento Nacional de Trabajo, llega el 17 de enero de 1967, cuando los motoristas de los buses urbanos, que en las acciones por reafirmar su derecho a la jornada de 8 horas recobraron confianza en sus fuerzas, se lanzaron a la huelga por lograr un apreciable aumento de salarios. Una tras otra se fueron paralizando todas las rutas de buses urbanos de la capital y comienza a extenderse la huelga a otras ciudades de la República. Alrededor de 1,600 motoristas se fueron a la huelga. Al tercer día de la huelga triunfa arrolladoramente, obteniendo un aumento del cincuenta y cien por ciento en los salarios (4.00) pagados por las empresas. Es notable que tan rotundo éxito se obtuvo después que la mesa de huelguistas rechazó el dañino acuerdo a que había llegado ya con el gobierno la Comisión Negociadora, encabezada por René Barrios Amaya, consistente en permitir un subsidio provisional del gobierno. La huelga de motoristas creó rasgos valiosos que después fueron aplicados por otros trabajadores: los autobuses fueron puestos bajo el cuidado de los propios huelguistas que, disciplinados, conscientes y combativos, estaban dispuestos a defender sus derechos y mantener el más estricto orden y disciplina interna.

La Federación Unitaria Sindical (FUSS), organizó la ágil y amplia solidaridad de los sindicatos a ella afiliados, hacia los huelguistas. El Sindicato Gremial de Pilotos Automovilistas es afiliado a ella. El pueblo se volcó generosamente en su favor. Sólo la C.G.S. (Confederación General de Sindicatos) apegada a una tradicional línea separatista se negó a proporcionar la elemental solidaridad. A despecho de esto, algunos sindicatos más sensibles de esta Central (como eran IUSA y MINERVA) proporcionaron su apoyo solidario.

A continuación, el 13 de febrero, la huelga de 1,800 trabajadores de la fabrica IUSA vino a estremecer a todo el movimiento sindical. La directiva de la C.G.S. apegada a moldes de “legalismo a toda costa” trató de evitarla, pero los trabajadores ya no estaban dispuestos a dejarse arrastrar al tortuoso camino de los cánones patronales del contrato de trabajo en el terreno de las huelgas. Las páginas de heroísmo, valor, disciplina, que durante ocho días escribieron los obreros y obreras de IUSA son imborrables. La guardia que día y noche hacían los trabajadores frente a la fabrica, disciplinados y firmes, con garrotes en la mano, era el símbolo del despertar combativo de los trabajadores industriales. La “C. de G.” (“Comisión de Garroteros”), tanto en su sección masculina como femenina, eran la garantía de que la huelga no podía ser quebrantada por rompehuelgas, y que los trabajadores estaban dispuestos -frente a quien fuere- a defender sus derechos. Es cierto que esta huelga no obtuvo todo el éxito esperado, pero ese resultado no se debió a los huelguistas, sino a los dirigentes de la C.G.S. que no quisieron dar la batalla a fondo y prefirieron claudicar y ejercer presión sobre los trabajadores para que aceptaran un mal arreglo, alegando que la huelga podía ser declarada ilegal y que sus contratos individuales podían ser cancelados.

La FUSS proporcionó el mayor apoyo solidario de todas sus organizaciones, en aplicación de sus principios y mostró que, frente a los patronos, la unidad de acción es necesaria; con lo que merecidamente se ganó un sólido prestigio entre los trabajadores de IUSA. Al siguiente día de terminada la huelga de IUSA, trabajadores de ASEO PUBLICO se fueron a la huelga, asesorados por la FUSS. En esta ocasión, la C.G.S. tampoco proporcionó la solidaridad. Los trabajadores llevaron los vehículos, montaron guardia disciplinada y, al quinto día -25 de febrero- obtuvieron la victoria completa de sus demandas.

¿QUÉ TENÍAN DE COMÚN ESTAS HUELGAS? Que estaban fuera de los cánones patronales del contrato de trabajo. Los periódicos comenzaron a llamarlas “huelgas de hecho”. Eran rasgos comunes: la disciplina, la combatividad, la serenidad y la firmeza, así como la iniciativa creadora de los trabajadores. Cada una de ellas aportaba nuevos elementos a la lucha común, enriquecía la experiencia colectiva. Todas ellas mostraban el inapreciable valor de solidaridad de toda la clase obrera, el valor de la unidad proletaria, y el valor del apoyo de todo el pueblo. Cada nuevo triunfo era un triunfo de la clase trabajadora.

Mediante esas luchas los obreros habían hecho ya su propia experiencia en esta modalidad de huelga, como la más apropiada a las condiciones actuales del país, para la lucha por sus reivindicaciones inmediatas, cuando ya se han agotado los medios conciliatorios y existe suficiente organización, decisión y firmeza. Y así. llegamos al 6 de abril, día en que estalló la huelga de los trabajadores de la Empresa “Acero, S.A.”, cuyos principales accionistas son Antonio y Mauricio Borgonovo, fábrica situada a dos kilómetros adelante de Zacatecoluca: kilómetro 58 de la Carretera del Litoral.

Abramos un paréntesis para recordar la canción de lucha que cantaban los trabajadores de IUSA durante su huelga para elevar su ánimo combativo; canción nacida al fragor de esta batalla de clase:

“CORRIDO A LA HUELGA DE LOS TRABAJADORES DE I.U.S.A.”
(con música de CANANEA)

Hoy les vamos a cantar, lo que sucedió en febrero.
Que se fueron a la Huelga, todititos los obreros. (Se repite)
En la fabrica la I.U.S.A, los telares se han parado.
Los obreros y obreras sus labores han cesado. (Se repite)

El patrono intransigente, comenzó a despedir gente.
Pero los trabajadores agotaron su paciencia. (Se repite)
Hoy reclaman prestaciones, buen salario y trato justo.
Y como están bien unidos, alcanzarán un gran triunfo. (Se repite)

Ni los fríos ni los vientos, ni maniobras patronales,
no pudieron derrotar a las fuerzas sindicales. (Se repite)

Todos los trabajadores apoyamos, sin reservas
esta lucha decidida, que ha de ser un gran ejemplo. (Se repite)
La Federación Textil, la Unitaria Sindical
Hicieron causa común, en la lucha proletaria. (Se repite)

“VIVA LA FEDERACIÓN UNITARIA SINDICAL DE EL SALVADOR

VIVA LA UNIDAD DEL MOVIMIENTO SINDICAL

VIVA LA HUELGA”


En todos los piquetes los huelguistas entonaban esta canción, que en la hora de la madrugada. cuando disminuía la animación, lanzaba al viento el “Coro de los huelguistas” integrado por jóvenes obreras y obreros.

III.

LA HUELGA DE LOS TRABAJADORES DEL ACERO

De los 260 trabajadores de esta fábrica, 185 devengaban un salario de 2.40, del cual invertían 0.6O en el transporte de la ciudad a la fabrica, quedándoles efectivamente sólo 1.80 diarios de salario. Estos obreros industriales ganaban menos que los trabajadores del campo en esa misma zona, los cuales tienen 2.50 como salario mínimo durante la temporada en los cortes de algodón. Las condiciones de trabajo en esa fabrica son inhumanas, abundando los accidentes de trabajo, especialmente en las operaciones del manejo de hierro candente frente a los hornos de fundición. El sólo roce de las varillas de hierro al rojo vivo, que salen a gran velocidad de las bocas de los hornos, es culpable de la mutilación de dedos y manos de muchos trabajadores.

Por otra parte, el trato del patrono y especialmente de un alto jefe administrativo (Augusto César Romero) es injusto y cruel. Pero la gota de agua que colmó la paciencia de los obreros, fue el despido injusto de dos trabajadores (Mauricio Saravia Martínez y otro). Y, asimilando la experiencia de las últimas acciones de la clase obrera, los trabajadores del Acero pensaron en la huelga, como recurso supremo; lo que tomó de sorpresa a la dirección de la C.G.S., a que estaba afiliado el sindicato. En la Asamblea del Sindicato, Felipe Antonio Zaldivar, dirigente de la Federación de la Industria de Construcción, Similares y Transporte (FESINCONSTRANS), a la que pertenecía el sindicato, no veía con aceptación la huelga y trató de disuadirla.. mostrando a los trabajadores el cuadro de dificultades que ella les ocasionaría; pero los trabajadores estaban decididos y por unanimidad acordaron ir a la huelga, dándole al patrono un plazo de 48 horas para negociar.

Una vez acordada, Zaldivar les aconsejó que no incluyeran demandas de salarios, pues eso se negociaría “dentro del Contrato Colectivo”. Así, las peticiones se limitaron a: a) transporte, b) expulsión del señor Romero; c) reintegro al trabajo de los 2 trabajadores despedidos. La C.G.S., a través de Zaldivar que era su Secretario de Organización, ya que se vio forzada ante la presión de los trabajadores a aceptar la huelga, quería un triunfo superficial y fácil, vaciándolo de contenido reivindicativo. Los directivos del Sindicato estuvieron en San Salvador al siguiente día, y se entrevistaron con directivos de la FUSS, solicitando orientación.

Estos les dijeron que no era concebible ir a una huelga como ésta sin demandar aumento de salarios, sobre todo en un lugar en donde los trabajadores sufrían salarios tan bajos. Dejar pasar la huelga y esperar a que esos salarios aumentaran en las tediosas negociaciones del Contrato Colectivo seria un gran error. Los directivos del Sindicato se convencieron de esa necesidad y Zaldivar tuvo que aceptar a regañadientes que se incluyera la cláusula de aumento de salarios en un 40%.

LAS LINEAS REIVINDICATIVAS DEL CONFLICTO QUEDARON TRAZADAS.

El patrono se negó a negociar. Pasaron las horas del ultimátum y los trabajadores, en memorable Asamblea celebrada en la noche del 5 de abril, decidieron declarar la huelga y se dirigieron a la fabrica desde la ciudad. El jueves 6 de abril se alinearon frente al portón principal y demás accesos de la fabrica; bloquearon el paso, y desde ese instante nadie pudo entrar ni salir, ni el patrono ni el personal administrativo. Sólo se permitió el ingreso y cambio de turno de las parejas de Guardia Nacional que la empresa solicitó para que cuidara las instalaciones. El cuadro clásico de otras huelgas se repitió: la disciplina, el orden, la combatividad y la firme decisión de triunfar. Se organizaron las comisiones necesarias para sostener la huelga: de abastecimientos, cocina, finanzas, etc.

La FUSS prestó toda su asistencia desde el primer instante. En la reunión última estuvieron delegados de ella, quienes acompañaron a los huelguistas desde el primer momento del conflicto. Los Sindicatos de la C..G.S. también acudieron solidarios. Las diferencias entre los delegados de unos y otros sindicatos se borraban frente al anhelo común de vencer la resistencia patronal.

LA UNIDAD EN LA ACCIÓN HACIA EN EL COMBATE

A la par de esto, el pueblo de Zacatecoluca se volcó a favor de los huelguistas y especialmente las mujeres de los mercados, proporcionaban víveres constantemente. Usulutan y San Vicente también mostraron su apoyo a los huelguistas. Las organizaciones progresistas como “Fraternidad de Mujeres Salvadoreñas”, “Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños”, las asociaciones estudiantiles, frentes y otras organizaciones dieron su apoyo efectivo, organizando colectas entre diversos sectores, especialmente en los mercados, y entre profesionales.

Mientras tanto, la parte patronal, apoyada por toda la burguesía adoptó una posición irreductible: no entrar en negociación, mientras los huelguistas no volvieran a su trabajo: “la huelga es ilegal, decía, es necesario que los trabajadores vuelvan a los carriles del Contrato de trabajo. No negociaremos bajo presión”. La Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI) y demás Asociaciones patronales hicieron de la batalla del Acero su propia lucha por obligar a toda la clase obrera a encajonarse dentro de su propia legislación patronal.

Ellos, que a cada instante pisotean los derechos de los trabajadores y violan el contrato de trabajo cometiendo toda clase de arbitrariedades y despidos, pasando sobre las mínimas garantías que las leyes establecen a favor de los trabajadores, se volvieron de repente los más celosos defensores de la legalidad que ellos mismos han anulado a base de injusticias. En boletín publicado en los periódicos del 8 de abril, la ASI -representativa del sector industrial salvadoreño- exige a los trabajadores “respetar la legislación laboral vigente buscando la solución de divergencias en el marco estrictamente jurídico que nuestro contrato de trabajo establece en estos casos”.

Los patronos se movilizan y se deciden a dar una lección a todos los trabajadores en el caso de “Acero, S.A.”. Quieren sentar un precedente para que ningún grupo de trabajadores vuelva jamás a pensar en irse a la huelga de hecho. Eso equivalía a tratar de arrebatarle definitivamente a los obreros el derecho constitucional de huelga, que a través del contrato de trabajo patronal era imposible ejercer.

UNA IMPORTANTE BATALLA ENTRE LA CLASE PATRONAL Y LA CLASE OBRERA, QUEDÓ PLANTEADA.

La ASI plantea las cosas desde un punto de vista irreversible. Están en juego, dice, los principios mismos en que se basa la estructura jurídica del país. Está en juego el principio de la legalidad. Si ésta se desmorona, el ordenamiento jurídico de la República se derrumba; “el abandono del sistema jurídico significa el abandono de la plataforma en que se asienta nuestro sistema democrático y traería como consecuencia indiscutible la incertidumbre y el caos en toda materia”. (Pronunciamiento de la ASI del 8 de abril de 1967).

En declaración del 10 de abril, la misma asociación expresa: “Estamos obligados a reconocer que el respeto a la Ley es norma de conducta de la colectividad”. De tal manera, la ASI eleva el conflicto. del terreno laboral al plan de un problema “vital” para la estructura legal del país. Es necesario aplastar a los huelguistas, para conservar el “principio de autoridad”, el principio de legalidad, fundamento de la vida jurídica del país.

De acuerdo con eso la ASI exigió al Ministro de Trabajo acciones enérgicas contra los huelguistas y envió sus directivos a entrevistarse personalmente con el Ministro de Trabajo para formularle directamente esas exigencias. Este no tardó en obedecer las órdenes de los patronos. El gobierno se decidió a romper la huelga de una vez por todas, y hacer prevalecer el “principio de legalidad” patronal, en importante resolución del Ministerio de Trabajo. poniendo en marcha toda la maquinaria antiobrera prevista por dicho instrumento capitalista.

En la tarde del 12 de abril, frente a la fabrica donde los huelguistas montaban guardia, un delegado del Ministerio de Trabajo leyó la siguiente Resolución:

“DIRECCIÓN GENERAL DEL DEPARTAMENTO NACIONAL DEL TRABAJO:

San Salvador, a las diecisiete horas y veinticinco minutos del día diez de abril de mil novecientos sesenta y siete.

Habiéndose comprobado suficientemente en autos, que los trabajadores de la Fábrica de Productos Metálicos, propiedad de “Acero, S.A.”, ubicada en el kilómetro 58 de la Carretera del Litoral, jurisdicción de Zacatecoluca, han ejecutado una huelga en contravención a lo dispuesto por el Contrato de Trabajo, a petición del Doctor Ramón Ávila Agacio, en su carácter de Apoderado General Judicial del patrono afectado, esta Dirección General, RESUELVE:

A) Señalase el plazo de cinco días a los trabajadores de la mencionada fabrica para que vuelvan al desempeño de sus labores en los horarios respectivos.

B) Previénese a los trabajadores en huelga que los contratos individuales de trabajo que les vincula a la Sociedad “Acero, S.A.”, terminarán sin responsabilidad patronal si vencido el plazo que se señala en esta resolución, no se hubieren presentado a reiniciar sus labores.- CHAVARRIA, A.- ANTE MI:

M. A. Lazo, Srio.
RUBRICADAS. –

De esta manera, LA SUERTE ESTABA ECHADA, LA CONFRONTACIÓN DE LOS TRABAJADORES CON LOS PATRONOS Y EL GOBIERNO SE VOLVIÓ INEVITABLE.

IV.

UNIDAD DE ACCIÓN

Cuando en esa memorable tarde del miércoles 12 de abril el delegado del Ministerio de Trabajo notificó a los huelguistas el “plazo fatal” (como lo calificó un periódico) la situación tomó definitivamente el rumbo hacia una abierta confrontación obrero-patronal. Los obreros del Acero, formados frente a la fabrica, realizaron Asamblea General, y en medio de gran indignación causada por la acción patronal del Ministerio, reafirmaron unánimemente su decisión de continuar la huelga hasta morir o triunfar. He aquí las decisiones adoptadas en esta histórica Asamblea:

“Ante tan incalificable atropello que constituye el fallo dado por el Ministerio de Trabajo, en contra de los que estamos ejerciendo el derecho de huelga plenamente reconocido por la Constitución de la República. ante la negativa patronal de satisfacer las justas demandas que hemos planteado, los trabajadores de la Fábrica de ACERO S.A., reunidos en la Asamblea General Extraordinaria el miércoles 12 de los corrientes, por unanimidad ACORDAMOS:

a) Rechazar la Prevención hecha por el Ministerio de Trabajo que pretende lanzarnos a la desocupación y condenar a nuestras familias a la miseria y el hambre;

b) No ingresar a trabajar a la fabrica ni permitir el ingreso de ninguna persona, el próximo lunes 17 de los corrientes, que termina el plazo señalado por el Ministerio de Trabajo:

c) Responsabilizar al Ministerio de Trabajo, al Gobierno y a la Asociación Salvadoreña de Industriales, (ASI), de los sucesos que puedan ocurrir a la entrada de la fabrica ACERO, S.A., el próximo lunes y

d) Solicitar a todas las Organizaciones Sindicales del país su respaldo moral económico y material, en vista de que el fallo mencionado lesiona gravemente nuestro conflicto de huelga y los derechos fundamentales de los trabajadores salvadoreños. en defensa de esta lucha que estamos desarrollando, hasta alcanzar el triunfo total de la huelga.”

Los patronos y el gobierno, al decidirse a aplastar a los obreros del Acero, querían aplastar el derecho constitucional de huelga de todos los trabajadores, pero al hacerlo, menospreciaban la fuerza de la solidaridad del movimiento sindical.

Durante años la patronal, el gobierno y el imperialismo han fomentado profunda división en el movimiento sindical; han gastado millones de dólares en ello. En ese tiempo han lanzado a la cárcel y al destierro a millares de activistas sindicales, y ya creían que era imposible que la clase obrera se uniera para contestar unida a esta agresión gubernamental-patronal a sus derechos constitucionales. Pero los obreros del Acero no estaban solos. En su defensa coincidían todos los sindicatos del país, independientemente de su afiliación sindical. La solidaridad que en las anteriores huelgas y en ésta se había llevado a cabo sin acuerdos previos entre los sindicatos de distintas centrales sindicales, solidaridad que la FUSS había impulsado y organizado, había hecho madurar condiciones para alcanzar una nueva calidad.

Y, en aquel momento crucial. en aquel ambiente de firme y decidido rechazo de los huelguistas al ultimátum del Ministerio de Trabajo, después de haber sido aprobadas tales resoluciones, un representante de la Federación Unitaria Sindical de El Salvador, ante la Asamblea que estaba pendiente de sus palabras, en nombre de la FUSS y de acuerdo con sus principios unitarios, propuso solemnemente a la CGS, hacer un pacto de unidad de acción en defensa de los trabajadores del Acero y del derecho constitucional de huelga: “Tenemos diferencias de diversa índole, dijo, pero como trabajadores tenemos intereses fundamentales comunes. Frente a la patronal debemos estar unidos y dar las batallas juntos. Si no nos unimos, los obreros del Acero serían derrotados y el derecho constitucional de huelga de todos los trabajadores del país será liquidado por la clase patronal y el gobierno que la representa”.

Los trabajadores huelguistas recibieron con entusiasmo la propuesta de la FUSS y se aprestaron a escuchar la respuesta de los representantes de la C.G.S. Estos, al tomar la palabra dijeron que la C.G.S. no estaba dispuesta a llevar a cabo la unidad con la FUSS “porque tenemos hondas diferencias”. El brutal rechazo de la unidad, en un momento tan solemne, retrató de cuerpo entero la clásica orientación separatista que siempre había aplicado la dirección de la C.G.S., y provocó el descontento agudo entre las filas de los huelguistas quienes a continuación, tomaron el importante acuerdo de pedir a la FUSS y a la C.G.S. que se unieran en esta eventualidad y encomendaron a la Junta Directiva del Sindicato reunirse inmediatamente con los representantes de la C.G.S. y de la F.U.S.S., por separado para trasladarles oficialmente la petición de la Asamblea.

Mientras la Junta Directiva del Sindicato se reunía en un rancho, a la vera del camino, con los delegados de la C.G.S., los de la FUSS adelantaban los preparativos, elaborando el proyecto del pacto de unidad que deberían firmar ambas centrales. Al terminar su reunión con los delegados de la C.G.S., los directivos del Sindicato manifestaron a los delegados de la FUSS: “la C.G.S. rechaza la unidad y nos amenaza con que si seguimos insistiendo en ella, nos abandonará. Nos dicen que escojamos entre ustedes y ellos. En momentos como los que estamos pasando, no podemos permitir que ellos nos abandonen y les hemos dicho que seguiremos con ellos, porque sabemos que la FUSS no nos abandonará; pues ya conocemos su línea unitaria que hemos comprobado en la práctica en estos días.”

Los representantes de la FUSS contestaron que ésta en ninguna circunstancia abandonaría a los compañeros del Acero y que, al contrario, desde ese momento intensificaría más aún sus acciones de solidaridad y que pediría a los sindicatos que las reforzaran. Que no estaba la FUSS disputando en ningún momento la dirección de la huelga ni del Sindicato, pero que si proponía la unidad de acción de las dos centrales era porque esto haría más eficaz la lucha en defensa de los trabajadores huelguistas. En un momento como éste, sólo la gran fuerza unida de los trabajadores puede impedir que la patronal y el gobierno consumen su propósito de arrebatarnos el derecho de huelga y puntualizaron: “Si los directivos de la C.G.S. siguen rechazando la unidad, cometen contra ustedes y contra todo el movimiento sindical una traición más que en el caso de IUSA, y ello repercutiría profundamente en sus bases sindicales”. Para finalizar, se mostró a los directivos del Acero el proyecto de pacto de unidad que había preparado la FUSS. La noche pasó en un ambiente de frustración.

A las 9 de la mañana siguiente, los representantes de la FUSS que se encontraban en el lugar de la huelga, fueron notificados de que la Junta Directiva de la C.G.S. se había reunido de emergencia en esa misma mañana y que había acordado cambiar de actitud y aceptar la propuesta de la unidad de acción formulada por la FUSS. Se concertó una reunión de los Directivos de la C.G.S. y de la FUSS en Zacatecoluca para esa misma tarde, para formalizar el pacto de unidad y elaborar los planes de acción unida.

Por la tarde, en histórica Asamblea celebrada a campo abierto en un predio frente a la fábrica, los directivos de ambas centrales dan a conocer a los huelguistas su decisión de unir sus acciones en su defensa y por el derecho a huelga; “frente a la unidad de la patronal los trabajadores respondemos con la unidad del movimiento sindical. El triunfo de esta batalla está asegurado, compañeros”, decían casi todos los que intervinieron. La emoción embargaba a todos los presentes, en ese instante memorable, y los huelguistas que tomaron la palabra juraron que si se llegara el caso, primero se pasaría sobre sus cadáveres pero que no se lograría derrotar la huelga. Uno de los huelguistas, dijo: “en el futuro se ha de levantar en este predio una placa que haga recordar el sitio donde el movimiento sindical se unificó para defender sus derechos”.

Los directivos de ambas centrales y del Sindicato se trasladaron a Zacatecoluca a formalizar el compromiso de unidad y a elaborar los planes de acción común. Se elaboraron dichos planes y al finalizar la reunión se acordó el texto definitivo, firmado por los directivos, del comunicado público en que se daba a conocer la unidad de acción de las dos centrales: “LA CONFEDERACIÓN GENERAL DE SINDICATOS (C.G.S.) Y LA FEDERACION UNITARIA SINDICAL DE EL SALVADOR (F.U.S..S.), en nombre y representación de sus organizaciones sindicales afiliadas, se dirigen al Pueblo Salvadoreño en general y a la clase trabajadora en especial, para definir públicamente su posición de lucha, frente a la ofensiva patronal que pretende quebrantar a toda costa la heroica lucha de los trabajadores de la fábrica de “Acero, S.A.” y que constituye un intento reaccionario de privar a los trabajadores del país del Derecho de Huelga, plenamente reconocido por la Constitución Política, de encadenarlos a la estricta observación de las disposiciones del Código de Trabajo, que ha probado ser un instrumento patronal e inoperante. La C.G.S. y la FUSS están proporcionando su apoyo decidido al movimiento de huelga de los trabajadores de “Acero S.A.”, porque sus demandas tienen como objetivo alcanzar mejores condiciones de trabajo y de vida. Sobre todo, un trato digno y humano.

La prevención hecha por el Ministerio de Trabajo a los trabajadores de la fábrica “Acero, S.A.”, tienen el propósito de anular definitivamente sus aspiraciones de mejoramiento y persigue, además, la negación absoluta de un derecho fundamental de los trabajadores: EL DERECHO DE HUELGA. En consecuencia, la C.G.S. y la FUSS hacen responsables, desde ya, al Ministerio de Trabajo, al Gobierno de la República y a las Asociaciones patronales, de los hechos y acontecimientos que puedan sobrevenir el próximo lunes 17 de los corrientes en la fábrica de “Acero, S.A.”. POR TANTO; ACUERDAN:

I- Unir las fuerzas de ambas Centrales Sindicales en defensa de los trabajadores de Acero, S.A.” y por el triunfo total de su movimiento de huelga;

II- Unir las fuerzas de ambas organizaciones en defensa del Derecho Constitucional de Huelga, que es
amenazado seriamente por la clase patronal, y por las decisiones tomadas últimamente por el
Ministerio de Trabajo;

III- Preparar y ejecutar conjuntamente un plan de acción dirigido a asegurar el triunfo de la justa lucha de los trabajadores de “Acero, S.A.”, y para garantizar el ejercicio pleno del Derecho Constitucional de Huelga.

San Salvador, 13 de abril de 1967”.

LAS FUERZAS ESTABAN ALINEADAS: por un lado todas las asociaciones patronales respaldando a “Acero, S.A.”, ayudadas activamente por el gobierno, y por el otro, prácticamente todo el movimiento sindical del país en unidad de acción a través de las dos grandes Centrales Sindicales.

¿Qué factores habían motivado el cambio de conducta de la C.G.S.? ¿Por qué apoyaron la unidad ellos, cuyo signo básico ha sido la división? Veamos algunas de estas razones:

Es evidente que la correcta y constante aplicación de la línea de unidad de la FUSS, al calar en las propias bases de la C.G.S.. había hecho madurar condiciones para la unidad de acción. La dirección de la C.G.S. no podía ya en un momento así hacerse simplemente la desentendida: si rechazaba de plano la unidad, quedaría en evidencia ante sus propios afiliados y eso le hubiera causado un daño irreparable, mayor aún que el que le causó su conducta en el caso de la IUSA. Porque la línea unitaria aplicada por la FUSS, acorde con los intereses de los trabajadores, tiene dos aspectos inseparables:

a) Unidad de todos los trabajadores en la lucha por las reivindicaciones de la clase obrera,

b) Lucha contra las malas acciones de la dirección de la C.G.S. que menoscaben los intereses de los trabajadores. Lo primero había desbrozado el terreno para las acciones unidas, y lo segundo, había elevado la conciencia y la claridad ideológica en las propias bases de la C.G.S.

2) La directiva de dicha Confederación se vio ante la fuerte y directa presión de los huelguistas y ante la creciente presión de una gran parte de sus propios sindicatos, en donde las bases combaten abiertamente las acciones inconsecuentes de la dirección cegesista, al grado de que varios de estos sindicatos expresan cada vez más abiertamente su anhelo de hacer la unidad con la FUSS o de afiliarse a ésta.. En tal sentido, sus propias bases obligaron moralmente a la dirección de la C.G.S. a aceptar la acción unida.

3) Y esto sucedía en una coyuntura política especial en un momento en que se habían agudizado mucho las contradicciones en el seno del gobierno y del partido oficial, y las camarillas gobernantes salientes y entrantes luchaban a brazo partido por sus posiciones políticas en el futuro gobierno. Estas contradicciones en el seno de las clases dominantes fueron aprovechadas por el movimiento unitario para unir las bases sindicales en la acción común contra la patronal, que quería asestar un golpe mortal a los derechos de huelga, vale decir, arrebatarle, los medios de luchar por sus derechos. Tal es el contenido estratégico de esta acción de unidad.

Esta unidad tenía un rasgo característico: no había sido lograda por conciliábulos ni cabildeos entre los dirigentes, sino frente a las masas y por la acción directa de las bases sindicales. Era una unidad de una nueva calidad, nacida al calor de la lucha reivindicativa.

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