viernes, 7 de septiembre de 2012

Mitología Griega (5)


TERCERA DINASTIA DE LOS DIOSES GRIEGOS (LOS DIOSES OLIMPICOS)


Por Baneste



ZEUS



Los antiguos griegos consideraban a Zeus como la deidad principal que presidía sobre todo el universo, y le atribuían cuatro potestades principales, considerándolo primeramente como el dios de todos los fenómenos etéreos; en segundo lugar, como el personificador de todas las leyes que rigen la naturaleza; en seguida, como tercer atributo, lo consideraban la autoridad suprema en los asuntos estatales; y por último, como cuarta característica, se le consideraba, por supuesto, dios de todos los dioses y de toda la  humanidad.



En su potestad de dios de todo fenómeno etéreo, los griegos creían que Zeus podía producir con una sacudida de su escudo las portentosas tempestades, las aterradoras tormentas y los eclipses oscurecedores del día. Con una orden suya se desataban los estruendos, los poderosos rayos, y los cielos se abrían para derramar la refrescante lluvia que hacía fructificar la tierra. En su calidad de personificador de la dinámica de la naturaleza, él representaba esas grandiosas leyes del orden permanente y armonioso a través de las cuales gobernaba tanto el mundo físico como el moral. De allí que se le consideraba el dios de la regulación del tiempo tal y como lo marcaban las estaciones cambiantes, y la sucesión regular del día y la noche, en diferenciación de su padre Cronos, quien representaba el tiempo absoluto en su concepción de perennidad o eternidad. En su calidad de autoridad suprema de la vida del estado, se creía que Zeus había sido el fundador de la gobernabilidad por medio de reyes, el sustentador de todas las instituciones conectadas al gobierno, amigo preferencial de los príncipes y gobernadores, a quienes él protegía y asesoraba constantemente. También era el protector de la asamblea de representantes del pueblo y velaba por el bienestar de toda la comunidad. 



En su categoría de dios de dioses, Zeus se encargaba de que todas las otras deidades cumplieran con los obligaciones que les correspondían, y les castigaba cuando fallaban; era quien mediaba cuando se producían disputas entre ellos, y era para todos el sabio y todopoderoso consejero en todo momento y circunstancia. Por otra parte, en su aspecto de dios de la raza humana, él tenía un interés paternal en las acciones y el bienestar de todos los mortales. El vigilaba con esmero la vida humana, premiando la rectitud, la verdad y la misericordia; pero a la vez castigaba muy severamente la crueldad, la falacia y la falta de bondad. Hasta el más miserable y el más desgraciado vagabundo encontraba reconfortante consejo en él, porque Zeus, en su carácter de dios misericordioso, ordenaba que todos los que tenían poder y riquezas en la tierra debían proveer a los más necesitados.



Los griegos de la antigüedad estaban convencidos que su máxima deidad moraba en la cima del Monte Olimpo, en cuya elevada cumbre siempre cubierta de nubes y nieve se ocultaba de la vista humana. Se creía que esa región misteriosa, a la cual ni las intrépidas aves podían llegar, se extendía más allá de las nubes alcanzando hasta el éter, donde moraban los dioses inmortales. Los poetas clásicos de la antigüedad griega describían esa atmósfera etérea como poseedora de una luminosidad brillante y refrescante a la vez, proveyendo placidez e influenciando positivamente los corazones y mentes de esos privilegiados seres que les era permitido morar allí.



En esa especial región no se producía el envejecimiento, y el transcurrir del tiempo no dejaba huellas en sus favorecidos moradores. El palacio de Zeus y su esposa y hermana Hera, se encontraba en la cúspide del Monte Olimpo, y estaba adornado con oro, plata y marfil; más abajo, en sus alrededores, se encontraban las residencias de las otras divinidades que aunque eran menos impresionantes en cuanto al tamaño y ubicación, estaban diseñadas y adornadas de la misma forma que el palacio del padre de todos los dioses, habiendo sido producto del trabajo de Hefesto, el artista de origen divino. Aún más abajo de estas edificaciones, se encontraban otros palacios con ornamentos de plata, ébano y marfil, o adornados con bronce, en donde los héroes (también llamados semidioses) habitaban.



Siendo la adoración de Zeus un elemento de extrema importancia en la religiosidad de los antiguos griegos, las estatuas erigidas para representarle eran muy numerosas y magnificentes, descollando en éstas las características de un hombre de impositiva nobleza y las facciones que denotaban majestad, pero expresando al mismo tiempo el perfil benigno de un padre amoroso para con la humanidad. Se le podía reconocer fácilmente por su abundante barba y su melena que se originaba en su amplia e intelectual frente, extendiéndose hasta caer sobre sus hombros. Su nariz era delicada y grande, mientras que sus entreabiertos labios denotaban un aspecto de benevolencia y confianza. Siempre se le representaba acompañado de un águila, y blandiendo en su mano alzada un muchos rayos a punto de ser lanzados, y en la otra mano sosteniendo los muchos relámpagos. Su cabeza aparece circundada por una corona de hojas de roble; pero la más celebrada estatua de Zeus es la que fue esculpida por el famoso escultor ateniense Fidias, la cual medía cuarenta piés de alto y estaba ubicada en el templo dedicado al dios en Olimpia.



De acuerdo con las obras de los poetas e historiadores griegos, Zeus tenía siete esposas inmortales, las cuales eran:



Metis; fue la primera esposa de Zeus. Ella era una de las ninfas marinas u Oceánidas, representando la prudencia y la sabiduría, lo cual quedó comprobado cuando exitosamente logró que Cronos tomara la poción que le hizo expulsar los hijos que se había tragado. Ella poseía el don de la profecía, y predijo a Zeus que uno de los hijos de ambos lo sucedería en el trono, por lo que el dios la engulló antes de procrear hijos, para prevenir que el presagio se cumpliera. Luego de haber hecho esto, Zeus padeció fuertes dolores de cabeza, y llamando a Hefesto le ordenó que se la abriera con un hacha. La orden fue ejecutada en el momento, y de su cráneo abierto saltó un ser muy hermoso, dando un grito marcial y vestido con armadura militar de pies a cabeza. Este ser era Atenea, diosa de la sabiduría y de la resistencia armada.

Temis; era la diosa de la Justicia , la Ley y el Orden.

Eurinóme; era una de las Oceánidas y la madre de las Cárites.

Deméter; la hija de Cronos y Rea, era la diosa de la Agricultura.

Mnemósine; la hija de Urano y Gea, era la diosa de la Memoria y a la vez era la madre de las nueve musas.

Leto o Latona; era la hija de Ceo y Febe. Ella era poseedora de una gran belleza, y era muy amada por Zeus, pero su destino estaba lejos de ser feliz, porque Hera, siendo en extremo celosa, la perseguía con peculiar crueldad, habiendo enviado la serpiente Pitón para aterrarla dondequiera que ella iba. Compadecido profundamente por su constante padecimiento, Zeus decidió hacer para ella un refugio en donde pudiera sentirse segura de los ataques de la serpiente venenosa. En este sentido, la condujo a Delos, una isla flotante en el mar Egeo, la cual él había inmovilizado con cadenas afianzadas al fondo del océano. En esa isla Latona dio a luz a los gemelos Apolo y Artemisa, de quienes se decía que eran dos de los seres más hermosos de todos los inmortales. En concordancia con una de las varias versiones de la historia de Leto, Zeus la convirtió en pájaro, para que pudiera eludir la contínua persecución de Hera, habiendo retomado su forma original cuando arribó a la isla.

Hera; la hija mayor de Cronos y Rea nació en Samos o Argos, y fue criada por las divinidades marítimas Tetis y Océano, quienes eran modelos de la fidelidad conyugal. Era la esposa principal de Zeus, y en su categoría como reina del cielo, tomaba parte de todos los honores de su esposo, pero sus dominios solamente alcanzaban hasta el aire. Hera representaba la sublime imagen de la estricta virtud maternal, y en ese aspecto ella es, en la mitología griega, la protectora de la pureza y de las mujeres casadas. Siendo ella misma intachable en su fidelidad como esposa, esencialmente es el tipo de vínculo marital santificado que rechaza o aborrece cualquier violación de sus obligaciones. Tan fuertemente estaba Hera imbuida en su rechazo a cualquier inmoralidad, que al encontrarse siendo invocada  para castigar tanto a dioses como a mortales al respecto, que se volvió celosa, severa y vengativa. Su posición exaltada como esposa de la deidad suprema, combinada con su particular belleza, provocaron que se tornara en exceso vanidosa, y consecuentemente resentía con severidad cualquier infringimiento de sus derechos como la reina del cielo, o cualquier insulto a su apariencia.

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