lunes, 13 de agosto de 2012

De Tanto Silencio Hasta los Oídos Duelen

UN RELATO POETICO EXTRAIDO DE ALAMO
 

Por Ricardo Núñez

 

Al morir mutiló los corazones más cercanos una mañana del 15 de junio de 1992, antes de que se firmara el cese del enfrentamiento armado de una revolución que trascendía la historia clásica de los cambios, cuando fue rafagueado por las fuerzas oscuras de este infierno llamado vagamente estado.

Una vida escapó hacia la profundidad de la tierra y el tiempo; engusanó su vestimenta y de su amor desprendió una poesía prematura conservada por la sociedad.

“¡Qué poca humanidad!”, dijo su madre, quien fue enclaustrada, condenada a vivir sobre un banco, una mesa y su mercancía bajo el sol, llevando con ella una bandera que no conoció, ni tuvo la “suerte” de acudir a la mención honorífica de los combatientes caídos; “suerte”, digo, ya que el nombre de su hijo no fue mencionado esa tarde solemne.

En vida rompió con la imposición que condenó el día que juntos decidimos sentenciar y transformar toda apariencia que, a nuestro juicio, nunca tuvo fundamento ni principio. Una locura, un grito acertó cuando me dijo: “el Cristo que ves allí no es más que carne y hueso mitificado y adorado por ciertos hombrecitos bajo el manto del terror; el Dios que me señalan debo practicar es de condena: con sus hechos me predican, con la indecencia y la falacia. Yo, en cambio, un hombre de maíz lleno de cafetales y barrios calcinados. ¡Mírame, no puedo ingerir ni una gota de alcohol! Pobre mente, pobre cuerpo, ni tan siquiera parió los anticuerpos de la moderación. Pues, como lo dijiste, no te sigas rompiendo el vientre contra los muros institucionales, y ya ves, juntos otra vez contra la vida, un reto más hacia el olvido.”

Aquí en este preciso momento te detuvieron las evocaciones y pensaste cuando hablamos con el epitafio del diálogo, del amor, de la moral, la toma de la cicuta del amor a los demás y de la traición a nosotros mismos…el robo de nuestro más noble interior y extendimos los pechos románticamente en sus inicios, llenos de juramentos para gozar la naturaleza, el desarrollo perseguido incansablemente, unificando nuestro núcleo familiar de tres vidas bajo el techo que nos diera condiciones para dejar escrita una leyenda de hermanos inseparables.

De nada sirve la queja para quien nos arrebató la identidad, deformación siniestra de nuestros orígenes que dejó una pérdida profunda llena de ignorancia. Nos sacaron de los mitos tradicionales para imponer un debilucho miserable desconocido, utilizado por la barbarie y la delincuencia de cuello blanco, estrategia conocida y asquerosa que puso una cadena de escapulario y volvió estúpido el instinto de conservación de los humanos.

Fue en 1972 cuando palidecimos ante la realidad que goteaba podredumbre en los mesones más miserables de los barrios incurables. Fue el primer tiro que destapó la cabeza de un estudiante, quien manchó mi uniforme de adolescente; eso tan palpable nos hizo saber quien tiene licencia para matar y cual sería nuestra respuesta.

Nos agarramos en una lucha desigual y retorcimos nuestras mentes contra el normalismo y todo lo que fuera ambigüedades, desatando la ira contra la estupidez y la obediencia mendigada e ir en contra del caos y la mediocridad del presente.

Entramos a la adolescencia sumergidos en la familia; apenas duró un espacio de tiempo en el ritmo de las cosas, donde sutilmente percibimos la deformación social y absorbimos la rebeldía en nuestro cuerpo interior condenado a resistir las aberraciones de los dogmas que mutilaron en la tortura las únicas ideas frescas de los visionarios humanistas.



NOTA: Esta prosa poética fue escrita por Ricardo en homenaje a su hermano, Jaime Núñez, caído en acción en San Salvador, junto a otro compañero de nombre Noel. Fue publicada en nuestra publicación álamo, ya en su formato de boletín, en el número I. Lo republico en este blog, porque me parece muy interesante como memoria de nuestro periodo de lucha, y también por supuesto para resguardar el recuerdo imperecedero de un revolucionario como lo fue Jaime (Caín).

Yasser, USA, 2012.

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