jueves, 16 de agosto de 2012

Un Artículo Histórico


HACIA UNA INTERPRETACION DEL MILITARISMO
Por Yasser



El militarismo es la expresión ulterior del desarrollo histórico de un esquema de pensamiento que privilegia el dominio de los militares sobre la sociedad civil. Para llegar a su actual estado de desarrollo, el militarismo ha debido pasar diferentes etapas, empleando variados métodos y formas, a fin de concretar la opresión, y por ende, el poder.

En El Salvador, el militarismo ha debido desarrollarse en el marco de una contínua confrontación social a lo largo de la historia; al agudizarse dicha confrontación estalló la guerra, y ésta puso en crisis el sistema y provocó la intervención extranjera, la cual incidió positivamente en la sofisticación del aparato militar y del militarismo en general.

En este orden de ideas, para sintetizar, podemos decir que el alto grado de militarización de la sociedad es la manifestación pública del militarismo, que –como ya dijimos- es el esquema de pensamiento que privilegia la dominación del sector castrense sobre el resto de sectores. Sin embargo, dicha concepción no es propiedad única de los militares, sino que en determinado momento histórico penetra a los grupos de poder (en El Salvador la oligarquía; en Estados Unidos la plutocracia), y se convierte en doctrina rectora de la política y de las leyes que rigen la dinámica del estado. Así tenemos que un funcionario puede ser civil, pero su actitud y su práctica obedecen al esquema militarista. En nuestro país resulta fácil comprobar esta aseveración ya que la mayoría de funcionarios públicos, pese a ser civiles, manejan un discurso y una conducta prepotente e impositiva.

Es necesario precisar entonces que en El Salvador el grupo de poder es la oligarquía, el instrumento de dominación es el aparato militar, y el esquema de pensamiento que determina la concreción del dominio es el militarismo. Planteado así el asunto, podemos ahora abordar de manera muy general, el desarrollo histórico del militarismo en El Salvador.

Fuera de toda interpretación ideológica, los ejércitos surgen de necesidades reales, se desarrollan en el marco de situaciones históricas concretas, en las que desempeñan un papel coadyuvante del progreso de determinados sectores de la sociedad, cuyos intereses representan con éxito o sin él. Para el caso, el glorioso ejército del General Simón Bolívar, surgió de la necesidad real de liberar del dominio colonialista español a los pueblos de América del Sur, en un contexto histórico propicio. Ese ejército llegó a ser tan grande y poderoso como invencible, y cumplió con éxito la loable misión de conquistar la independencia de casi toda Suramérica. Contrariamente, el ejército denominado Resistencia Nicaragüense (Contras), creado por la administración del presidente estadounidense Ronald Reagan, bien asesorado y apertrechado, con el propósito de derrotar al Ejército Popular Sandinista, no pudo lograr su objetivo y fue categóricamente derrotado.

El ejército salvadoreño (Fuerza Armada de El Salvador, FAES), fundado por el General Manuel José Arce, surgió inicialmente como una fuerza irregular, en el marco de las confrontaciones internas post independencia en el istmo centroamericano, entre conservadores y liberales, cuyas luchas por el poder implicaban la integración o desintegración de las cinco provincias de la ex Capitanía General de Guatemala. Al triunfar los que favorecían la desintegración cada estado creó su propio instrumento militar. En realidad, en sus primeros tiempos, el ejército salvadoreño respondió positivamente a los ideales por los que fue creado: la defensa de la soberanía nacional y de los intereses del naciente estado, ya que debió librar pequeñas guerras contra Guatemala, y también tuvo que enfrentar las pretensiones anexionistas del emperador mexicano Iturbide. También se reconoce el valioso papel que desempeñó a favor de la preservación de la unidad centroamericana.

El pensamiento militarista se empezó a manifestar cuando los terratenientes productores de añil necesitaron de un instrumento ad-hoc para desalojar a los campesinos indígenas de las tierras comunales y ejidales, a fin de generalizar el cultivo del café, el producto sustituto. Para cumplir este propósito fue creada la Policía Rural, cuyo papel era, además del desalojo, la coerción sobre el campesinado para que trabajara en las fincas de los terratenientes. En 1912 la Policía Rural fue transformada en Guardia Nacional y Policía de Hacienda ya con un esquema estrictamente militar y represivo.

Desde 1870 hasta 1931 puede decirse que la conducción del estado estuvo definitivamente a cargo de oligarcas, a través de dirigentes provenientes de las familias Meléndez, Araujo y Quiñónez Molina. Pero la crisis económica y la subsecuente agitación social pusieron de manifiesto la incapacidad de la oligarquía de ocuparse de todos los asuntos por sí misma, y fue entonces que recurrió al ejército para resolver a su favor la crisis.

El 2 de diciembre de 1931 fue depuesto el presidente Arturo Araujo, por medio del golpe de estado del General Maximiliano Hernández Martínez, quien mes y medio más tarde reprimió sangrientamente la insurrección campesina del 22 de enero de1932. Con Martínez se inició el proceso de consolidación del militarismo, al implantar éste la dictadura militar personalista, introduciendo cambios para extender el poder de los militares en las distintas instituciones del estado. Las crisis de 1944 y 1948 llevaron finalmente al control militar institucionalizado.

En la Constitución Política de 1950 se formalizó el arreglo por medio del cual los militares trataron de transplantar la fórmula política mexicana de control de partido único. Tanto el PRUD como el PCN (Partido Revolucionario de Unificación Democrática y Partido de Conciliación Nacional, respectivamente), fundados por militares, fueron en realidad la concreción de una alianza entre militares y civiles, en las que éstos últimos se pusieron al servicio de la cúpula militar. Fue entonces que el militarismo como esquema de pensamiento penetró en la clase política civil.

Junio, 1991.

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