martes, 21 de agosto de 2012

Mitología Griega (Parte 2)



MITOLOGIA GRIEGA: EL ORIGEN DEL MUNDO

Por Baneste

En cuanto al origen del mundo, los antiguos griegos tenían varias teorías, pero generalmente aceptaban la noción de que antes de que el mundo existiera, había en su lugar una masa confusa de elementos sin forma que llamaban Caos. Esos elementos se fueron consolidando a lo largo de enormes periodos de tiempo hasta conformarse en dos ampliamente distinguibles substancias, de las cuales la más liviana, flotando en lo alto, constituyó el cielo o firmamento, estableciéndose por sí misma en una vasta y arqueada bóveda que protegía la masa firme y sólida que estaba abajo. De esta manera aparecen las dos deidades primerizas de los griegos, Urano y Gea, representando el primero la luz y el aire del cielo, poseyendo las cualidades distintivas de iluminación, claridad y omnipresencia; mientras la segunda, representaba la tierra concebida como elemento sustentador de la vida, siendo venerada como la benevolente madre.

Gea poseía muchos títulos, refiriéndose todos a su característica maternal, y aparece siendo universalmente reverenciada entre los griegos, considerándose que prácticamente no existía comunidad que no tuviera un templo erigido en su honor. Era tan venerada que su nombre era siempre invocado cada vez que los dioses hacían un juramento solemne, realizaban una declaración enfática, o imploraban por ayuda.

Se creía que Urano (el cielo) se había juntado en matrimonio con Gea (la tierra), siendo su primer hijo Océano, la corriente oceánica, la vasta expansión de las aguas que circundan la tierra. Además Urano, como representación de la luz, el calor, y el aliento vital, engendró seres de naturaleza menos material que Océano. Esas criaturas ocupaban el espacio intermedio que le dividían de Gea, siendo éstas Éter y Aire.

Éter fue una creación brillante que representaba la elevada y purificada atmósfera que solamente las deidades podían respirar. Entretanto Aire, quien estaba más cercano a Gea, y representaba, tal y como su nombre lo indica, la atmósfera que rodea la tierra que los humanos podían respirar, y sin la cual morirían. Aire y Éter estaban separados entre sí por sus errantes e incansables hermanas, Las Nubes, quienes se mantenían siempre flotando entre ellos. Pero Gea también procreó las Montañas y a Ponto (el mar). De su unión con este último nacieron las deidades marinas Nereo, Taumante, Forcis, Ceto y Euribia.

Además coexistiendo con Gea y Urano estaban dos fuerzas poderosas que había producido Caos. Estas eran Erebo (la Oscuridad) y Nix (La Noche), que presentaban un marcado contraste a la jubilosa luz del firmamento y las radiantes sonrisas de la tierra. A Erebo pertenecía el reino del misterioso sub-mundo subterráneo donde ni un rayo de luz, ni un vestigio de vida terrestre podía nunca penetrar. La hermana de Erebo, Nix, representaba la noche, y era adorada desde la antigüedad con mucha solemnidad.

Urano se había unido también a Nix, solamente en su capacidad como dios de luz, siendo considerado como la fuente de toda iluminación, y sus engendros fueron Eos (Aurora), el Alba y Hemera, la Luz del Día. Por su parte, Nix estaba también doblemente unida, habiendo estado casada por un periodo indefinido de tiempo con Erebo.

Además de las criaturas ya enumeradas, Urano y Gea procrearon dos razas distintas de seres llamadas Gigantes y Titanes. Los Gigantes representaban únicamente la fuerza bruta, pero los Titanes combinaban su gran fuerza física con variadas cualidades intelectuales. Los antiguos griegos creían que los Gigantes eran tan fuertes que podían sacudir el universo y generar terremotos.

Los griegos creían también que Urano, la purísima luz del cielo, la esencia de todo lo que es luminoso y agradable, llegó a aborrecer su ruda y turbulenta prole, los Gigantes, porque temía que el gran poder que éstos poseían podría eventualmente tornarse contra él. Por lo tanto los lanzó al Tártaro, la región subterránea del submundo que servía de prisión a los dioses.

Para vengar la opresión de su prole, los Gigantes, la diosa Gea promovió una conspiración de los Titanes contra Urano, la cual se realizó con éxito bajo el comando de su hijo Cronos. En el enfrentamiento que se produjo, Cronos hirió a su padre, de cuya sangre derramada brotó otra raza compuesta de seres mounstruosos también llamados Gigantes. Con la valiosa ayuda de sus hermanos los Titanes, Cronos prevaleció destronando a su padre, quien encolerizado por la derrota, le maldijo y le profetizó un destino similar al suyo.

Tiempo después, cuando Cronos percibió que ya no necesitaba el apoyo de sus hermanos para asegurar su posición, el pagó sus servicios con traición, les declaró la guerra después que habían sido sus fieles aliados, y con la ayuda de los Gigantes les derrotó, enviándoles a las profundidades del terrífico Tártaro.

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