jueves, 30 de agosto de 2012

Mitología Griega (4)



MITOLOGIA GRIEGA: EL ORIGEN DE LA HUMANIDAD

Por Baneste

Los griegos de la antigüedad tenían varias teorías en cuanto al origen del ser humano, siendo por mucho tiempo la más generalizada la creencia de que éste había brotado de la tierra al igual que nacen las plantas en los campos. Creían que el ser humano primitivo era salvaje igual que los animales no domésticos, que carecía de morada a excepción de las que la naturaleza proveía tales como las cuevas, los orificios en las grandes rocas, o las densas arboledas cuyas extendidas ramas le protegían de la lluvia y el sol.

Los griegos también creían que con el transcurso del tiempo los seres humanos primitivos fueron paulatinamente dejando de ser salvajes y fueron civilizados por los dioses y héroes mitológicos, quienes les enseñaron a trabajar el metal, la construcción de viviendas, y muchas otras artes de la civilización; pero asimismo creían que después de estos avances, la humanidad se había degenerado, por lo que los dioses determinaron destruirla a través de un diluvio, habiendo sido salvados únicamente Deucalión y su esposa Pirra, por ser ambos muy misericordiosos.

Bajo la directriz de su padre Prometeo, Deucalión construyó una embarcación en la cual él y su esposa se protegieron del diluvio que se prolongó por nueve días con sus noches, después del cual, al disminuir las lluvias, dicha embarcación quedó varada en el Monte Otris, en la región de Tesalia, procediendo esta pareja de sobrevivientes a consultar el oráculo de Temis, para saber de qué manera sería restaurada la humanidad. La respuesta que obtuvieron fue que ambos debían cubrir sus cabezas y lanzar los huesos de su madre detrás suyo. Esta orden del oráculo les mantuvo perplejos por algún tiempo en cuanto a lo que podría significar, pero a la larga ambos concordaron que por “huesos de su madre” debían entender “piedras de la tierra”, por lo que procedieron a recoger piedras del suelo y a lanzarlas hacia atrás, por sobre sus hombros. De las piedras que lanzó Deucalión surgieron hombres, mientras que de las que fueron lanzadas por Pirra, brotaron mujeres. Con el tiempo esta creencia fue sustituida cuando se construyeron los templos para honrar a los dioses y se instituyeron sacerdotes para ofrendar sacrificios e instruir con nuevas enseñanzas a la gente.

Estos sacerdotes pasaron a ser considerados como la máxima autoridad en relación a todos los quehaceres religiosos, y la doctrina que ellos enseñaban era que el ser humano había sido creado por los dioses, y que se habían sucedido varias edades o civilizaciones humanas, siendo éstas la Edad de Oro, la Edad de Plata, la Edad de Bronce y la Edad de Hierro. Enseñaban que en la Edad de Oro la vida era de una incesante complacencia y felicidad, estando ausentes el dolor y el sufrimiento. Los afortunados mortales que vivieron durante esa era, llevaban vidas rectas, sin pecado y sin malas conductas. La tierra producía flores y frutas en gran abundancia sin la necesidad del trabajo humano, y la guerra era desconocida. Esta divinizada existencia para los humanos de esa época se prolongó por cientos de años, y cuando llegaban al final de sus vidas en la tierra, la muerte les tocaba tan suavemente que fallecían sin ningún tipo de sufrimiento como en un sueño feliz, y continuaban su existencia convertidos en espíritus ministeriales en el Hades, cuidando y protegiendo a aquellos que habían amado y habían dejado atrás en el mundo.

Los sacerdotes le enseñaban a los griegos que los seres humanos de la Edad de Plata, debían pasar mucho tiempo creciendo, y durante su infancia, la que se prolongaba por cientos de años, padecían de una salud muy quebrantosa y eran sumamente débiles. Cuando llegaban a convertirse en adultos, vivían un tiempo muy corto, debido a que no se abstenían de injuriarse entre ellos mismos ni respetaban a los dioses, razones por las cuales fueron desaparecidos de la tierra y enviados al Hades, lugar donde deambulaban sin descanso como espíritus en pena añorando los placeres de los que habían disfrutado en la vida.

En cuanto a los humanos que existieron durante la edad de bronce, los antiguos sacerdotes griegos enseñaban que éstos habían constituido una raza muy peculiar de seres, habiéndose diferenciado de los de la Edad de Plata por su gran su gran fortaleza física y su espíritu emprendedor. Todo lo que rodeaba a estos mortales estaba hecho de bronce, incluyendo sus herramientas y sus viviendas. Eran fuertes de mente y corazón, empecinados y crueles, y fueron los iniciadores de las guerras. Los seres humanos de la Edad de Bronce llevaban una vida de mucho esfuerzo, competencia y disputa, habiendo roto la tranquilidad del mundo, puesto que solamente se sentían felices cuando estaban en conflicto entre ellos mismos.

Hasta ese entonces, de acuerdo con la mitología, Temis, la diosa de la justicia había estado morando entre los humanos, pero al sentirse desencantada por su malevolencia abandonó la tierra y alzó su vuelo de retorno a su morada celestial. Al final los dioses se fastidiaron de esa raza de humanos y los quitaron de la faz de la tierra, enviándolos al Hades, lugar donde compartieron el mismo destino que sus antecesores de la Edad de Plata.

Se arribó entonces a la Edad de Hierro, durante la cual la tierra solamente producía sus frutos después de mucho trabajo y esfuerzo, y al haber sido abandonada por la diosa de la justicia, no quedaba entre la humanidad ninguna influencia suficientemente fuerte para alejarlos del pecado y la maldad. Esta condición se fue empeorando con el paso del tiempo hasta que por último Zeus, encolerizado, soltó las aguas del cielo y ahogó a todos y cada uno de esos seres humanos, exceptuando a Deucalión y Pirra.

Hesíodo, poeta griego del siglo VII A.E. C., sostenía la teoría de que el Titán Prometeo, hijo de Iapeto, había hecho al humano del barro, y que Atenea le había dotado de alma con su aliento. Repleto de amor hacia los seres que él había creado, Prometeo se propuso cultivar sus mentes y mejorar sus condiciones en todo aspecto, por lo que les enseñó la astronomía y las matemáticas; el alfabeto y la cura de enfermedades, y el arte de la adivinación. Habiendo creado esta raza en gran cantidad, los dioses consideraron necesario establecer reglamentaciones para regular los sacrificios ofrendados a ellos y la adoración que los mortales debían observar con rituales como recompensa a la protección divina. Reunidos en una asamblea en Mecone, todos los dioses decidieron que Prometeo, en su calidad de benefactor de los humanos, debía sacrificar un buey dividiéndolo en dos partes iguales, y que los dioses debían seleccionar la porción que a partir de entonces, en todos los sacrificios futuros, les correspondería. Prometeo procedió tal lo acordado, pero muy hábilmente cubrió la parte que contenía solamente huesos con la grasa que resultaba apetitosa para las deidades, mientras que la otra parte conteniendo todo lo comestible la envolvió con la piel, colocando encima las vísceras del animal.

Pretendiendo haber sido engañado, Zeus escogió el montón de huesos, pero se dio cuenta de la intención del ardid, enfureciéndose tanto contra Prometeo que se vengó negándose a proveer a los humanos con el conocimiento del fuego. Sin embargo, Prometeo determinó valerosamente confrontar al máximo dios del Olimpo, y obtener la chispa elemental, tan necesaria para el progreso y la comodidad de los mortales. Consecuentemente procedió a robarse el fuego del carruaje de Helios, trayéndolo en una cañuela y proveyéndoselo a los humanos. Encolerizado por haber sido engañado nuevamente, Zeus decidió vengarse tanto de los humanos como de Prometeo. Para tal propósito le ordenó a Hefestos que moldeara una hembra muy hermosa de barro, la cual al estar hecha, fue llamada Pandora, siendo dotada por los dioses con muchos atributos y encantos convirtiéndola en una mujer muy afable e irresistible.

Esta hermosa criatura fue conducida a la casa de Epimeteo por el mensajero de los dioses, el cual era Hermes. Entretanto, Epimeteo había sido aconsejado por su hermano (Prometeo) que nunca debía aceptar ningún regalo proveniente de los dioses, pero se embelezó tanto con la aparición de tan hermosísima mujer, que no pudo más que recibirla en su casa y matrimoniarse con ella. Empero, no pasó mucho tiempo para que se arrepintiera de su decisión. El poseía una jarra de extraña manufactura que contenía todas las bendiciones reservadas por los dioses para la humanidad, habiéndole sido prohibido abrirla. Sin embargo, la portentosa curiosidad de la hembra no logró resistir la tentación, y Pandora se decidió a descubrir el misterio a cualquier precio.

Al presentarse la oportunidad, Pandora abrió la tapa de la jarra, e inmediatamente todas las bendiciones que los dioses habían reservado para los mortales se escaparon; pero al ver esto ella se apresuró a tapar nuevamente la jarra evitando que las dos últimas bendiciones, Rectitud y Esperanza, también se escaparan.

Habiendo consumado su venganza contra la humanidad, el dios Zeus procedió a vengarse de Prometeo, encadenándolo a una roca en el Monte Cáucaso, y enviando un águila diariamente para que le picara el hígado, el cual se restablecía durante la noche prolongando de este modo el incesante tormento. Fueron treinta años los que Prometeo soportó el horrible castigo, pero al final de ese tiempo, Zeus le permitió a su hijo Hércules matar al águila, para aliviar el sufrimiento.

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