lunes, 10 de diciembre de 2018

El Pito


Hace mucho tiempo vivió en Boston un chico de nombre Benjamín Franklin.
El día que cumplió siete años, su madre le dio unos pocos centavos. Él miró a las brillantes, amarillentas piececitas, y dijo:
--¿Qué debo hacer con estas monedas, madre?
Era el primer dinero que él tenía en su vida.
--Puedes comprar algo, si así lo deseas--, dijo su mamá.
--Y, luego, ¿me vas a dar más?--preguntó él.
Su madre meneó su cabeza negativamente, y dijo:
--No, Benjamín. No puedo darte más. De modo que debes ser cuidadoso de no gastar esto tontamente.
El pequeñuelo corrió hacia la calle. Escuchó el sonido de los centavos en su bolsillo. ¡Cuán rico era!
Boston es ahora una ciudad muy grande, pero en ese tiempo solamente era un pequeño pueblo. No habían muchas tiendas.
En tanto Benjamín corría por la calle, él se preguntaba qué podría comprar. ¿Debía comprar dulces? Apenas sabía cuál era su sabor. ¿Debía comprar un juguete bonito? Si él hubiera sido el único hijo en la familia, las cosas podrían haber sido diferentes. Pero habían catorce entre hermanos y hermanas mayores que él, y dos hermanitas menores.
¡Qué grande familia que era! Y el papá era un hombre pobre. Ni qué preguntar por qué el chico nunca había tenido un juguete.
No había ido muy lejos cuando encontró a un chico mayor, quien iba soplando un pito.
--Cuanto deseo ese pito fuera mío--, dijo el chico.
El chico mayor le miró y sonó su pito otra vez. ¡Ah! ¡Qué bonito sonido hacía!
--Tengo algunos centavos--, agregó Benjamín. Los agarró en su mano y se los mostró al otro chico.
--Serán tuyos si me das el pito--, aseguró.
--¿Todos?--preguntó el otro.
--Sí. Todos.
--Bueno, es un trato--, dijo el muchacho, y le dio el pito a Nenjamín, cogiendo los centavos.
El pequeño Benjamín Frankllin estaba muy contento, porque él solamente tenía siete años de edad. Corrió a casa tan rápido como pudo, silbando el pito mientras corría.
--Mira, mamá--, dijo --he comprado un pito.
--¿Cuánto pagaste por él?
--Todos los centavos que me diste.
--¡Oh, Benjamín!
Uno de sus hermanos pidió ver el pito.
--¡A ver, a ver!--dijo éste. --Has pagado un alto precio por esta cosa. Es solamente un pito de un centavo, y deficiente por ese precio.
--Habrías podido comprar media docena de esos pitos con el dinero que te dí--, dijo su madre.
El pequeño niño vio el error que había hecho. El pito ya no le satisfacía. Lo tiró al suelo y empezó a llorar.
--No te preocupes, mi niño--, expresó su mamá bondadosamente. --Solamente eres un pequeño niño, y vas a aprender muchas cosas mientras crezcas. La lección que has aprendido hoy es nunca pagar mucho por un pito.
Benjamín Franklin vivió hasta alcanzar la vejéz, pero nunca olvidó esa lección.
Cada niño y niña deberían recordar el nombre de Benjamín Franklin. El fue un gran pensador y un gran hacedor, y junto a Washington contribuyó a hacer los Estados Unidos un país libre. Su vida fue tal que nadie pudía decir: --Ben Franklin me ha perjudicado.
Tomado y traducido de:
Fifty Famous People
A Book of Short Stories

By James Baldwin

lunes, 3 de diciembre de 2018

Creencias Extrañas: Los Zombis


Como se muestra en las películas modernas, los zombis son cadáveres revivificados que no tienen alma y poseen muy poca inteligencia. Apetecen la carne de los seres vivos, y tienden a reunirse en grupos para buscar víctimas. Debido a que la mayoría no pueden correr, o incluso caminar rápido, tienen que caminar arrastrando los pies lentamente en el suelo. Pero persiguen implacablemente a sus pretendidas víctimas, y pueden abrirse paso a través de las puertas para llegar a un escondite. Si uno de ellos es impactado por una bala, se detiene por un momento, pero pronto comienza a moverse hacia adelante otra vez. No pueden ser asesinados porque ya están muertos.

Los cineastas modernos obtuvieron sus ideas sobre los zombis de historias raras que se originaron en el país de Haití. Según estas historias, los hechiceros vudúes en Haití pueden revivir cadáveres y convertirlos en esclavos controlados mentalmente para trabajar como jornaleros en los campos. Algunas personas en las zonas rurales del país creen que estos zombis-esclavos todavía se están creando hoy usando magia negra. El pueblo de Haití usa el nombre "Bokor" para referirse a alguien que ha dominado la magia negra, pero los forasteros generalmente los llaman hechiceros, magos o brujos.

Varias teorías se han presentado para explicar las diversas creencias acerca de los zombis. De acuerdo con una teoría, las historias sobre zombis surgieron de observaciones de personas que tienen esquizofrenia u otros trastornos mentales que hacen que sean insensibles y fuera de contacto con su entorno. Otra posible explicación es que ciertos fármacos derivados de plantas pueden poner a las personas en un estado de trance en el que obedecen órdenes externas. Una tercera teoría es que un virus desconocido propaga una enfermedad rara que causa un comportamiento parecido a un zombi. Otra idea, utilizada en una película llamada “La Noche de los Muertos Vivientes”, es que una forma inusual de la radiación puede convertir los cadáveres en zombis.

La religión Vudú moderna en Haití se desarrolló a partir de las creencias de los negros que fueron capturados en África y transportados a la isla para trabajar como esclavos en las plantaciones de caña de azúcar. Después de que llegaron, los dueños de las plantaciones los obligaron a convertirse al cristianismo. Pero secretamente guardaron algunas de sus antiguas creencias, y también adoptaron algunas ideas religiosas de los pueblos aborígenes americanos. Como resultado, el vudú moderno es una mezcla que incluye elementos de todas esas religiones.

(Texto tomado y traducido por Baneste, de la obra Weird Beliefs, del autor Barry Wilson).



miércoles, 28 de noviembre de 2018

Lo Divertido de Adelgazar

El método más antiguo para perder peso que no requiere de dieta especial ni cambio en los tipos de comida.

La teoría de eliminar grasa es la teoría más simple del mundo. Está declarada en estas palabras: Parar de comer y beber. La práctica de reducción de grasa es la cosa más difícil del orbe. Sus dificultades están comprehendidas en dos palabras: No puedes. El cuerpo está dispuesto, pero el espíritu es débil. El éxito del esfuerzo radica en el triunfo de la voluntad sobre el apetito.
Casi cualquier doctor puede decirte cómo adelgazar. Por seguro, ningún doctor te dirá que hagas lo mismo que otro médico prescribe, pero todo se resume a la misma cosa: Reducir las comidas que contienen fécula y los productos azucarados. También: No beber alcohol. Las variaciones que un doctor habilidoso puede elucidar en este simple enunciado son infinitas.
Llanamente hablando, los métodos de reducción de grasa más conocidos están divididos en cuatro clases: mecánicos, físicos, medicinales y dietéticos. Los primeros dos no pueden ser considerados por personas muy ocupadas. No cabe duda que alguien que dedique el tiempo suficiente al ejercicio usando los medios disponibles  --desde los aparatos en un gimnasio hasta una camisa de hule-- perderá grasa; tampoco es de dudar la eficacia del ejercicio en la forma de baños para sudar y todo lo demás; pero cuando una persona carece del tiempo suficiente, dichos métodos son inservibles, no por demérito en ellos, sino porque alguien con sobrepeso no tiene el tiempo o la oportunidad y, sobretodo, pronto falla en la inclinación a utilizarlos.
En cuanto al método medicinal de eliminación de grasa se refiere (ya sea por medicamentos o procedimientos quirúrgicos), quienquiera que sea que lo adopte, hombre o mujer, se merece todo lo que él o ella obtendrá como resultado, y será bastante. No es necesario agregar nada más en este asunto.
Luego queda el método dietético, la vieja amiga conocida, la dieta. Empezando con William Banting, ha habido más sistemas de dietas inventados y promulgados que sistemas religiosos, y eso significa que uno en cada cien ha desarrollado un sistema.
Después de cada sesión de falsa lógica e hipótesis egoísta, invariablemente yo volvía a la misma proposición, que es la única proposición, y la cual es: ¿Qué es lo que hace la grasa? La comida y la bebida. ¿Cómo se puede reducir la grasa? Reduciendo las cantidades de comida y bebida. Eso es todo. La única manera de deshacerse de los efectos de comer y beber en exceso es parar de comer y beber en exceso.
Yo sabía que ninguna otra cosa más que la comida y la bebida producen grasa. Sabía que comida en exceso hace engordar a un animal, y pude ver que me había estado comiendo sin restricción del tipo de comidas que engordan. No ignoraba que el licor y la cerveza son hechos de granos, y que los granos son usados para engordar caballos, vacas y cerdos. Me negaba a adoptar una dieta como cualquiera de esas carentes de sabor con las que había experimentado, pero el remedio era tan sencillo como la causa.
En tanto que un exceso de comida y bebida producen un exceso de grasa, se deduce que la reducción en la cantidad de comida detendrá la formación de grasa y proporcionará al cuerpo con la oportunidad de quemar el exceso de la misma ya formada.
Mi método podría ser considerado no científico. Supongo que carece de fundamentación científica en qué apoyarse. Sin embargo, funcionó. Y sostengo que resultados es lo que buscamos. No me figuré una dieta. Tenía una docena de ellas en casa que me habían costado entre dos dólares y doscientos cincuenta dólares cada una. No compré un sistema de ejercicio. No leí libros ni consulté médicos. Lo que hice fue esto: ¡Reduje la cantidad de comida que consumía en un sesenta por ciento y dejé de ingerir bebidas alcohólicas por completo!
Esto fue lo que pasó: Ingerir alimentos equivale tanto como respirar o cualquier otra función física. Yo me había hecho al hábito de ingerir grandes cantidades de comida. También había acostumbrado mi sistema a ciertas cantidades de alcohol. Estaba organizado en esa base (grasienta y fláccidamente) por seguro, pero igual, organizado. Ahora, entonces, cuando arbitrariamente reduje las cantidades de comida y bebida para las que mi sistema estaba organizado, éste se alzó en activa revuelta y clamó por lo que había sido acostumbrado a obtener.
No hubo un solo minuto por más de tres meses en que no sintiera hambre, hambre de comida realmente; cuando la vista de comida no me excitaba y cuando no tenía una urgencia física ni apetito por comer; cuando mi estómago no parecía exigirla y mi paladar clamaba por más. Con la bebida fue diferente. Me sobrepuse a ese deseo más bien rápido, sí batallando, hay que decirlo; pero el ansia de comer estuvo allí por semanas y semanas, y fue una lucha, ¡una lucha amarga!
Hay ciertos aspectos económicos en una campaña de este tipo que deben mencionarse. Es caro. Ningún artículo de vestir, excepto mi sombrero, zapatos y calcetines, me sirve ahora. No mandé a reajustar mis ropas hasta que estuve seguro que me iba a quedar con mi plan. Desde entonces, los sastres han tenido un picnic a mi costo. Mis camisas eran demasiado grandes. En vez de usar una de cuello de diecisiete y tres cuartos, ahora uso una de dieciséis y tres cuartos. Mi cintura es siete pulgadas menos. Incluso tuve que mandar a reducir un anillo que uso de modo que no se me deslizara del dedo. Cuando estaba en la etapa transitiva me miraba como un espantapájaros. Mis ropas me colgaban como bolsas.
Y durante todo este tiempo he tenido de todo de lo que quería comer, pero no todo lo que quería hasta que me reajusté  al nuevo sistema. Al principio echaba de menos al alcohol, pero eso ya está superado. Era parte de mi antiguo juego y solía pensar que era una parte necesaria. Me he sanado de esa alucinación.
En cuanto al fin del ejercicio, no había ninguno. Ocurrió que me encontré con un individuo el pasado mes de marzo, cuando estaba en las primeras angustias de mi campaña, que había hecho algún estudio del cuerpo humano. Me simpatizó porque era modesto acerca de lo que sabía, y no fanático. Hablamos sobre el ejercicio. Me dijo que una cosa que se me pegó. Me dijo: "Camina un poco cada día. Si dispones de media hora, camina una milla. Si tienes una hora, ve caminando dos millas. Mira las cosas mientras caminas. No trates de ver cuántas millas puedes andar en la media hora o una hora, sino que tómate tu tiempo. No seas rígido en eso. Cuando alguien sale a dar una caminata y camina lo más rápido que puede, o hace cualquier cosa a la manera de ejercicio, lo más duro que puede, se está auto sujetando a tanta tensión como puede auto sujetarse en cualquier otro modo. Sé calmo acerca de tu caminata, o cualquier otra cosa que hagas."
Tomado y traducido de:
THE FUN OF GETTING THIN
How To Be Happy and Reduce the Waist Line
by
SAMUEL G. BLYTHE
Chicago
Forbes & Company
1912
Dato relacionado a esta nota

William Banting (1796-1878). Reconocido por ser el primero en popularizar en Inglaterra una dieta para adelgazar basada en la reducción de los carbohidratos. El obtuvo los cambios en su dieta por recomendación de su médico, William Harvey, quien había obtenido este tipo de dieta, pero en el contexto del tratamiento de la diabetes, al asistir a conferencias de Claude Bernard, en París.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Rescatando Pájaros

Un día, en la primavera, cuatro hombres iban a caballo por un camino rural. Esos hombres eran abogados y se dirigían al pueblo próximo para asistir a una corte. Había llovido y el suelo estaba muy blando. El agua escurría de los árboles y la grama estaba mojada.
Los cuatro abogados montaban sus caballos uno tras otro, porque el camino era estrecho, y el lodo a ambos lados era hondo. Avanzaban lentamente, y conversaban y reían, e iban muy alegres.
Mientras pasaban por un bosquecillo de árboles no muy grandes, escucharon un revoloteo sobre sus cabezas y un débil gorjeo en la grama al lado del sendero.
--¡Estiz! ¡estiz! ¡estiz!--se oía que venía de las frondosas ramas sobre ellos.
--¡Chip! ¡chip! ¡chip!--se escuchaba que venía de la grama.
--¿Qué pasa aquí?--preguntó el primer abogado, cuyo nombre era Speed.
--¡Ah! ¡Solamente son unos petirrojos!--dijo el segundo abogado, que se llamaba Hardin.--La tormenta ha aventado del nido a dos de los polluelos. Son muy tiernos para volar y la madre pájara está haciendo un gran ruido por eso.
--¡Qué pena! Morirán allí en la grama--dijo el tercer abogado, cuyo nombre olvidé.
--¡Ah, bueno! No son nada sino pájaros,--dijo el Sr. Hardin. ¿Por qué habríamos de molestarnos?
--Es cierto, ¿por qué?--expresó el Sr. Speed.
Los tres hombres, en tanto pasaban, vieron hacia abajo y observaron los pequeños pájaros aleteando en la fría y mojada grama. Ellos vieron a la madre petirrojo volando en contorno, llamando a su compañero. Enseguida continuaron su ruta, conversando y riendo como antes. En pocos minutos habían olvidado a los pájaros.
Pero el cuarto abogado, cuyo nombre era Abraham Lincoln, se detuvo. Desmontó de su caballo y muy cuidadosamente cogió los pajarillos en sus grandes y tibias manos. Los polluelos no parecían asustados, pero gorjeaban suavemente, como si supieran que estaban seguros.
--No hay cuidado, mis pequeños amigos,--decía el Sr. Lincoln.--Los pondré en su propia cama calientita.
Luego vio hacia arriba para encontrar el nido del cual habían caído. Estaba alto, mucho más alto de lo que él podía alcanzar. Pero el Sr. Lincoln podía subir. Él había trepado muchos árboles cuando era pequeño. Puso los pajarillos cuidadosamente, uno por uno, en su acogedor nido. los otros polluelos estaban allí, los que no habían caído. Todos se juntaron uniendo su cuerpecillos y estaban muy felices.
Pronto los tres abogados que se habían adelantado se detuvieron en una fuente de agua para dar de beber a sus caballos.
--¿Dónde está Lincoln?--preguntó uno.
Todos estaban sorprendidos que él no estaba con ellos.
--¿Se acuerdan de aquellos pajaritos?--dijo el Sr. Speed.--Muy probablemente él se ha detenido para ayudarles.
En unos pocos minutos, el Sr. Lincoln se les unió. Sus zapatos estaban cubiertos de lodo; había roto su traje en el árbol espinoso.
--¡Hola, Abraham!--expresó el Sr. Hardin.--¿Dónde has estado?
--Me paré un minuto para dar esos pájaros a su madre,--contestó él.
--Bien, siempre pensamos que tú eras un héroe,--dijo el Sr. Speed.--Ahora lo sabemos.
Los tres rieron efusivamente. Pensaban que era tan insensato que un hombre fuerte debiera tomarse tanto problema por unos pajarillos insignificantes.
--Caballeros,--dijo el Sr. Lincoln,--no podría haber dormido esta noche si hubiera dejado esos pequeños petirrojos perecer en la grama mojada.
Después de eso, Abraham Lincoln se volvió muy famoso como abogado y estadista. Él fue elegido presidente de los Estados Unidos. Después de Washington, él es el más grande estadounidense.
Abraham Lincoln.

Tomado y traducido de:
Fifty Famous People
A Book Of Short Stories

By James Baldwin